Repsol confirma que hará en Aguayo la mayor inversión de la historia de Cantabria

La repotenciación de la central exigirá 620 millones de euros

Dos años después de adquirir la central de bombeo de Aguayo junto a otros activos de Viesgo, Repsol se ha decidido a abordar el proyecto de repotenciación de esa instalación tan singular, que bombea agua de noche a un pantano superior y la turbina de día, para obtener energía hidroeléctrica. Para multiplicar su potencia hasta los 1.360 megavatios –más que una central nuclear– tendrá que hacer una obra gigantesca en el interior de una montaña, que le costará unos 620 millones de euros. Será la mayor inversión realizada en Cantabria y un buen empujón para su economía mientras se construye.


El sistema que quiere emplear Repsol para los nuevos grupos es el de caverna. Debajo, un esquema del procedimiento de tuberías exteriores que usa la central actual.

Repsol ha empezado a realizar análisis geotécnicos en su central de bombeo de Aguayo para llevar a cabo el proyecto de repotenciación que ya tenía el anterior propietario de la central, Viesgo, desde los tiempos en que era propiedad de la multinacional alemana E.On, hace una década. El consejero delegado de la petrolera, Josu Jon Imaz se lo comunicará oficialmente al presidente cántabro en las próximas semanas, como adelantó en su último número Cantabria Económica. La obra requerirá la mayor inversión privada llevada a cabo en la comunidad autónoma, unos 620 millones de euros, y permitirá aumentar la capacidad de la central desde los 340 MW actuales hasta los 1.360, más de los que tiene una central nuclear.

A pesar de que Repsol ya ha adelantado la tramitación de la declaración de impacto ambiental, la obra tardará en iniciarse, porque requiere numerosos estudios previos. El primero de ellos, el geotécnico, se inicia ahora.

Repsol ha puesto en marcha un gran plan de energías renovables pero tiene especial interés en el almacenamiento y, por ese motivo, Aguayo será uno de los proyectos estrella de su plan de inversiones 2021-2015.

Un gran almacén energético

La central cántabra surgió en los años 80 como respaldo de las centrales nucleares, especialmente de Garoña, para consumir la energía que han de seguir produciendo de noche y que no encuentra comprador. Su funcionamiento es semejante al de una batería, aunque en lugar de almacenar kilovatios almacena agua en altura.

Garoña ya no opera, pero sí otras nucleares que solo pueden detener su producción durante las recargas (cada año o año y medio), y a su actividad de 24 horas se ha añadido una gran cantidad de aerogeneradores que pueden seguir funcionando de noche si encuentran la forma de almacenar la electricidad que producen. Mientras no se desarrollen acumuladores capaces de guardar semejantes cantidades de energía, no hay muchas alternativas y una de las pocas y de las más eficientes que existen es la central de bombeo de Aguayo.

Repsol se ha encontrado en este momento con todas las circunstancias a favor para sacarle partido al proyecto. El sistema eléctrico español cada vez tiene más necesidad de almacenes energéticos; Aguayo le proporciona, además, la posibilidad de seguir aumentando su parque de renovables para acercarse a los gigantes del sector y es muy  probable que consiga los fondos europeos que se han creado para la reconstrucción de las economías tras el Covid, que van a dar prioridad a este tipo de proyectos de transición ecológica, para descarbonizar la industria europea. El Gobierno de Cantabria ya se ha mostrado dispuesto a tramitárselos.

La pieza de encaje en el futuro mix eléctrico

Al comprarle a Viesgo sus centros de generación renovables y sus clientes, Repsol creó hace dos años una división de energía eléctrica domiciliada en Cantabria. Dentro de ese paquete, heredó el gran proyecto para repotenciar Aguayo sin una idea clara de qué hacer con él, pero estas circunstancias tan favorables le han ayudado a tomar la decisión.

Durante el confinamiento de primavera, empezó la tramitación ambiental ante el Ministerio para la Transición Ecológica y ya ha depositado la fianza que requiere la asignación de potencia, una cantidad proporcional a la energía solicitada y que por este motivo se ha elevado a nada menos que 40 millones de euros.

