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Acercar la vida universitaria a la sociedad ha sido una de las obsesiones del equipo rector de la Universidad que ahora concluye su mandato después de una larga etapa. Iniciativas como la del vicerrector de estudiantes Emilio Eguía de visitar los centros de enseñanza media de la región para introducir a los preuniversitarios en los programas educativos y en los servicios que presta la UC, o las jornadas de puertas abiertas en el propio recinto de Las Llamas han sido un vehículo para lograr esa mayor proximidad.
Ese objetivo será mucho más fácil de alcanzar a partir de ahora. Doce años después de que se gestara el primer proyecto, la Casa del Estudiante ya es una realidad y tanto la comunidad universitaria como quienes aspiren a integrarse en ella cuentan con un centro que unifica todos los servicios que les afectan.

Un impulso definitivo

La Casa del Estudiante ha sido un proyecto largamente gestado y cuya orientación ha variado con el paso del tiempo. Ya en la etapa de Jaime Vinuesa como rector de la Universidad, y ante la insuficiencia crónica de espacio para las necesidades académicas, se planteó la conveniencia de levantar un edificio con aulas dedicadas a la docencia y a la investigación. Aquel proyecto fue retomado por su sucesor, Juan José Jordá, pero con una sustancial reorientación. En vez de un edificio para usos docentes, se planteó la posibilidad de levantar una Casa del Estudiante que albergase todos los servicios que gravitan en torno a los alumnos. La idea fue acogida con entusiasmo por Emilio Eguía que la convirtió en uno de los ejes de su actuación desde el vicerrectorado.
El primer problema que había que solventar era el del suelo. Aunque el Ayuntamiento de Santander se había mostrado dispuesto a ceder un terreno en esa zona, buena parte de la superficie que necesitaban para levantar el inmueble pertenecía a propietarios privados. Tras un dilatado proceso, las negociaciones del Ayuntamiento con estos propietarios dieron su fruto y la Universidad pudo disponer de una parcela de 6.500 m2 situada en el talud que separa el Parque de Las Llamas del Edificio Interfacultativo.
Resuelto el problema del suelo, había que buscar los recursos que permitiesen la construcción del inmueble y el Gobierno cántabro de coalición PRC-PSOE, que había encontrado en la financiación estructurada una fuente casi inagotable, se planteó su construcción con recursos privados. Como en tantos otros proyectos, la irrupción de la crisis económica dio al traste con ese planteamiento. Ni la fórmula de la financiación estructurada era ya viable, porque las tasas de retorno que pedían los inversores habían subido sustancialmente, ni sobraban recursos para destinarlos a un edificio que llevaba una década de espera y sin el cual la Universidad podía seguir funcionando.
Fue en este momento crítico para la viabilidad del proyecto, cuando ocurrió algo que despejó definitivamente el camino para su ejecución. La Universidad de Cantabria fue elegida en 2009, junto con otras ocho universidades españolas, como Campus Internacional, un plan estratégico de modernización que suponía el acceso a fondos públicos facilitados por el Ministerio de Educación.
Fue este respaldo económico el que permitió al Gobierno de Cantabria comprometerse a financiar el proyecto de la Casa del Estudiante, que la UC sacó finalmente a licitación con un presupuesto de 12 millones de euros. Una cantidad tan elevada se justificaba por la calidad del proyecto, pero otra circunstancia derivada de la crisis económica hizo más accesible su ejecución: la necesidad que empezaron a tener las empresas constructoras de cartera de trabajo rebajó tanto sus ofertas que la obra se adjudicó en 7,5 millones de euros a una UTE formada por dos empresas cántabras, Arruti y Corelia, esta última del grupo Apia XXI.

