Mentiras estadísticas

En los tiempos modernos hay tres tipos de mentiras, las pequeñas, las grandes y las estadísticas. Todas ellas sirven para conseguir unos efectos, y de creer al Baudolino de Umberto Eco, son el auténtico motor de la historia humana. En realidad, en el pasado había muy pocas certezas porque nadie, ni siquiera los poderosos, tenían fuentes de información fiables, en un mundo donde las distancias dejaban anticuada cualquier información, por muy rápidos que fueran los mensajeros. Ahora vivimos convencidos de lo contrario: creemos saberlo todo y en el mismo momento en que se produce, de forma que podemos reaccionar en “tiempo real”, lo que a su vez realimenta el acontecimiento al cual reaccionamos y así hasta el infinito.
Vamos tan deprisa que nos adelantamos a la realidad. En el terreno de la economía, por ejemplo, damos por descontado lo que va a suceder. Antes de que se de a conocer el IPC ya hemos sacado nuestras propias conclusiones, hasta el punto que, lo que diga, sólo tiene importancia en la medida que las desmienta, nunca si las confirma. Por eso nos hemos quedado desconcertados con el índice de enero, cuando nadie, absolutamente nadie, hubiese pronosticado un descenso de los precios.
El Gobierno, al cambiar la fórmula estadística en un mes semejante ha hecho un flaco favor al IPC, porque le ha quitado credibilidad. El índice es una referencia para muchas cosas, entre ellas las revalorizaciones salariales, y el consenso sobre su validez es una de las bases de la economía moderna. Hoy no nos imaginamos qué podría ocurrir en las negociaciones colectivas si cada parte sentada a la mesa emplease índices distintos por no haber ninguno suficientemente aceptado.
Por supuesto que a nadie se le va a ocurrir a estas alturas renunciar al IPC, pero se ha puesto en cuestión innecesariamente cuando era bastante sencillo haber acompañado el nuevo cálculo durante algunos meses con el resultado según la fórmula anterior, para tener un criterio homogéneo de comparación.
Ante una gran parte de la ciudadanía, el IPC tendrá ahora la desconfianza de un índice maquillado, lo mismo que ocurrirá dentro de unos meses cuando se cambie el criterio de la EPA y sólo se considere parado a aquellos que busquen activamente empleo, lo que servirá para hacer desaparecer de un plumazo a 400.000 desempleados.
Sea necesario o no corregir los métodos estadísticos, es curioso que se haga siempre cuando las cosas no van bien. Ya lo hizo el PSOE al excluir a varios colectivos de los cómputos del INEM, cuando ninguna estrategia parecía dar resultado a la hora de detener el crecimiento del paro y ahora el PP, cuando se le tuercen los índices económicos que hasta ahora le resultaban tan favorables, vuelve a echar mano de ajustes estadísticos para rebajar por decreto la inflación y el desempleo.
Los periodistas tenemos el cinismo de asegurar que la realidad no puede destrozarte un buen reportaje. Los gobiernos lo tienen aún más tentador: disponen del BOE para, directamente, cambiar la realidad. Bush lo acaba de utilizar creando un organismo destinado a financiar la divulgación de informaciones falsas en medios de comunicación extranjeros con el objeto de predisponer a las opiniones públicas de esos países contra los enemigos de EE UU, porque al parecer no somos suficientemente ardorosos al juzgar a los malos y ponernos al lado de los buenos, lo cual es de una desfachatez insólita. Así que a partir de ahora, vale más arquear una ceja al leer o escuchar todo aquello que nos cuentan, porque no sabremos si es verdad o es “desinformación”, eso que antes se llamaban, lisa y llanamente, mentiras.

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