A fondo

La obra pública despierta y el repunte del mercado inmobiliario empieza a llegar a la vivienda nueva

Los problemas urbanísticos se convierten en el principal handicap

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En pocos meses se va a notar un cambio de tendencia en la construcción, tanto en la vivienda como en la obra pública. Un despertar significativo, que en la vivienda nueva puede llegar a superar el 40% (el punto de partida es tan bajo que subidas semejantes no pueden considerarse escandalosas). En obra pública, ni siquiera hay Presupuestos del Estado para intentar calcularlo, pero las licitaciones en marcha también permiten augurar un fuerte repunte, en el que se ve a notar que entramos en un año preelectoral.


En los nueve primeros meses del año pasado apenas se iniciaron en Cantabria 311 viviendas, lo que indica bien a las claras que se mantenía la misma inanición que en los años anteriores, en los que apenas se superaban las 500 por ejercicio, las mismas que en 2006 o 2007 se empezaban cada quince días. Ni siquiera la desaparición del stock de vivienda nueva sin vender ha conseguido reactivar un sector que apenas ha podido refugiarse en la rehabilitación, donde, gracias a las ayudas públicas, se ha conseguido un movimiento de unos 30 millones de euros al año, que no resuelven las necesidades de un colectivo profesional que necesita mucho más volumen, pero que al menos las palía.

Si se cumplen los pronósticos, la vivienda nueva está a punto de despertar, por el mismo motivo que lo está haciendo en otras comunidades autónomas, la reaparición de una cierta demanda. Algo que, por otra parte, es inevitable en un sector cíclico. Sin embargo, en Cantabria choca con un problema administrativo increíblemente endiablado: los planes de urbanismo de casi todas las poblaciones importantes, empezando por Santander, están anulados o llevan muchos años en un proceso de revisión que nunca acaba. Y si no hay planes no hay suelo. El que hay, en estos momentos lo controlan la Sareb y algunos fondos buitre, por lo que un repunte con fuerza va a resultar bastante más complicado.

El mercado empieza a reaccionar a la vivienda, pero la vista del comprador se va hacia lugares muy concretos (Santander, Bezana, Piélagos y pocos sitios más), a precios muy ajustados y después de pensárselo mucho. En esas condiciones, tampoco abunda la oferta. Quizá por eso las transacciones se centran, casi por completo, en el mercado de la vivienda usada, que no tiene esas limitaciones.

El Estado y los municipios preparan un importante número de actuaciones en obra pública

De dar por buenas las estimaciones que ha realizado Servihabitat después de sondear el sector, la vivienda no sólo confirmará en 2018 su recuperación en Cantabria sino que las transacciones se incrementarán un 38%, hasta superar las 7.600. Hay dos factores que empiezan a mover el mercado y no son la formación de nuevas familias ni el deseo de tener una segunda vivienda, como era tradicional. Ahora lo empujan los bajos intereses que pagan los bancos por los depósitos, que lleva a los ahorradores a adquirir viviendas, y la alta rentabilidad de la compra para alquilar.

Servihabitat también calcula que Cantabria cerró el año pasado con 640 viviendas iniciadas, y estima que en este ejercicio esa cifra subirá un 46% hasta alcanzar las 930. Aunque la cifra dista mucho de las 16.500 que llegaron a acometerse en 2007, representaría un avance sustancial para un sector que parte de tan abajo y para impulsar su contribución al PIB de Cantabria.

El repunte de la demanda ya ha tenido un pequeño efecto sobre los precios de la vivienda usada, que el pasado año dejaron de caer y se han revalorizado en torno a un 3%, si bien esa demanda se está concentrando sobre las viviendas más baratas. El hecho de que buena parte de ellas necesite una reforma, también está empujando con fuerza las rehabilitaciones, apoyadas por importantes subvenciones públicas, hasta el punto que empieza a resultar difícil encontrar contratistas para algunas obras menores.

La obra pública empieza a moverse

El sector de la construcción tiene otra pata tan importante o más, la obra pública. Aunque los registros actuales son históricamente bajos, por el escasísimo número de actuaciones del Estado y de la Administración regional (solo Santander mantiene un cierto nivel de actividad), para 2018 se anuncia también un cambio de tendencia. El Estado ha sacado a licitación varias obras de cierto volumen, como el enlace de autovías entre Barreda y Sierrapando o el nuevo acceso a Raos, a los que se unirá la reactivación del paralizado Muelle 9 del Puerto de Santander, y prepara otra catarata de actuaciones que ya están en el Boletín Oficial.

La Administración regional no puede acometer grandes proyectos pero sí va a insuflar a los ayuntamientos un importante volumen de recursos para pequeñas obras municipales, a las que se sumarán las que están autorizados a acometer con su dinero. Aunque la situación financiera de los ayuntamientos es buena, las limitaciones impuestas por el plan de estabilidad de Montoro les impiden utilizar ese dinero, unos grilletes de los que intentan zafarse lo antes posible.

La reactivación de la construcción todavía es más teórica que real. En Santander se pueden ver ya cuatro o cinco grúas, que en otros momentos hubiesen parecido muy pocas, pero que ahora resultan reconfortantes y en el movimiento de tierras (la primera fase de cualquier actuación del sector) los profesionales reconocen que desde hace unos meses no dejan de tener trabajo, después de varios años en los que sus máquinas han permanecido paradas.

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