Tres torres y un solo edificio

Las características del solar iban a condicionar el diseño del edificio, que debía adaptarse a la fuerte pendiente del terreno, con un desnivel de unos 22 metros y una pendiente de 25 grados, lo que obligaba, siguiendo el Plan de Ordenación, a enterrar de manera parcial las dos plantas inferiores de las cinco que tiene cada una de las tres torres del inmueble. Esta singular ubicación hacía extremadamente complicado su asentamiento, que se resolvió mediante una pantalla de micropilotes de diez metros de longitud y cimentación directa a la roca, con objeto de no afectar a las construcciones cercanas y asegurar la estabilidad del conjunto.
Las dimensiones de cada planta se sitúan en torno a los 400 metros cuadrados, lo que proporciona una superficie construida total cercana a los 6.500 metros.
Las tres torres están comunicadas entre sí por un paso acristalado y separadas en su planta baja por un estanque y una gran terraza.
Una fachada ventilada de zinc color antracita y una abertura al Parque de las Llamas formada por tres amplios muros-cortina de aluminio y vidrio da al conjunto una impresionante presencia y armoniza estéticamente los tres grandes prismas. Cada torre se singulariza con el toque cromático de una franja de color, diferente en cada uno de ellas (naranja, amarilla y roja).
Todo el proyecto está basado en criterios de eficiencia energética y sostenibilidad. Los consumos energéticos por climatización e iluminación serán un 30% inferiores a los de un edificio convencional de igual tamaño. Esto ha permitido que las Torres tengan una etiqueta de eficiencia energética “B”, muy difícil de conseguir cuando se trata de edificios de uso administrativo.
Las entradas a cada una de ellas se han situado en la fachada sur, aunque el acceso principal, desde el Parque, se encuentra en la torre oeste, donde se ha construido una recepción multiusos.
Ese primer cuerpo del edificio acogerá los espacios más estrictamente administrativos, como los vicerrectorados de Relaciones Internacionales y de Relación Académica; la Escuela de Doctorado y la gestión académica de alumnos, tanto de grado como de postgrado. En la torre situada en el centro se han habilitado los espacios que ocuparán las asociaciones estudiantiles y el Consejo de Estudiantes, con aulas-taller para realizar actividades de todo tipo. También se situará allí el Vicerrectorado de Estudiantes y servicios como el SOUCAN (de Orientación Universitaria) y el COIE (Centro de Orientación e Información para el Empleo), que gestiona las becas y ofertas de de trabajo para los estudiantes de los últimos cursos.
Para la torre más cercana al Sardinero se han reservado contenidos más heterogéneos, como una sala de estudio y consulta, la biblioteca, salas multiusos con tabiques móviles, un centro de idiomas para el aprendizaje de lenguas extranjeras minoritarias y una sala de conferencias con capacidad para 150 personas.

Espacios Sociales de Aprendizaje

Al margen de la funcionalidad de estos servicios, y de los espacios que el traslado de las áreas administrativas relacionadas con los estudiantes va a liberar en otros edificios, la propuesta de la Casa del Estudiante tiene una vertiente lúdica y pedagógica de alcance imprevisible. La planta baja de cada torre es diáfana, para formar un gran patio que de unidad al conjunto. En él se intenta poner en práctica un concepto que empieza a abrirse paso en los campus universitarios más avanzados: un espacio social de aprendizaje, destinado a facilitar encuentros informales entre todos los integrantes de la comunidad universitaria (profesores, estudiantes de distintas carreras y administrativos), de manera que de esa interacción puedan surgir proyectos o iniciativas que desbordan el ámbito académico.
En ese espacio donde se mezclarán alumnos y profesores de todas las disciplinas caben desde los debates informales a los eventos espontáneos, proyecciones de imágenes o el teatro. También hay zonas más tranquilas donde leer o mantener una conversación. Para romper la uniformidad del largo pasillo que une las tres zonas, se utiliza una pared de paneles curvos y traslúcidos, que le ha dado gran dinamismo. También se colocarán paneles de revestimiento pintable y se convocará un concurso de grafitis para decorar las paredes, junto a instalaciones pseudovegetales y murales fotográficos. Una playa junto al estanque y un gran patio exterior son otros dos atractivos de este original recinto.
La filosofía de los espacios sociales de aprendizaje, que ya han demostrado su valía en las universidades anglosajonas, viene recogida en el documento Estrategia Universidad 2015, elaborado por el Gobierno español para modernizar nuestras universidades en el contexto del Plan Bolonia.
La Casa del Estudiante se convierte así en una pieza clave en esa evolución, donde lo importante no son tanto los servicios administrativos que ya se venían prestando como, en palabras del rector de la UC, Federico Gutiérrez-Solana, “la nueva vida universitaria que va a ser capaz de generar”.

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