El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, y e Miguel Ángel Revilla en una visita que hicieron a la central en marzo de 1999.

Aunque el riesgo de afrontrar una inversión de más de 600 millones de euros es notable, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima prevé que para el 2030 el 74% de la producción de energía sea renovable y que en el 2050 se alcance el 100%. La rapidísima tendencia hacia esa descarbonización se puede constatar en la ingente cantidad de proyectos de energías renovables que están solicitando asignaciones de potencia para incorporarse al mercado, lo que indica que las producciones de origen renovable van a ser muy pronto las auténticas protagonistas en el mix energético español, donde el carbón prácticamente ha desaparecido y las nucleares van a la baja. Aguayo será la pieza que haga encajar ese nuevo puzle.

Los  molinos eólicos generan tanto de día como de noche, cuando la demanda energética se reduce sustancialmente. No tiene sentido desperdiciar toda esta energía que se obtiene prácticamente a coste cero y la red de distribución exige que en cada momento haya un equilibrio entre lo que se produce y lo que se consume. Por tanto, es imprescindible desplazarla hacia alguna actividad devoradora de kilovatios, ofreciéndole precios muy atractivos, y esa es la razón por la que las fundiciones trabajan de noche.

Esa solución no basta a medida que los campos de aerogeneradores se multiplican y con ellos la electricidad producida en horario nocturno. No hay baterías que puedan alojar temporalmente estas enormes cantidades de energía y el único sistema operativo por el momento es el de las centrales de bombeo, como la de Aguayo, cuyo mecanismo es muy sencillo. Constan de dos embalses a distinta cota y durante la noche, consumen esa energía excedente del sistema eléctrico impulsando grandes cantidades de agua desde el embalse inferior al superior. De día, cuando el país demanda más electricidad, se convierten en una hidroeléctrica convencional, al dejar caer de nuevo ese agua al pantano inferior.

Este proceso recupera alrededor de dos tercios de la energía consumida de noche, pero mucho menos eficiente resultaría desaprovecharla. También se justifica comercialmente porque en las horas punta del día, en las que se concentra la demanda, la electricidad se cotiza a un precio muy superior al que se paga durante la noche, y eso rentabiliza la operación.

Un río que sube en vertical

El problema es la gigantesca inversión que resulta necesaria, que no podrá amortizarse sin un uso intensivo de la futura central. La actual genera 340 megavatios y con el proyecto de ampliación Aguayo II cuadruplicará su potencia. Para conseguirlo necesita mucho más agua. Si en la actualidad le basta con 2,7 Hm3, para la nueva solicita 10, lo que requerirá disponer para sí la mitad del embalse de Alsa (el inferior), cuya capacidad es del 19.438 Hm3. El bombeo actual sube el agua a un ritmo de 95,2 m3 por segundo, y pasará a 397, un auténtico río subiendo casi en vertical, algo que nadie puede ver porque el proceso se realiza a través de unas enormes tuberías de acero inoxidable.

Los dos embalses de la central de bombeo de La Muela, en Valencia, en la que Iberdrola lleva invertidos 1.200 millones de euros y que ahora ha alcanzado los 1.772 MW. La central es capaz de atender la demanda anual de 400.000 hogares.

La generación (la caída) pasará de los 125,2 m3 por segundo actuales a 490.

La nueva central estará compuesta por cuatro subgrupos de 250 Mw cada uno y este equipamiento, como las tuberías que conectarán los dos embalses no irán a la vista, sino que se excavarán dentro de la montaña, para minimizar el impacto ambiental.

La evacuación de la electricidad producida se realizará a través de dos líneas de muy alta tensión (400 kV) hasta la SET de Aguayo, una de las cuales aprovechará el trazado del tendido actual de 220 kV.

Además de mejorar la eficiencia de otros productores eléctricos, la nueva central será un auténtico seguro para el sistema español, ya que podría abastecer las necesidades de varios cientos de miles de hogares durante varias horas si se produjese un apagón general.

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