Life crea en Santander el ‘skate park’ cubierto más grande del país

En los próximos meses comenzarán una línea propia de material para este deporte que conoce un resurgimiento

El primer monopatín hecho en España fue un Sancheski, en 1966. Estaba hecho de madera de haya y llevaba ruedas de caucho sintético o de aluminio. Una década después, Sancheski sacó al mercado su ejemplar más vendido –el Top Naranja–, construido con plástico de inyección y con ejes de chapa y aluminio. Los más nostálgicos lo recordarán con cariño pero el skateboarding ha evolucionado mucho desde entonces. Tanto que ha pasado a convertirse en olímpico. El santanderino César Sánchez ha vivido todos estos cambios en primera persona y ahora puede presumir de ser el gerente del centro de skate cubierto más grande de España. Su Life Skate Farm está formando parte de la historia de este deporte y pronto será también una marca de material deportivo.


En la España que se abría a la Transición, algunos jóvenes comenzaron a usar una pequeña tabla con ruedas para deslizarse por las aceras. Bastantes de ellos lo utilizaban para bajar las cuestas tumbados o sentados pero, tras hojear revistas extranjeras se dieron cuenta de que se podía patinar de pie. El deporte que hacía las delicias de los adolescentes californianos había desembarcado discretamente en rincones del País Vasco, Madrid y Barcelona.

Poco después, el monopatín, que en España empezó a popularizarse como Sancheski –la marca vasca que inundó el mercado con el apellido de los propietarios unido a la palabra ski– comenzó a vivir momentos de gloria entre los jóvenes españoles.

El skateboarding había llegado para quedarse pero los skaters de la época no podían imaginar que unas décadas después los parques para estos patinadores serían un escenario común en las ciudades o que se convertiría en deporte olímpico.

El bowl o piscina que está en un nivel superior de las instalaciones. El bowl es el lugar donde nació unas de las modalidades más fuertes del deporte de skateboard.

El santanderino César Sánchez es uno de esos skaters que vive con asombro y satisfacción la evolución de su principal afición. Y es que, desde que empezara a patinar con ocho años ha vivido en primera persona varias etapas de este deporte al que se dedica profesionalmente desde hace más de una década.

Sánchez, que estudió Dirección de Empresas Turísticas en Londres, trabajó durante varios años en la capital inglesa pero, al volver a Santander decidió que quería emprender su propio negocio. Y el skate fue la respuesta. La afición juvenil se ha convertido en su modo de vida y en su profesión.

Skate park cubierto

En 2010, decidió alquilar una nave en el polígono de Nueva Montaña y abrir un skate park. Fue la primera pista bajo techo de España y la primera escuela cubierta de este deporte.

Este proyecto sirvió de referencia para muchos otros en distintas ciudades, sobre todo en Madrid, Barcelona y País Vasco y su marca Life Skate empezó a ser conocida. “Aunque sirvió de ejemplo para muchos otros, con el tiempo me había quedado a la cola y decidí que era el momento de hacer un proyecto de mayor envergadura”, relata.

Andrea Benítez, el máximo referente de la selección femenina española, en las instalaciones de Life.

Mientras daba vueltas a la idea de ampliar el proyecto, recibió la propuesta de crear una tienda online y tratar de convertirla en un referente a nivel internacional. Con Carlos Rodríguez y Julio Vildosola como socios, empezó una nueva etapa el pasado mes de junio. Acto seguido, buscaron un nuevo espacio para el nuevo skate park, teniendo en cuenta la situación provocada por la Covid-19 y eligieron una nave muy amplia y ventilada.

Después de desmontar las instalaciones anteriores, diseñaron y construyeron los elementos del nuevo parque. Todo está construido en laminado de abedul, “la mejor madera que se puede utilizar para pistas de skate”, según Sánchez. Aunque hay indoors de hormigón y requieren menos mantenimiento, limitan más los cambios que se pueden hacer en su configuración.

En septiembre, Life Skate Farm abrió sus puertas al público, con cerca de 2.000 metros cuadrados de skate park, repartidos en varias zonas. Una de iniciación, con pequeñas dunas, planos y quarters; otra zona de street, que mezcla obstáculos tradicionales con otros que imitan el bordillo del museo Macba (Barcelona), los del EMB de Basauri (Vizcaya) o los banks de Brooklyn (Nueva York), lugares de referencia para todos los aficionados.

En una segunda altura, hay una minirampa en forma de U y un bowl o piscina, además de varios módulos para distintos tipos de patinaje.

