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Cogiendo la ola

Somo’s Surf, la escuela de surfistas más joven de Ribamontán al Mar

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Somo’s Surf es una de las últimas escuelas creadas en Ribamontán al Mar, poco antes de que este ayuntamiento decidiera limitar el número de licencias para hacer sostenible una actividad que comparte las playas con los bañistas. Actualmente son 19 el número de escuelas que pueden desempeñar su trabajo en este municipio. Somo´s Surf ha sido creada por tres jóvenes monitores que han buscado diferenciarse rebajando el número de alumnos por profesor y alargando la actividad a todo el año.


En 2020 el surf será un deporte más entre los que competirán en las Olimpiadas de Tokio. Un reconocimiento a la madurez alcanzada por una práctica deportiva que tiene en Ribamontan al Mar una de las referencias nacionales, no solo por sus playas, sino por haber sido un ayuntamiento pionero en la regulación de esta actividad. Porque el auge del surf en las playas y la proliferación de escuelas ha obligado a ordenar el uso de un espacio que comparten surferos y bañistas, limitando el número de alumnos por monitor y también el de escuelas.

Una de las últimas en sumarse a ese restringido club de empresas que forman en Ribamontán al Mar a los que quieren iniciarse en este deporte es Somo’s Surf. Una iniciativa que, por la forma en que se gestó y por el enfoque que le han dado sus creadores, responde al perfil de este tipo de empresas y, sobre todo, al modo como deberían evolucionar.

Licencias limitadas

Somo’s Surf se creó en 2015, cuando Laro Ganzo, Samuel Bedia y Diego Mijares, tres jóvenes pero avezados monitores, decidieron poner la experiencia profesional que habían adquirido en diferentes escuelas de surf al servicio de un proyecto propio.

Su apuesta fue también oportuna, porque el pasado año el Ayuntamiento de Ribamontán al Mar, con el objetivo de hacer sostenible la práctica del surf, que se ha convertido en uno de los motores turísticos de la zona, decidió limitar el número de licencias a las escuelas que imparten clases de surf en las distintas playas del municipio. El número máximo autorizado es de 19, y la gran mayoría de ellas se concentran en Somo, por la amplitud de su espacio y la calidad de sus olas para la práctica desde de este deporte, tanto para los que se inician en él y no quieren sustos como para los que ya tienen experiencia, una dualidad que no es fácil de encontrar en otros lugares. También hay una escuela autorizada en Langre y tres licencias en Galizano.

El incremento de las escuelas de surf en Somo ha provocado que el Ayuntamiento de Ribamontán al Mar limite el número de las autorizadas en cada playa.

Con esta limitación, además de preservar el equilibrio entre bañistas y practicantes del surf, se otorga un valor añadido a las empresas que ya están trabajando, la de moverse en un sector en el que el número de competidores está tasado.

No solo se han limitado las escuelas sino también el número de alumnos por monitor, fijándolo en ocho. Las empresas pagan un canon municipal, en función de las tablas que quieren tener a la vez en el agua. También han de identificarse, mediante un color que permita distinguirlas por el traje de neopreno, de manera que el incumplimiento de las reglas que deben observar para no molestar a los bañistas pueda ser atribuido a la escuela responsable.

Como Somo’s Surf, la inmensa mayoría de las escuelas que trabajan en Ribamontán al Mar son micropymes, y su clientes jóvenes que desean iniciarse en la práctica del surf. A las playas de Ribamontán acuden aficionados de Valladolid, Burgos, Madrid y Barcelona. También atrae surfistas de otros países, especialmente de Italia, hasta el punto de que una de las escuelas de Somo está dedicada íntegramente a los aficionados de esta nacionalidad.

Surf durante todo el año

Por su experiencia como monitores de surf titulados por la Federación Cántabra, Laro, Samuel y Diego eran conscientes de la importancia de una enseñanza personalizada, y a la hora de formar su propia empresa quisieron que esa fuese una de sus señas de identidad. Así, aunque el máximo permitido sean ocho alumnos por monitor, Somo’s Surf limita esa cifra a cinco. Esa mayor atención a cada alumno es muy valorada por sus clientes y les permite avanzar con más rapidez. Dedicándole dos horas diarias, cualquiera que tenga interés por iniciarse en este deporte, estará en pocos días capacitado para sostenerse en una tabla y divertirse surfeando. “En cinco días la mayoría de la gente, por no decir el 98%, consigue surfear”, afirma Laro Ganzo. “El primer día muchos ya se ponen de pie, y ya depende un poco de la persona, pero en cinco días es casi seguro que acaban todos poniéndose de pie y cogiendo alguna ola, aunque no tengan muy buena forma física o no hayan hecho deporte en su vida”, añade. El precio, similar en casi todas las escuelas, ronda los 30 euros por dos horas de clase.

A los cursos llegan alumnos de todas las edades.

El objetivo de Somo’s Surf no está enfocado únicamente hacia quienes quieren aprender a sostenerse en una tabla. Generalmente, esta enseñanza básica se concentra en la temporada de verano y, pasada esa época, la actividad de las escuelas de surf prácticamente desaparece. Pero el interés creciente por este deporte, como lo demuestra su presencia en la próxima Olimpiada, permite afrontar su enseñanza como un entrenamiento deportivo más. Esto exige continuidad y que la práctica se extienda a cualquier época del año.

Desde hace dos años, Somo’s Surf se dedica a entrenar, también en invierno, a jóvenes surfistas. Salvo que la meteorología sea muy adversa, la evolución del equipamiento (neoprenos con diferente grosor para cada época del año, guantes, escarpines…) les permite surfear incluso en los meses más fríos.

De esta manera, la escuela consigue romper la estacionalizar de su actividad y que la práctica del surf no sea solo un recurso turístico más para el verano.

Para poner en marcha su proyecto, estos tres jóvenes cántabros contaron con el asesoramiento de la Cámara  Comercio de Cantabria, que les ayudó a preparar un plan de negocio, y con la financiación de MicroBank (una entidad de La Caixa). Un microcrédito que les ha permitido afrontar la inversión en tablas, equipamiento y alquilar el local en el que tienen su sede, aunque, como dice Laro Ganzo, “su oficina está en la playa”.

El proyecto ha cogido la ola, también en sentido figurado, porque ya han tenido que contratar a otro monitor para atender la demanda de trabajo.

Jesús Polvorinos

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