Editorial

La caja de resonancia

Con un tablero político nacional que tiene más bombas que el juego del Buscaminas no cabía imaginar que de la rocambolesca investidura de Sánchez podía derivarse una carambola de filigrana, la de poner en jaque el gobierno de Cantabria. La mecha prendió en Madrid, cuando Pedro Sánchez se tomó tan mal el cambio de voto de Revilla que decidió lanzar en Cantabria un órdago en toda regla: si el PSOE no es fiable para gobernar el país tampoco lo es ser para gobernar la región.


Revilla nunca pensó que el asunto podía llegar tan lejos. Tampoco lo deseaba, por mucho que su alianza con Zuloaga se le haga mucho más difícil de sobrellevar que la que tenía con Dolores Gorostiaga o con Eva Díaz Tezanos. Con Zuloaga no se entiende pero él es poco amigo de cambios y mucho menos con la legislatura avanzada. Pero Revilla empieza a estar de salida y la posición de otros regionalistas siempre fue mucho menos acomodaticia con el PSOE. Si hay que romper, se rompe, les sobra confianza: unos porque dan por seguro que podían cubrir de sobra los puestos que quedasen vacantes, otros porque serían los beneficiarios de ello, y todos porque son conscientes de que con 14 diputados y los Presupuestos de este año aprobados se puede gobernar en solitario con relativa comodidad, sobre todo cuando tanto el PP como Ciudadanos se muestran encantados de ponerse a su disposición, aunque solo sea por fastidiar al PSOE.

El problema era, obviamente, para el PSOE, y especialmente, para la mitad del PSOE cántabro que se ha hecho con el control absoluto del partido y cogobierna la región. Volver a los cuarteles de invierno y a la sede (¿a qué sede, si está en venta?) serían solo unos pasos pero con un resultado demoledor para ellos. Una auténtica aniquilación, aún más paradójica en un partido que está al frente del país. Pero también es un problema para Cantabria. No hay ninguna garantía de mantener las inversiones pactadas el pasado mes de junio entre Revilla y el ministro Ábalos, lo diga quien lo diga. Lo único fiable son las cuatro licitaciones que ya se han hecho que, aunque tengan un interés evidente para Cantabria, no van a mover la mano de obra ni la economía de esta región, porque tres de ellas se ejecutarán en Palencia y la otra es la redacción del proyecto de tren rápido con Bilbao.

Con lo que nos jugamos los cuartos los cántabros, en cualquier caso, no es con estos compromisos, por mucha tinta que se haya vertido en su reclamación, sino con la financiación autonómica, que pasa mucho más desapercibida ante la opinión pública. El melón que no se atrevió a abrir Mariano Rajoy, a pesar de que estaba obligado a ello, tendrá que destriparlo Sánchez, porque lo exige la ley y porque sus socios catalanes y valencianos se lo van a demandar, y Cantabria es la comunidad que más tiene que perder en ese reparto de la financiación estatal, dado que recibe más dinero por habitante que el resto. El sistema actual está hecho a su medida, al valorar sobre todo la dispersión poblacional, pero será imposible evitar que quienes ahora reciben menos busquen una distribución que valore más sus circunstancias poblacionales y económicas. Y conviene ser conscientes de que ese reparto es mucho más sustancial que las obras que nos puedan caer en los Presupuestos del Estado de cada año, porque de él depende poder pagar a los funcionarios, los gastos corrientes y los intereses de la deuda, es decir, todo lo perentorio. Si con un sistema de financiación como el que tenemos, que nos beneficia tanto, y con un crecimiento del 2% en el PIB regional el dinero no nos alcanza para pagar esos gastos y seguimos generando déficit público, un sistema en el que nos correspondiese bastante menos pondría en duda la propia viabilidad autonómica.

El factor Revilla y su proximidad a Sánchez parecían una garantía para dormir tranquilos, y más con la presencia de Mazón en Madrid, donde cada voto ha pasado a valer oro. Desatadas las hostilidades, esa salvaguardia ha desaparecido y habrá que atenerse a las consecuencias. El PRC ha votado ‘no’ tratando de preservar un porcentaje de votos conservadores que no quiere perder; el PSOE local pretendió lavar la ofensa con un órdago fallido y ahora necesita mucha más habilidad de la que ha mostrado en este envite para salir del embrollo en el que se han metido, porque se juega no solo los cargos sino la continuidad de Zuloaga. Ninguno de los dos partidos pudo imaginar que la marejada ocasionada por el voto de Mazón en Madrid volvería a esta caja de resonancia que es Cantabria convertida en galerna. El temporal ha amainado, pero los jirones en la dignidad no hay quien los oculte.

Alberto Ibáñez

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