Sofía Ellar en Santander: ‘Cuando pongo un pie aquí… es donde escribo mis canciones’

A las 10 de la mañana del último día de julio en Santander hace un tiempo ambiguo. Las vistas desde el Tenis de la Magdalena no apuntan al optimismo y el suelo resbala si no vas con cuidado. Sofía Ellar (Lecubarri Ruigómez. Londres, 1993) lleva su guitarra y está bastante despierta, es más, puede describírsela enérgica o al menos notoriamente más alegre que el día en el exterior. Hablamos de muchos temas sin pasar por alto que, además de reafirmar sus raíces en Cantabria, realmente parece de aquí.

-¿De dónde eres realmente?
-Nací en Londres. La gente me pregunta que de dónde soy, si soy inglesa, porque Wikipedia dice una serie de cosas que no se cómo cambiar. No sé cómo funciona la Wikipedia cuando los datos no son exactos. En fin, no soy inglesa. Mis padres son de aquí y se conocieron precisamente en este lugar, y yo soy de sangre cántabra a tope. Creo que se nota el arranque que tengo. Hemos veraneado aquí toda la vida y a veces tenemos un mes en que podemos venir, en Navidades o para la Berrea, que es precioso en septiembre cuando están los ciervos ahí pegándose por las chicas. Cuando pongo un pie aquí… aquí es donde escribo las canciones (cae en la cuenta con orgullo), el 70 u 80% de ellas están escritas aquí. El mes de agosto da para mucho.

-Has estudiado ADE como la mitad de tu generación (esta es una hipérbole que funciona como los nombres de moda de los niños). Sin embargo, tu proyecto de final de carrera truncó un futuro cercano trabajando en alguna empresa con los números y los asientos. Ideaste tu propio modelo de negocio en el que eras el centro en todos los sentidos. Cantas y gestionas. En el tema de la producción, cuando llegaste al estudio, tú que vienes de ADE y saltas a un lugar donde hay un tema ineludible que es el de la técnica de la producción musical, ¿cómo te cuelas ahí y empiezas a concretar lo que quieres que se haga?
-Todavía estoy aprendiendo. Por un lado lo que me ha pasado con este primer disco es que, como ya partía de unas versiones puras de guitarra que tenía en youtube, tenía mucho miedo y me ha costado delegar la producción. El primer momento en el que me encontré con un batería… me decían todos que necesitaba un bajo y una batería. Y yo pensaba que no, que era yo con mi guitarra y nada más. Pero me decían que necesitaba darle vidilla a mis canciones que son muy bonitas pero que no van a venir a mi concierto a dormir. Entonces mi primer encontronazo con una batería fue: Vamos a tocar. Suena la batería y yo paro. No, nada, no quiero batería. Esto fue así hasta que fui conociendo a personas que entendían mi música bien y saben lo que quieres, te conocen y en vez de las baquetas, cogen unas escobillas (reproduce con mímica la suavidad de unos golpes al aire). Y ahí ya empiezas a ver que no te molesta. Cuando nos sentamos a producir un tema, yo interpreto mi canción de principio a fin con mi guitarra. Ahí no participa nadie en las letras, melodía, etc. La presento y al tiempo me van dando sugerencias pero en el lenguaje técnico no me enteraba, porque mi interpretación era puramente instintiva. Cuando escribo no estoy pensando en la quinta que hace la voz chocando con la melodía y el acorde menor. Lo estoy empezando a entender. Tengo algo que técnicamente no sé explicar y ellos me entienden. Si nos ves a todos produciendo los temas detrás del telón te ríes porque te da la impresión de que esta niña está loca, pero es un trabajo en equipo que hacemos todos y opinamos mucho, aunque yo soy muy cabezota.

.-¿No se produce un choque entre una chica de 20 años que viene aquí a darles órdenes y ellos que ya llevan mucho en este negocio?
-No, para nada, porque en realidad son todos jóvenes como yo. El más mayor tiene 30 y es un chavalín también. Sí que es verdad que me dicen: “A veces pareces tan mona con tu sonrisa y luego eres tan cañera”. O “nosotros cuando nos preguntan cómo eres, sonreímos y saludamos” (lo dice animada entre risas). Tenemos buen rollo y la capacidad de decirnos cuándo nos ha salido fatal, somos sinceros con nosotros mismos y eso mola.

-Acabas de comenzar una carrera de fondo que va con buen ritmo (ahora mismo tienes 109.000 seguidores en Instagram y antes de acabar la mañana todavía puedes sumar unos cuantos más). La posibilidad de que llegues a ser un fenómeno viral como ha ocurrido con el ‘Despacito’ de Luis Fonsi en el mundo de ahora ya no le debe ser ajena a ningún artista. Le pregunto por el vértigo.
-Sobre todo porque Luis Fonsi lleva mucho tiempo metido en la música cantando baladas. ‘No me doy por vencido’, esa era suya. Yo ya lo conocía porque tengo mi punto romántico, si ves mis playlist flipas. No pienso en que vaya a pasar porque si todas las noches te vas a la cama metiéndote más presión, pensando que tienes que hacer un tema así o qué pasaría si… las cosas van surgiendo y tienen que ocurrir en su momento. Tienes que intentar hacer la vida normal de siempre aunque te dé un poco de corte el que se te acerquen, porque es verdad que da corte. Yo soy muy simpática y muy abierta pero a veces estoy con mis amigas… de todas formas son muy respetuosos, hay alguno que le da más igual, pero se agradece que sean simpáticos. Por ejemplo, estás cenando en un sitio y hasta que no te levantas no te dicen: “Adiós Sofía, me encantan tus canciones”. Y piensas: qué bien. Porque no vienen a invadirte en tu momento de la cena. Eso se agradece un montón y también creo que siendo cercana con ellos entienden que eres real por lo que interactúan contigo de una forma más real.

Con cierto respeto acaba también la entrevista. Ahora por la mañana tiene aún que atender llamadas de prensa y mucho que preparar. Todavía, me confiesa, algunas personas se acercan a ella y le preguntan inocentemente si además de cantar se dedica a algo más en la vida.

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