Sniace busca la piedra filosofal del combustible

La Comisión Europea pretende que casi un 10% de la gasolina que se consuma en la UE sea sustituida por un alcohol destilado de los cereales, el bioetanol. Para cumplir esta directriz, sólo en España harán falta un millón de toneladas al año y, hoy por hoy, todos los suministradores juntos ni siquiera podrían aportar la mitad. En el resto de Europa el déficit es aún mayor y es que, a excepción de Brasil, donde los coches llevan décadas consumiendo el alcohol obtenido de la caña de azúcar, y de EE UU, donde la mezcla de carburante con alcohol (la gasolina verde) se introdujo hace tiempo por cuestiones estratégicas, nadie se había planteado hasta ahora esa sustitución. La razón no es otra que el precio.
El biocombustible resulta bastante más caro que los combustibles destilados del petróleo y, en esas condiciones, sólo una decisión política podía imponer su utilización. Esa decisión se ha plasmado ya, a través de una vía indirecta que pasa desapercibida para los usuarios: los incentivos fiscales para abaratar el etanol de origen vegetal y la mezcla directa de este alcohol con la gasolina en las refinerías.
El Gobierno admite una fiscalidad cero para el etanol vegetal, la única forma de equipararlo en precios con la gasolina que llega al consumidor con un recargo fiscal superior al 60%. De esta forma, el bioetanol ha pasado a ser rentable para las petroleras, que ya lo mezclan con naturalidad sin que el adquirente de gasolinas sea consciente de que su combustible está cambiando.

Un negocio virgen

En el sector industrial, donde todas las producciones tienen casi dos siglos de actividad, no es muy habitual encontrarse con un sector nuevo, con una demanda segura y previa a la aparición de la oferta. Pero eso está pasando con el bioetanol y en la carrera para hacerse con el nuevo negocio Sniace saca varios cuerpos de ventaja a casi todos los demás competidores, con la excepción de la pionera, Abengoa.
La empresa de Torrelavega ha tenido que echar mucha imaginación para sobreponerse a las dificultades de los sectores papelero y textil donde tradicionalmente operaba, y eso la hecho especialmente activa en la búsqueda de nuevas oportunidades, como la producción de lejías, de energía y, ahora, de combustibles.
Sniace cuenta con dos factores favorables para ello: suelo (apenas aprovecha la mitad de las más de 75 hectáreas de que dispone) y muchas sinergias con sus actividades tradicionales. La intención es aprovechar para la fábrica de bioetanol una superficie de cuatro hectáreas que se encuentra entre la puerta de acceso al complejo fabril y la carretera de Ganzo. A pesar de las importantes dimensiones que va a tener, las instalaciones van a estar muy concentradas, ya que se ha optado por aprovechar el espacio todo lo posible. La inversión prevista es de 64 millones de euros (casi 11.000 millones de pesetas) un coste bastante inferior al que tendrá la planta gemela que Sniace quiere levantar en Zamora, para aprovechar el cereal de la Meseta. La diferencia (unos 20 millones de euros menos) es consecuencia de los ahorros que se producen en Torrelavega por el hecho de formar parte de un recinto fabril ya existente, lo que permite aprovechar desde la energía y el vapor producidos en la planta cogeneradora a la logística.
Cada una de estas futuras fábricas producirá 100.000 toneladas de bioetanol al año, con lo que ambas podrán cubrir un 20% del consumo que habrá en España en el momento en que se generalice la mezcla con las gasolinas.
Al contrario de lo que ocurre con los biodiésel, el alcohol se añade en la propia refinería, de forma que el consumidor no ha de elegir en la estación de servicio entre gasolina ‘verde’ y convencional. De hecho, en estos momentos, las gasolinas españolas ya incorporan unas 200.000 toneladas de bioetanol.
Esta mezcla directa en origen garantizará el consumo de todo el bioetanol que se produzca hasta cubrir los objetivos comunitarios, mientras que el éxito del biodiésel –que se vende en surtidores diferenciados a los del diésel convencional–, depende de las campañas de concienciación dirigidas a los conductores, que habrán de disipar los temores de la clientela a un peor funcionamiento del motor, por infundados que sean.

