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Nada es como parece

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LA ADMINISTRACION NO ADELGAZA.- Las políticas de contención de personal público que puso en marcha el Gobierno en 1997 ha tenido un resultado muy poco prometedor. A pesar de la filosofía de reponer sólo un 25% de los funcionarios que se diesen de baja, lo cierto es que la cifra total de empleados públicos no sólo no ha disminuido desde entonces, sino que ha aumentado en casi 150.000 (se incluye el Estado, las autonomías y los ayuntamientos). Las razones no son fáciles de entender, pero da la impresión de que hay una cierta resistencia interna a cualquier cambio. Por ejemplo, una vez que se han quedado sin competencias, nadie sabe por qué continúan existiendo, más escuetos pero vivos, los Ministerios de Educación y Cultura, de Sanidad, de Administraciones Públicas o, incluso, el de Ciencia y Tecnología. Aún en el caso de que conviniese tener algún organismo coordinador entre las políticas autonómicas, no parece justificable que esa labor requiera toda una estructura ministerial y, mucho menos, cuatro. Será por la inercia.

CAEN LOS ALQUILERES DE CINES.- Los cines se han convertido en la nueva locomotora de los centros comerciales pero, como todo lo que funciona, han llegado a un punto de saturación. Tanto que en el último año los precios de alquiler que cobran estos centros a las empresas exhibidoras han caído un 40%. El mercado va muy deprisa y ya se avecina en el horizonte otro nuevo protagonista: los centros dedicados exclusivamente al ocio y a la salud, formados por gimnasios, discotecas, boleras, restaurantes, etc.

TODO EL MUNDO SABE DE COMUNICACION.– Hay trabajos poco agradecidos, no tanto por los resultados, sino por lo difícil que es defender el criterio propio. Luis Abril, presidente ejecutivo de Admira, la filial de medios de comunicación de Telefónica y ex responsable de comunicación en el Santander Central Hispano ha confesado que no aspiraba a permanecer mucho tiempo en su anterior cargo por la propia esencia del área que le había tocado: “La comunicación es una función de la que todo el mundo sabe, y sabe más que nadie”. Tiene razón Abril, porque a la vista de lo que está ocurriendo, parece que todo el mundo tiene como segunda profesión la de periodista.

¿EL PROBLEMA ES FRANCIA?.- La construcción europea se enfrenta a tantos problemas cotidianos que la polarización de la Cumbre de Barcelona en el hecho de si Francia debe o no empezar a liberalizar su sistema eléctrico parecen excesivamente poco ambiciosas. Es curioso que antes de plantearse cómo puede haber paraísos fiscales dentro de la Unión, como Luxemburgo, claramente distorsionadores de las políticas nacionales, o cómo afrontar medidas homogéneas sobre la inmigración, la principal preocupación resulte ser el mercado eléctrico francés que, por muy público que sea, es el que ofrece la electricidad más barata de toda Europa.
NUEVA LEY, LOS MISMOS RESULTADOS.- Hace un año se reformaba la ley de inmigración con el objeto de resolver el problema que plantea la avalancha de trabajadores extranjeros que llega a nuestras costas y aeropuertos. Entonces dijimos en estas páginas que una ley, por sí misma, no resuelve nada y que el supuesto efecto llamada de la normativa anterior era un mero argumento político para propiciar la reforma. El tiempo ha demostrado que la avalancha no sólo no ha disminuido sino que se ha agravado. Nunca habían llegado en invierno tantas pateras, lo que demuestra que la ley tiene muy poco que ver. El problema es que en Africa también ven la televisión y si las generaciones anteriores nunca fueron conscientes de ser pobres, ahora que ven cómo es el resto del mundo, quieren vivir como viven en otros lugares. Tratar de impedir que la gente emigre a donde se vive mejor es como intentar poner puertas al campo y Europa tendrá que tomar medidas mucho más imaginativas si quiere detener la avalancha.

LOS LIMITES DE LA LIBERALIZACIÓN.- En una semana, el Ministerio de Economía ha archivado la denuncia interpuesta contra las grandes constructoras por pactar el reparto de obras públicas y el fiscal del Estado se ha negado a tramitar otra contra las grandes petroleras por acordar los precios del combustible. No se trata de ejemplarizar a cualquier coste, pero da la impresión de que en España hay determinadas barreras imposibles de franquear a la hora de asegurar la libre competencia. En estas condiciones, parece exceivamente arrogante que tratemos de dar lecciones de liberalización a otros países.

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