Empresas tradicionales y centros de investigación aprovechan el nuevo mercado sanitario

Mascarillas, hisopos, arcos de seguridad... La región empieza a fabricar numerosos productos relacionados con la crisis del Covid

La crisis sanitaria ha puesto al descubierto una debilidad, la dependencia que tiene España (como muchos otros países) en materia de equipos de protección. Al llegar el coronavirus supimos lo agobiante que resulta no tener asegurado el suministro de mascarillas, batas o respiradores. También fuimos conscientes del ingente volumen de gasto que puede llegar a suponer. Eso justifica que un puñado de empresas cántabras hayan decidido entrar en este negocio. Y es que los consumos durante la crisis han sido extraordinariamente elevados. En las semanas críticas, solo el Hospital Valdecilla necesitaba cada día unas 7.000 mascarillas quirúrgicas, 60.000 guantes y casi 3.000 batas desechables.


Hasta el 5 de junio, el Gobierno de la nación  había repartido entre las comunidades autónomas 4.693 respiradores; 2.694 ventiladores no invasivos; 5,3 millones de test rápidos; 1,3 millones de kits PCR; 952.000 kits de extracción; 130,4 millones de mascarillas; 38,8 de guantes de nitrilo, y varias decenas de millones más de buzos, batas desechables, gafas de protección, soluciones hidroalcohólicas, hisopos, calzas y delantales.

Si se suma el material adquirido por las autonomías para sus centros sanitarios o para repartir entre la población (como las 1,3 millones de revilletas del Gobierno de Cantabria), las donaciones y las mascarillas adquiridas por particulares, la cuantía final es tan ingente como difícil de calcular.

Lo único seguro es que solo una parte mínima se ha fabricado en la región y apenas se ha podido aprovechar ese gasto extraordinario en material sanitario (a mediados de mayo, el Gobierno cántabro ya había gastado 22 millones de euros en este concepto).

Los primeros intentos fallidos de negocio

No es habitual que surja un nuevo mercado de la noche a la mañana y mucho menos que sea tan voluminoso como este, así que era inevitable que apareciesen empresarios interesados. En un principio, para ayudar. Cuando ya la escasez de equipos de protección (EPIs) dejó de ser tan dramática, para participar en él. Pero las circunstancias han sido muy cambiantes, y hubo quien adquirió miles de mascarillas en China y cuando por fin las recibió el precio de venta al público había bajado tanto que ya era inferior a lo que le habían costado en origen.

Fabricación de hisopos para las pruebas del Covid en el Idival.

Los primeros en ver la oportunidad fueron los exaccionistas minoritarios de Sniace, que trataron de conseguir que el Gobierno de Cantabria presionara para revertir el proceso de liquidación de la empresa, algo que ya no era posible porque la soberanía ha pasado ya a los liquidadores, que representan, judicialmente, a los acreedores.

Intentaban retrasar el reloj de los acontecimientos apenas unas semanas, lo que hubiese podido representar la salvación de la fábrica de Torrelavega, porque la demanda mundial de celulosa se ha disparado con el coronavirus. Pero los acontecimientos ya eran legalmente inamovibles, y Sniace tendrá que esperar otra oportunidad para resucitar, aunque quizá no la encuentre tan buena como esta.

En las semanas críticas, prácticamente todos los organismos públicos con impresoras 3D y algunos particulares trataron de colaborar con la fabricación de pantallas de protección, pero la capacidad de producción de una impresora es muy limitada. El intento más serio ha sido el del Instituto de Investigación de Valdecilla (Idival), que ha fabricado hisopos para las pruebas del Covid, a un ritmo casi industrial.

La primera iniciativa real de fabricación en serie en la región fue la de Cantabria Labs, que lanzó una línea de hidrogeles de desinfección; poco después, Textil Santanderina se sumó a la causa desinteresadamente facilitando unos kits con sus telas para que particulares de toda la comunidad las pudiesen coser en sus casas.

Amica, que confecciona toda la uniformidad del personal de los hospitales cántabros, empezó a producir en sus talleres sus propias mascarillas, utilizando las telas de la fábrica de Cabezón de la Sal más tupidas y con más capacidad de filtrar la emisión de partículas. Amica ofrece en su web Amica.es estos paquetes de mascarillas reutilizables elaboradas en una fibra natural llamada tencel, además de batas higiénicas.