Una decisión estratégica

En realidad, los motores de los coches actuales podrían utilizar estos combustibles ecológicos prácticamente puros. El único problema del bioetanol es que aumenta la volatilidad de la gasolina y eso hace que en zonas de temperaturas estivales muy altas, como el sur de España o el de Italia, el olor durante el repostaje resulte muy fuerte.
Los inconvenientes parecen pequeños frente a las ventajas que otorga el reducir la dependencia del petróleo o la menor contaminación, ya que el residuo del alcohol es únicamente CO2 y agua. Eso ha empujado a la UE a impulsar la mezcla con bioetanol, aunque los estados se vean forzados a renunciar a una décima parte de los ingresos fiscales que reportaba el combustible para propiciar un coste final competitivo. Pero hay otras razones que probablemente tiene tanto peso o más en la decisión que ha tomado la UE: el desequilibrio que existe en el mercado comunitario de combustibles y los excedentes agrarios. Europa consume más diésel que gasolina y se ve obligada a importar más petróleo del que resultaría necesario de ser ambos consumos parejos. Hasta ahora, la solución es importar gasoil o exportar gasolina, pero ese no suele ser un buen negocio para las plantas de refino.
La transformación del cereal en alcohol también es una solución para garantizar una salida a las producciones comunitarias, si bien no va a evitar que el cereal siga siendo fuertemente subvencionado en la PAC, para que resulte competitivo con el importado. La planta que Sniace pretende hacer en Torrelavega necesitaría, por sí sola, 350.000 toneladas de cereal al año y España, si pretende llegar al 10% de bioetanol en todas las gasolinas, debería destinar el 30% de su producción cerealera a este fin. No obstante, en el proceso no sólo se obtiene combustible, dado que después de extraer el almidón –que al fermentar, se transforma en alcohol–, se obtiene un subproducto óptimo para piensos, ya que los residuos conservan todas las proteínas del cereal.

Ampliación de capital

Entre las plantas que ya están en funcionamiento en España y las que están previstas, se producirán 600.000 toneladas de bioetanol al año. Nuestro país es uno de los más avanzados en esta carrera y, por ese motivo, Sniace tiene mucha confianza en que tendrá mercado tanto dentro como fuera del país, si bien es cierto que para acceder a las grandes petroleras internacionales necesitará producciones aún más elevadas. Por eso se plantea construir otra planta en Polonia (ésta, de 200.000 toneladas) y tratará de llegar a acuerdos con otros fabricantes. Unas iniciativas desarrolladas como proyect finance, abiertas a inversores. En Polonia su papel será el de socio tecnológico, con un partner local, y en Zamora irá en sociedad con Iberdrola (que tendrá el 51% del capital) y con otro socio local.
En el caso de la planta de Torrelavega, Sniace aportará un 30% del coste del proyecto, a través de una ampliación de capital que probablemente se haga en la proporción de una acción nueva por cada tres antiguas, aprovechando el buen momento por el que pasa la cotización, que en el último año se ha triplicado. Los recursos obtenidos de la ampliación también deberán servir para poner en marcha la nueva planta de blanqueo y un control de los gases más efectivo. Otro 20% del coste de la planta de bioetanol presumiblemente lo va a obtener a través de subvenciones públicas y el 50% restante saldrá de inversores privados y de la sociedad de capital riesgo Cantabria Capital.
La construcción de la planta de Torrelavega ya está contratada, pero aún está a espera de la Autorización Ambiental Integrada. Una vez la consiga, los trabajos apenas llevarán año y medio, a pesar de la espectacularidad de las instalaciones previstas.

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