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Riqueza sin explotar

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El sector forestal de Cantabria está formado por 646 empresas entre aserraderos, carpinterías, fabricantes de embalajes, almacenes e industrias del mueble, que dan empleo a 5.270 trabajadores y facturan 39.000 millones de pesetas. Sin embargo, el negocio de la madera tiene todavía un gran potencial sin explotar ya que a pesar de que el 60% de nuestro territorio tiene vocación forestal, tan sólo el 16% de la madera que se transforma en los aserraderos de Cantabria procede de sus bosques. Esta situación contrasta con el rendimiento que obtienen de su madera regiones limítrofes como el País Vasco, aunque la diferencia puede radicar en el hecho de que mientras que el 61% de nuestros montes son de titularidad pública, esta cifra se reduce al 10% en la comunidad vecina.
En Cantabria existen 150.000 hectáreas susceptibles de ser repobladas, y la Administración está llevando a cabo un programa de repoblación forestal que el pasado año se aplicó sobre una superficie, no muy relevante, de 5.000 hectáreas. Pero esta política, por poco ambiciosa que sea en sus objetivos, choca muchas veces con la resistencia de los habitantes de los núcleos rurales, tal y como señala el director general de Montes, Carlos de Miguel: “Esas laderas de montes que estamos hartos de ver llenas de helechos y sin ninguna vaca, estamos hartos también de verlas quemar y seguirán quemándolas porque los habitantes de esos pueblos no tienen ninguna intención de que haya árboles, así de claro, y ese es un problema sociológico de muy difícil solución que debe empezar a resolverse en las escuelas”
La terminación dentro de un año del Plan de Usos Forestales de Cantabria, arrojará luz, en cualquier caso, sobre el modo de obtener el máximo aprovechamiento de nuestra superficie forestal, aunque para que tal cosa ocurra será necesario también que se defina en el Plan de Ordenación Territorial de Cantabria que se esta redactando –el tercero en 25 años, sin que se haya llegado a aplicar ninguno– un modelo equilibrado de desarrollo territorial en el que puedan coexistir las explotaciones ganaderas y forestales. “El sector de la madera –señala Carlos De Miguel– es la única válvula de escape como elemento de riqueza que le queda al mundo rural”. Una vez que las posibilidades de producción lechera han llegado al límite, puede ser el momento de aprovechar mejor los recursos forestales de la región.

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