También ha empezado a fabricar mascarillas el grupo Efasy, de Maliaño, que ha adquirido maquinaria para producir unas 70.000 diarias de tipo quirúrgico (de un solo uso o reutilizables) y ya ha servido sus primeros pedidos.

Almacenamiento para el futuro

El mercado de EPIs, que hasta finales de mayo ha estado circunscrito al ámbito sanitario o al de las residencias de ancianos, empieza a desplazarse al consumo privado, tras exigir el Gobierno el uso de mascarillas para muchas actividades de la vida normal. Eso ha abierto otro mercado importante pero mucho más sosegado que el anterior.

Mascarillas termoformadas de PET diseñadas y fabricadas por Formaspack en Reocín.

Las auténticas subastas en las que unas comunidades autónomas se quitaban a otras los suministros pagando más al fabricante (casi siempre chino), se han acabado. Ahora el comprador es un particular que las adquiere para su propio uso y puede encontrar las mascarillas en todo tipo de tiendas, a menos de un euro la unidad. Esta normalización en el abastecimiento y en los precios ha hecho surgir otra oportunidad comercial, la de la diferenciación, y así han surgido las mascarillas textiles de diseño, que se venden en las tiendas de modas.

Las administraciones públicas probablemente tardarán en volver a comprar, porque después de los duros momentos vividos por los sanitarios han hecho acopio de material, con la intención de no sufrir más escaseces si el virus rebrota. Solo el Gobierno de Cantabria tiene almacenados en los hospitales y centros de salud EPIs por valor de 7,7 millones de euros. En concreto, su stock es de 970.360 mascarillas quirúrgicas; 70.048

Una idea tan sencilla como los ponchos de plástico desechables ha tenido una magnífica acogida en las peluquerías.

mascarillas tipo FFP2 para quienes están en contacto directo con enfermos de coronavirus; 2.576 de tipo FFP3, con filtrado de aire; 1.200 gafas protectoras (son reutilizables); 6,2 millones de guantes de nitrilo; 83.928 batas reforzadas/impermeables; otras 352.00 batas desechables y 32.400 unidades de solución hidroalcohólica (cada semana se están consumiendo más de 4.000 botes).

El sector privado no ha tomado tantas precauciones pero sí está moviendo el mercado. Días antes de autorizarse su reapertura, las tiendas se lanzaron a buscar todo tipo de sistemas de desinfección hasta el punto que el abastecimiento de ozonizadores ha estado interrumpido prácticamente un mes, porque las fábricas nacionales se habían quedado sin stock o a falta de componentes para seguir produciendo, y las importaciones, que suelen proceder de China, tampoco acababan de llegar. Por eso, y a la vista de que Sanidad no avala ningún procedimiento concreto, la mayoría de las tiendas se han ido decantando por otros procedimientos, como los higienizadores líquidos.

Una oportunidad para la diversificación

El Hospital Virtual también ha fabricado 2.500 pantallas de protección facial.

Empresas tradicionales, como la santanderina Plásticos Gamaza han comenzado a lanzar una gama específica para la protección personal en peluquerías y tiendas. Una empresa local recién creada, Sanitary Step, vende desde desinfectantes hasta arcos electrónicos de acceso a lugares públicos que toman la temperatura de quien llega e incluso pueden identificarle.

La fábrica de Reocín Formaspack, que se dedica a la elaboración de envases alimentarios en PET, ha hecho unas máscaras termoformadas de protección en este material, que apenas pesan y se ajustan al contorno del rostro. Su intención no es comercial, y las ha donado a hospitales y colectivos.

En Amica se confeccionan y lavan todos los uniformes de los centros del Servicio Cántabro de Salud.

En cualquier caso, se trata de iniciativas que apenas aprovechan una mínima parte del mercado surgido, por lo que es el propio Gobierno de Cantabria el que está tratando de impulsar que una parte significativa de ese gasto sanitario se quede en la región. La primera oportunidad (las grandes compras de marzo, abril y mayo, cuando se han hecho los mayores dispendios) se ha pasado, pero el aprovisionamiento ordinario de hospitales y centros de salud de la región genera una permanente demanda de consumibles, muchos de los cuales están al alcance de las compañías locales. Ese es el nuevo objetivo del Gobierno.

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