Covid 19. El valor de la buena comunicación

Comunicación y estrategia empresarial. Por Antonio Cornadó Quibus

Antonio Cornadó Quibus
Delegado en Cantabria de la Asociación de Directivos de Comunicación (DIRCOM)
Socio director de Cornadó & Asociados.

No está siendo una temporada fácil. Si tuviera que explicar las sensaciones dominantes durante esta reclusión forzada subrayaría dos: el aumento de la sensibilidad y la sensación de dependencia. Una cierta orfandad; una especie de vacío que necesitamos llenar. Quizás por eso en este momento los medios de comunicación están siendo un excelente remedio para generar certidumbre, mantener la confianza y buscar la esperanza en estos tiempos convulsos.

Quizás esta crisis, dentro de lo trágico, también nos traiga algunas buenas noticias, como el redescubrimiento de la credibilidad de los medios tradicionales. En los últimos tiempos esto no ha sido así por dos razones. La primera por la concentración del poder editorial, lo que restringe la pluralidad. La segunda por la atomización de títulos y cabeceras fruto de factores como la tecnología y la digitalización, que permiten con costes mucho menores un impacto mucho mayor. La consecuencia es la debilidad económica y editorial del sector y, en consecuencia, la capacidad de ser influenciados por intereses ajenos a la propia profesión.

Un tercer factor que ha influido en la pérdida de prestigio de los medios tiene que ver con las fuentes de información: más debilidad económica significa menor capacidad editorial, más prisa y, en consecuencia, menor contraste de las noticias…. Y esta situación es terreno abonado para que fuentes interesadas multipliquen exponencialmente la difusión de bulos y mentiras que son aceptados como noticias verdaderas y difundidas como tales. Las redes sociales son el vehículo perfecto para la difusión de falsedades que pueden ser tomadas como verdaderas. Estas pasadas semanas hemos asistido a una explosión de este tipo de noticias sobre el coronavirus.

La desinformación en redes sociales

Como muy bien ha señalado mi colega Luis Serrano en un reciente y celebrado artículo, singularmente la aplicación whatsapp se ha revelado como el medio primigenio de desinformación, puesto que es el más difundido y usado en nuestro circulo amistad o de familia; un lugar donde somos “creíbles” como fuente informativa. De ahí pasa a otras redes más “maduras” (Facebook o Twitter, normalmente) y finalmente es recogido por algún medio digital que lo multiplica y viraliza al publicarlo. El circulo se cierra cuando otros usuarios de redes sociales envían el enlace de la noticia falsa a su red de contactos en una espiral de mentiras inmediatas, globales y sin intermediarios.

Cuando un lector siente que su medio le ha engañado, o peor aún, que el medio ha sido engañado, se rompe ese vínculo invisible de confianza que se genera entre medio y público, entre periodista y lector. Y ese vínculo tiene muy difícil recomposición

La vuelta a la confianza

La crisis del coronavirus está dando la vuelta a la situación y, quizás de una forma accidental y no buscada, está ocurriendo que la profesión periodística y los medios de comunicación vuelven a ocupar el lugar de prestigio y reconocimiento social que nunca debieron perder. Desde mi punto de vista hay cinco buenas razones para ello:

  • La intoxicación de las redes con noticias imposibles de contrastar
  • La búsqueda de referentes confiables
  • La importancia de la comprobación y validación de las fuentes
  • El redescubrimiento de la importancia de la información local como el vínculo real y posible a lo más cercano
  • La necesidad de dar contexto a las noticias. Explicaciones complementarias que ayuden a entender qué está pasando

El buen periodismo no se basa en la prisa sino en la calidad. Generar contenidos de calidad significa generar información de valor, cualitativa y cuantitativa, para el lector. Y ese incremento de valor lleva aparejada la mejora de la credibilidad, la confianza y el prestigio. En mi opinión, lo que se le reclama de forma tácita a los medios en estos tiempos se puede resumir en cuatro prioridades:

  • Crear contenidos que aporten en informaciones útiles y adecuadas a cada situación. La información complementaria, la documentación y la opinión experta es un aval cualificado para los medios.
  • Priorizar los canales adecuados para recibir la información. El trabajo de todos es elegir aquellos canales que son fiables y útiles en función del momento, el público y el tipo de contenido.
  • Diversificar los contenidos y los puntos de vista para que todas aporten un valor al lector, sean útiles y ayuden a formarse su propio juico. La idea de servicio público debe ser un potente motor en la gestión de los contenidos de los medios.
  • Evitar los oportunismos sin frivolizar ni aprovechar el momento para introducir de manera forzada y artificial informaciones banales.
  • En medio de tanta interconexión e inmediatez la paradoja es el reencuentro con unos medios que son capaces de trasmitir información contrastada, fiel, contextualiza y creíble: veraz, en definitiva.

La vuelta a los medios significa también el reconocimiento de la profesión y de sus profesionales que desempeñan de forma heroica su labor, no lo olvidemos, y que son una garantía de nuestra independencia y una fuente de libertad.

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