Una agrupación alimentaria que entra en los súper europeos

Santander Fine Food

El sector agroalimentario cántabro es la prueba definitiva de que el tamaño no importa. La mayoría de las empresas que lo componen son pequeñas y de carácter artesano, pero no tienen ningún complejo al traspasar las fronteras regionales y nacionales para abordar nuevos mercados. Ya en 2018 el sector, que representaba entonces el 22,4% del PIB industrial de la comunidad, era el tercero más exportador.

De las 146 compañías alimentarias cántabras que venden parte de su producción fuera de España, 63 ya lo hacían de forma regular. Una tendencia alcista que solo podría verse interrumpida por la crisis sanitaria del coronavirus. “La mayoría de eventos en los que solemos participar se han cancelado o pospuesto, y es complicado realizar viajes de prospección a muchos países”, explica la presidenta de Santander Fine Food, Concha Blanco.

La gerente de Santander Fine Food, Concha Blanco.

El consorcio de exportación se constituyó en julio de 2015 con el objetivo de promocionar y comercializar los productos de Cantabria. Santander Fine Food era una iniciativa impulsada desde Sodercan y formada por Campoberry, Quesos Javier Campo, Conservas El Capricho, Horno San José y Delicatessen La Ermita.

Desde entonces ha volcado sus esfuerzos en las ferias agroalimentarias, los viajes de prospección, las misiones comerciales o los eventos de promoción de los productos. También en gestionar su página web y redes sociales. La agrupación toma un papel muy activo en las ventas, ya que lleva a cabo las negociaciones con clientes y se encarga de legalizar y adaptar el etiquetado de los productos en función del país al que se destinen. Además, gestiona la facturación, los documentos de exportación, la logística y transporte, y las ventas y cobros en sitios de comercio electrónico.

Nuevas estrategias

La hostelería internacional, al igual que la nacional, se ha visto duramente perjudicada por la pandemia. Por ello, a Santander Fine Food no le ha quedado otro remedio que buscar mercados alternativos, como las tiendas especializadas.

Para cerrar ventas de productos locales y de proximidad, el consorcio también está apostando por entregar cestas de degustación a clientes especializados en sus propios domicilios. “El resultado está siendo bastante positivo”, destaca Blanco.

Los efectos de la Covid-19 no han impedido a los miembros de la agrupación aumentar su volumen de ventas y debutar en varios mercados. Por ejemplo, los productos de Delicatessen La Ermita se han colado en una de las mejores cadenas de supermercados de Filipinas y Conservas El Capricho ha entrado en las mayores cadenas de productos frescos y gourmet de Alemania.

En estos momentos, Santander Fine Food participa junto con el ICEX, una entidad pública dedicada a la internacionalización de las empresas, en un plan de promoción de alimentos gourmet enfocado en el mercado alemán y estará presente en otra iniciativa del ICEX, un servicio de consultoría empresarial con el que Concha Blanco espera fomentar la incorporación de los asociados en los principales puntos de venta electrónica.

Santander Fine Food también formará parte de la campaña ‘Eat Spain Drink Spain’ que tendrá lugar en noviembre en varias ciudades británicas.

Además de competitivo y globalizado, el sector agroalimentario es, para Blanco, muy cambiante en cuanto a hábitos de consumo y medios de compra, más incluso tras la llegada de la Covid-19, pero cree que el futuro para las compañías del consorcio es prometedor, ya que elaboran productos de “alta calidad”.


Más agilidad en Europa

La situación de excepcionalidad que comenzó a mediados de marzo a consecuencia de la Covid-19 provocó grandes alteraciones en las carreteras europeas que dificultaron el transporte de muchas mercancías y las entregas. De hecho, en algunas fronteras se llegaron a producir colas de hasta 30 kilómetros de longitud y retenciones que duraron 24 horas.

Por ello, la Unión Europea adoptó una medida para evitar el colapso de tráfico y problemas de abastecimiento tanto para los centros de producción como para los de distribución de alimentos que afectan a las empresas del consorcio. La nueva norma fija que los controles e inspecciones sanitarias a las que se someten los transportistas no pueden superar los 15 minutos de duración.


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