Que pague China

El mundo decrecerá este año como consecuencia de la Covid. Hasta ahí, lo que todos sabemos o imaginamos. Pero China creció un 4,9% en el último trimestre y va a cerrar el año en positivo, a pesar de la Covid. Con estos dos datos contradictorios en la mano, alguien que no conociese la evolución de los acontecimientos nunca podría sacar la conclusión de que el virus surgió en el país asiático, que no solo parece haber superado sus efectos económicos sino que la epidemia le ha servido para dar otro zarpazo más a Occidente en esa guerra sorda de poder que no se mide por misiles sino por dependencia económica. Ya no solo no hay que salir a calle a hacer cuestaciones por los pobres chinitos sino que estamos a punto de ser los receptores de sus conmiseraciones, si las tienen.

A los pocos meses de la crisis sanitaria, Trump dijo que China debería pagar al resto del mundo por el daño causado. Como todas las ocurrencias de Trump, a las 24 horas nadie se acordaba de esta idea, ni él mismo, que no la volvió a mencionar nunca más. Solo la ha recuperado Abascal, el líder de Vox, durante su frustrada moción de censura. Y el mundo debiera haberle prestado más atención al dirigente americano, que por lo demás, solo ha dicho tonterías. No se trata de multar al culpable de la enfermedad, porque se supone que no fue voluntario, y la propia China resultó muy afectada en un principio. Se trata de que contribuya a restablecer la economía de sus clientes, porque si no recuperan su capacidad de consumo a corto plazo, al final, le repercutirá a las fábricas chinas, que como hemos descubierto ahora con dolor, nos venden todo lo que tenemos a mano en el día a día, desde los teléfonos más avanzados hasta las simples mascarillas.

El mundo decrecerá este año un 4%. Tras la fortísima recuperación de los últimos meses, China cerrará el ejercicio en positivo. No comprometer económicamente a China en la salida de la pandemia que causó será un gran error

EE UU lanzó un Plan Marshall al acabar la II Guerra Mundial para restablecer las economías destruidas de los países europeos que habían participado en el conflicto. El Plan sirvió para cerrar unas profundas heridas que de otra forma hubiesen durado décadas, como ocurrió tras la I Guerra Mundial, pero además acabó por resultar un buen negocio para los americanos, porque las ventas al continente europeo impulsaron sus fábricas.

China ha estado haciendo algo parecido con países africanos y sudamericanos, donde ha tomado importantes posiciones, con inversiones estratégicas que le han llevado a controlar grandes explotaciones agrarias y las reservas de numerosas materias primas, un movimiento de ajedrez al que Occidente no ha prestado suficiente atención. Tampoco Estados Unidos, que ha hecho gala de una enorme miopía, confiando en la ventaja que le sigue dando su fortaleza militar, sin tener en cuenta que en el siglo XXI no valen los patrones del XX, y que muchos materiales críticos van a agotarse o a escasear de una forma angustiosa.

China ha jugado esa baza de futuro, asegurándose esas materias primas, con inversiones que han sido muy bien recibidas en los países destinatarios porque han empujado su desarrollo, aunque no hayan valorado si esos ingresos van a suponer una dependencia a largo plazo.

Si Occidente no logra comprometer económicamente a China en la salida de la pandemia será un error grave que va a pagar en el futuro. El aliento del gigante asiático se deja notar ya en el cogote de los países más desarrollados, que no pueden ni acercarse a sus tasas de crecimiento imparable. Hace dos décadas parecía inconcebible que un ciudadano chino pudiese tener un nivel de vida equiparable a un europeo o un americano. Con ritmos de crecimiento cercanos a los dígitos, se ha acercado a una velocidad insólita y la Covid va a darle un empujón más, porque su progresión en este caso coincide con un paso atrás de sus competidores.

Mientras nos miramos el ombligo discutiendo sobre quién es más culpable de nuestros males, alguien ahí fuera saca mucho partido. Nos daremos cuenta demasiado tarde y tampoco de ese error de cálculo nos sentiremos responsables.

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