Repercusión de Life

Sánchez y sus socios llevan toda la vida patinando y son conocidos en el mundo del skate, al igual que el resto de los trabajadores del parque. Contaban con que eso les permitiría conservar el centenar de alumnos que tenían en las instalaciones anteriores y podía atraer a alguno más. Con esos cálculos, esperaban contar con un máximo de 180 alumnos pero al comenzar octubre Life ya superaba los 320. “Nos ha desbordado la respuesta de la gente”, admite Sánchez.

A pesar de que, debido a las medidas exigidas por la crisis sanitaria, ahora apenas están facturando, son muy optimistas. Su proyecto ya ha despertado interés en el sector. El madrileño Danny León –que irá a las Olimpiadas representando a España– y otros skaters conocidos, como el cántabro Pablo Carranza, ya han patinado en las instalaciones de Life Skate Farm y han dado el visto bueno al diseño y la construcción.

La apertura corrió como la pólvora en el mundillo y la propia Federación Nacional de Skate se puso en contacto antes de que ellos tomasen la iniciativa. Quizá por tratarse de las instalaciones cubiertas más amplias y más completas del país, ha sido elegido como centro de alto rendimiento para la selección española femenina que se prepara para las Olimpiadas.

Las instalaciones cántabras también han sido el escenario del Campeonato Nacional de Skate 2021, en categoría masculina y femenina, que finalmente se pudo celebrar el primer fin de semana de marzo. En esta cita se proclamaron los nuevos campeones de España 2021 en la modalidad de Street, Rafa Bocanegra y Andrea Benítez, en una prueba que también es puntuable para los Juegos Olímpicos de Tokio.

Clases y sesiones libres

La mayoría de los alumnos de esta particular escuela tienen entre cinco y 16 años y se dividen por grupos de entre cinco y ocho alumnos por monitor según su nivel.

Cada sesión dura una hora y media y lo más habitual es que los alumnos acudan a las instalaciones de Life una vez a la semana.

Una de las sorpresas más gratas ha sido la notable presencia de niñas. Y es que, a pesar de que Patti McGee se convirtió en la primera skater profesional en 1964, ha sido hasta ahora un deporte claramente masculino.

Tras el confinamiento, muchas tiendas de skate se han quedado sin material. No es el caso de la que tiene Life, una de las más grandes de Europa.

Además de las clases, existe la opción de hacerse socio del skate park (por 40 euros mensuales) y acudir a patinar cuantas veces se quiera o pagar una entrada suelta (cinco euros entre semana y ocho los fines de semana) por sesiones de entre tres y cuatro horas.

Sánchez destaca los beneficios de iniciar a los niños en el skate. “Es un deporte que da cabida a niños que muchas veces no encajan en deportes más clásicos, que requieren entrenamientos y competiciones. Es algo individual, en el que cada uno progresa a su ritmo y en el que, se tenga el nivel que se tenga, es divertido”.

Sostiene que practicando este deporte “se aprende a ser constante y a esforzarse para conseguir ciertas metas”, algo que es extrapolable a otros ámbitos de la vida. Y aunque no hay que olvidar que es un deporte duro, en el que hay muchas caídas, el skater y empresario cántabro explica que “incluso a caer se aprende”.

Una tienda muy especializada

La tienda que incluye el complejo puede enorgullecerse de haberse convertido, en pocos meses, en una de las más grandes de Europa. Está especializada en los llamados hardgoods del skate: tablas, lijas, ejes, ruedas, rodamientos; es decir, todo lo necesario para montar un skate a medida.

Las más de 400 tablas que tiene a la venta la tienda santanderina no solo varían en su diseño, también en su longitud y en su anchura. Los ejes y las ruedas también son de diferentes medidas y materiales, ya que no es lo mismo patinar en madera que en hormigón, por ejemplo.

Su amplia oferta ha atraído a una clientela muy conocedora, entre la que no faltan quienes han recuperado este deporte de sus años juveniles como una vía de evasión. Y es que, al igual que ha pasado con el ciclismo, desde que acabó la cuarentena de primavera, la industria del skate no da abasto. “Al ser un deporte individual y al aire libre, ha crecido mucho” justifica Sánchez.

De la mano del surf

A finales de los 80, cuando empezó a patinar, “había un boom del skate”. Era una de las mejores épocas que ha conocido este deporte, pero también era la época en la que la policía multaba a los skaters y les requisaba las tablas por patinar en la calle.

