Motricium: salvar la burocracia, el primer obstáculo para los emprendedores

Los dueños del concesionario multimarca ubicado en Parayas relatan su experiencia

Las trabas burocráticas pueden acabar con cualquier negocio antes de iniciarlo. Dos jóvenes emprendedores, que han abierto en Parayas el concesionario multimarca Motricium lo han experimentado en sus carnes. Después de alquilar la nave y acondicionarla tan rápido como pudieron, se encontraron con un camino interminable y lleno de recovecos inesperados antes de conseguir la licencia final. Pasaban los meses, corrían los alquileres y otros gastos y no era posible comenzar a generar ingresos. Por fin llegó el día de abrir. Con dificultades, han podido soportar la espera. Quizá otros, no.


Omar Castillo y Hermes Herrero, dos jóvenes emprendedores cántabros no imaginaban la infinidad de trabas burocráticas que se iban a encontrar para abrir Motricium, un concesionario y taller mecánico multimarca situado en Parayas. Después de alquilar una nave industrial de 1.200 metros cuadrados, construida en 1950, y que había sido concesionario de la marca Volvo entre 1991 y 2004, suponían que no resultaría complicado reemprender una actividad que este local ya tuvo en el pasado, pero se equivocaban.

Después de las muchas tramitaciones y esperas que demoraron cuatro o cinco meses la apertura, Castillo ha podido constatar que los estrictos plazos que impone la Administración para la entrega de los documentos necesarios para disponer de todas las licencias no se los aplica a sí misma a la hora de procesarlos. Ellos presentaron en diciembre todos los requerimientos a la Consejería de Industria. En abril todavía no tenían la placa sellada por completo. “Sus plazos no son acordes ni al ciudadano ni al empresario”, añade con desazón.

Por fin, en ese mes pudieron abrir pero todavía tienen varios trámites pendientes con el Ayuntamiento de Camargo y, entre medio, han tenido que afrontar muchos sobrecostes imprevistos. “No puedo pagar el alquiler y los trabajadores si estamos parados hasta conseguir el sello de la Administración”, dice Castillo.

Contratos de suministros y permisos

Herrero y Castillo dedicaron mucho tiempo, esfuerzos y dinero a adecuar las instalaciones. La nave no tenía divisiones internas, estaba vacía y el suministro de electricidad había sido dado de baja. Por este motivo, solicitaron un nuevo contrato pero la demora en la respuesta les obligó a improvisar soluciones coyunturales, que añadieron un gasto no previsto.

Durante semanas estuvieron pagando un equipo electrógeno que consumía 200 litros de gasoil cada cinco días, colocado en el patio trasero de la empresa.

Para obtener la licencia de actividad industrial, las compañías, independientemente de cuál sea su sector, han de conseguir una serie de permisos comunes. “Todo el mundo los conoce y sabe llegar a ellos paso a paso”, reconoce Castillo. El problema radica en aquellos que son específicos de cada municipio.

Los responsables de Motricium no entienden que no exista una guía o base de datos en los que se detallen los procedimientos que hay que superar para abrir un negocio. Ellos pudieron avanzar gracias a una exhaustiva labor de investigación, llamadas y contactos. “Muchas veces no puedes obtener un permiso sin otro previo y cuando tienes casi el pastel completo, te falta el boletín, una firma o un documento más”, lamenta.

Interior del concesionario-taller que han abierto en Parayas.

Sugieren que se permita a los futuros nuevos empresarios iniciar su actividad, pese a que los expedientes no estén completados, si es como consecuencia de problemas burocráticos ajenos a ellos. Por suerte, para los responsables de Motricium, el Ayuntamiento de Camargo ha favorecido que los procesos administrativos sean lineales y sin sobresaltos.

Uno de los aspectos que más desconcierta al emprendedor es encontrarse con unas exigencias técnicas muy superiores a las que tenían los anteriores ocupantes de la nave, al aplicárseles la normativa más reciente, y eso exige inversiones con las que no contaban, puesto que daban por hecho que servía todo lo anterior. “En actividades que pueden llevar dos o tres décadas funcionando, ni siquiera se les pide una pequeña actualización”, comparan.

Abrir en medio de una crisis sanitaria

Omar y Hermes creen que no existe el momento perfecto para crear una empresa. Así que en octubre del año pasado, en plena crisis sanitaria, arrendaron la nave que hoy acoge a Motricium.

Hermes siempre ha estado vinculado al automovilismo y Omar Castillo, que es ingeniero industrial, también procede del sector. Anteriormente se ha dedicado a la compraventa, así como a labores de ingeniería en diferentes administraciones.

Antes de decidirse a montar un negocio por su cuenta, recorrieron Cantabria buscando una nave bien visible para el público y que contase con una gran cristalera, algo esencial para exponer los vehículos.

Aunque los trámites burocráticos hayan roto todas sus previsiones sobre la fecha de apertura, los gerentes de la nueva compañía se sienten afortunados por el apoyo y la comprensión que han tenido desde el principio de la constructora que se hizo cargo de las reformas y del equipo de diseño y arquitectos. “En cinco o seis meses ya estaba todo hecho”, recuerdan.

El concesionario, abierto desde abril, trabaja con vehículos de kilómetro cero y seminuevos de hasta cuatro años y trata de abarcar ese mercado al que no llegan las empresas de compraventa de automóviles ni los concesionarios oficiales.

Cuenta con una zona de  exposición de vehículos, un área destinado a taller mecánico –seis puestos– y carrocería –cuatro puestos–. Su taller dispone de seis elevadores, dos planes aspirantes, una cabina de pintura, una bancada y un lavadero para limpiar los coches antes de entregarlos al cliente.

Para atender estos departamentos disponen de un mecánico, un chapista y un pintor.

Subvenciones

Las subvenciones siempre son bienvenidas pero ambos socios creen que es preferible que la Administración pública reduzca el número de documentos que solicita y actúe con algo más de flexibilidad a la hora de una apertura. Y aunque la ayuda económica no les vendrá mal, “te la dan al año de pedirla y, para entonces, o me va muy bien o me va muy mal. El dinero lo necesitamos cuando empezamos”, precisa Herrero.

Afortunadamente para ellos, la compañía les está dando muchas satisfacciones en estas primeras semanas, lo que atribuyen al respaldo de su entorno más cercano y al trabajo realizado cada día.

David Pérez

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