Nada es como parece

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LOS FUNCIONARIOS CONSUMEN MENOS MEDICINAS.– Los funcionarios se ponen enfermos durante más días, y eso provoca un absentismo muy superior al de la empresa privada, pero curiosamente, gastan menos en medicinas. Su consumo medio es de 182,4 euros por persona y año, frente a los 241,2 del resto de los españoles. La razón de que necesiten un 25% menos de fármacos no está en su estado de salud propiamente dicho, sino en otra circunstancia completamente ajena: los mutualistas de Muface, Ifas (militares) y Mujeju (jueces) pagan después de la jubilación un 30% del precio de los fármacos, mientras que para los jubilados del régimen general de la Seguridad Social son gratis, aunque durante sus años activos paguen algo más.

POR DELANTE DE ITALIA.– España acaba de superar a Italia en renta per capita, de acuerdo con los últimos datos hechos públicos por la Unión Europea, un acontecimiento histórico que, sin embargo, casi ha pasado desapercibido. La economía española, tras estos años de gran expansión, representa ya el 3% del PIB mundial y, desde que adelantó a Canadá en 2007 (el octavo país en renta del G-8), tiene razones objetivas para reclamar la entrada en el club de los más poderosos del mundo. Otra cosa es que lo consiga.
EL NEGOCIO DE LAS EMISIONES.– A las empresas eléctricas hace años que no les salen las cuentas y han recurrido a algunas truculencias para cuadrarlas. Por ejemplo, la de imputar como coste el gasto por los derechos de emisión de CO2 e incluirlo en el déficit que reclaman al Estado, algo que resultaría perfectamente comprensible si efectivamente lo hubiesen pagado. Lo sorprendente es que esos derechos de emisión los obtuvieron gratis. Nadie se había dado cuenta hasta ahora, cuando el Gobierno ha decidido que estas cantidades (2.700 millones de euros) recaudadas indebidamente sean devueltas en los tres próximos años. Lo que no se entiende es la oposición del PP a esta devolución, porque una cosa es que las eléctricas necesiten una subida mayor de tarifas para compensar el incremento del precio de los combustibles y otra que nos tomen el pelo.

DESCONCERTANTES COFRADIAS.– Los pescadores del Cantábrico, que en su día luchaban por el mayor cupo posible en la captura de anchoa, luego han defendido con uñas y dientes el cierre de los caladeros, eso sí, a cambio de la subvención correspondiente. Pero han vuelto a cambiar de posición, para desconcierto de la ministra de Pesca, que en ese momento defendía en Bruselas exactamente lo contrario. El desconcertante acuerdo que han alcanzado los pescadores del Cantábrico con los franceses pretende que la UE permita la captura de 8.000 toneladas de anchoa, un cupo que sería aprovechado en su mayor parte por España, como venía ocurriendo tradicionalmente. Lo inexplicable es que, con los mismos informes científicos con que exigieron el cierre del caladero, las cofradías pidan ahora pescar.
PARA VENDER, No hay nada como la polémica.– La patronal de los cunicultores se echó las manos a la cabeza cuando la campaña de promoción del consumo de conejo que había preparado con el Gobierno se convirtió en un boomerang político en los medios de comunicación. Los criadores de conejo, que habían pedido ayuda para salir de la ruina en que se encuentra el sector, pensaron que el tiro había salido por la culata, pero el resultado ha sido sorprendente: el hecho de que muchos comentaristas políticos conservadores arremetiesen contra el conejo y contra el Gobierno conjuntamente ha provocado que los consumidores españoles volviesen a acordarse del conejo, reforzando el efecto de la promoción. El resultado es que se han vendido más que nunca, se han recuperado los precios y la campaña ha sido un éxito sin precedentes para los productores.

EL ‘CRASH’ OCULTO.– Quien mire los índices dirá que no ha sido tan mal año bursátil, ya que el Ibex ha subido por quinto año consecutivo, que no es mala racha. Pero la realidad no está en el índice, adulterado por el enorme peso de Telefónica y los grandes bancos. En el último semestre, los valores de mediana y baja capitalización de la bolsa española han caído nada menos que un 30%, así que muchos inversores han vivido su propio crash, pero el suyo no pasará a los libros de historia económica.

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