Los años 90, en cambio, los califica como “oscura para el patín” por la gran cantidad de gente que dejó de patinar, pero hicieron evolucionar este deporte: “En los 80 se patinaba mucho en rampa y los skates eran más grandes. En los 90 todo se tecnificó bastante”.

Desde los 2000, el skate ha vuelto a crecer paulatinamente. “Se fueron metiendo grandes marcas de calzado (Nike, Adidas, Puma y New Balance, especialmente) que han tirado de esta industria”. Nada parecido, en cualquier caso, a lo que ocurre en la actualidad. “Estamos viviendo una época asombrosa a nivel mundial”, exclama.

En Cantabria, el skate ha crecido de la mano del surf –otro de los nuevos deportes olímpicos–. “En mi época eran deportes muy separados, o surfeabas o patinabas, pero ahora van de la mano. Mucha gente se inicia en el surf y, acto seguido, en el skate”, explica Sánchez.

Recuerda como, en 2010, cuando comenzó a dedicarse empresarialmente a su afición, en Cantabria solo había un skate park en Torrelavega y una minirampa en la zona de las universidades de Santander.

En la última década los skate parks han proliferado por casi todos los municipios. Los hay en Santander, Somo, Loredo, Ajo, Torrelavega, Polanco, Suances, Cabezón de la Sal, Laredo, Castro Urdiales, Reinosa…

Eso no impide que muchos lo sigan viendo como un hobby de jóvenes. Lo sea o no, las cifras dan fe de su extensión: se calcula que, solo en Estados Unidos, hay unos diez millones de skaters asiduos y a nivel mundial, más de 100 millones. Es también un gran negocio ya que solo en EE UU la venta de tablas, accesorios y ropa mueve más de 5.000 millones de dólares al año.

Las instalaciones de Life Skate Farm cuentan con unos 2.000 metros cuadrados, divididos en una zona de iniciación, una zona de street que mezcla obstáculos tradicionales con otros que imitan obstáculos famosos y, en un nivel superior, un bowl y una minirampa en forma de U.

Actualmente, hay skaters que ganan millones al año, algo que otrora parecía imposible. “Ahora son considerados deportistas de élite, como los profesionales de baloncesto, fútbol o cualquier otro deporte”, anota Sánchez.

En las próximas Olimpiadas, el skate será uno de los deportes de nueva incorporación. Participarán 80 skaters –40 masculinos y 40 femeninos–, repartidos en la modalidad de street skateboarding (skate de calle) y park skateboarding (en rampas).

Para los amantes de este deporte es una gran noticia, pero también lo es para las marcas y la industria del skate, que espera que las retransmisiones de esas pruebas disparen la popularidad de este deporte.

Crecimiento de Life

Life  tiene pensado seguir creciendo y su objetivo más cercano es la fabricación de sus propios productos. En el espacio que habían pensado dedicar a cumpleaños infantiles, han habilitado finalmente un taller donde harán sus propias tablas, para lo que ya están adquiriendo la maquinaria.

Llevarán la firma del artista callejero y diseñador Rubén Sánchez, creador del nuevo logo de Life. “Es un plus para nosotros, ya que es un artista que ha hecho tablas para marcas americanas muy conocidas, como Element o Enjoy”.

Bajo la marca Life, la empresa cántabra ya comercializa sus propias ruedas y algunas prendas (sudaderas y camisetas), pero la idea es crear toda una gran gama de productos: tablas, lijas, ejes, patines completos para principiantes, gorras o complementos, que no solo se venderán en su tienda, sino que buscarán un hueco en todas los demás, como cualquier otra marca.

Otro de sus planes es organizar campamentos –especialmente enfocados a jóvenes europeos– en los que se combinarán surf y skate. Los otros dos socios de Life, Carlos Rodríguez y Julio Vildosola, son los propietarios de Latas Surf House, lo que les facilita comercializar paquetes que incluyen clases de surf y skate, además de otras actividades, como el turismo por la región.

Con el tiempo, la intención de estos empresarios es extender Life Skate Farm a otros sitios de España, para lo que han recibido un buen número de propuestas, pero por el momento tienen que decidir qué fórmula van a utilizar, si realizarlo por sí mismos o a través de franquiciados.

Los buenos skaters tienen una gran destreza para salir ilesos al caer, a veces incluso más que para hacer sus trucos. Ellos son skaters y han echado a rodar su negocio sin miedo.

María Quintana

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