Más prevención, pero los mismos accidentes

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Los programas de prevención de riesgos laborales deberían mejorar su eficacia, dado que los accidentes no descienden en la misma medida en que aumentan los esfuerzos preventivos de la Administración, de las empresas y de los propios trabajadores. Esa es la principal conclusión que ofrecen las estadísticas de siniestralidad laboral. No cabe más remedio que analizar si los medios empleados son suficientes o si es necesario sustituirlos por otros más eficaces.
Para conocer las claves de lo que está ocurriendo, el Gobierno regional está preparando la I Encuesta Cántabra de Condiciones de Trabajo. Sus resultados, que se conocerán en el segundo trimestre de 2006, deben arrojar alguna luz sobre el problema, ya que no sólo recogen las actuaciones preventivas de las empresas sino también la opinión directa de los trabajadores. Aunque, con encuesta o sin ella, todo parece indicar que la siniestralidad laboral ha seguido una tendencia similar a la del año pasado y que el descenso en el número de accidentes es casi imperceptible, si bien es cierto que ha aumentado el censo de trabajadores.
En 2004 hubo 10.561 accidentes y, a falta de cerrar el 2005, la cifra se acerca a los nueve mil, la gran mayoría de tipo leve –que siguen subiendo– mientras los graves y los mortales afortunadamente descienden, aunque menos de lo que sería deseable.
Estos datos habrán de ser actualizados con la suma de los dos últimos meses pero la comparación con los diez primeros meses de 2004 indica que la estadística prácticamente no se mueve.
Con 2.261 accidentes, la construcción encabeza la lista de sectores productivos más peligrosos seguido de la industria manufacturera.

Parte de la gestión empresarial

De poco sirve que el jefe de mantenimiento de una fábrica se empeñe en que las máquinas estén en perfectas condiciones o que el responsable de producción obtenga el mayor número de piezas con la calidad programada, si no garantizan la seguridad y la salud de los miembros de su equipo. Por eso, la Administración anuncia que el Reglamento de los Servicios de Prevención sufrirá una modificación a lo largo del 2006 dirigida a integrar la prevención dentro del sistema general de gestión de la empresa. El objetivo es que empiece a formar parte de los procesos de producción, calidad, administración y, en definitiva, de todas y cada una de las labores empresariales.
Conseguirlo dependerá de que todos se involucren más en la prevención, no sólo el técnico o el experto designado por la empresa. Han de implicarse los trabajadores, los directivos y, en especial, los mandos intermedios, para quienes ha de ser una preocupación cotidiana.
Esta nueva forma de entender la seguridad ha de venir acompañada por la existencia de buenas condiciones materiales en las empresas. Resulta imprescindible la mejora de las instalaciones, de los equipos de trabajo y de los modos de organización de las tareas en todas las compañías que operan en la región.

¿Mayor conciencia?

No podrá hablarse de una mayor cultura preventiva hasta que eso se materialice en una tendencia continuada a la baja de los índices de siniestralidad.
El problema, en la práctica, es que las empresas sólo reducen su tasa de accidentes cuando existe un seguimiento administrativo y la posibilidad de ser sancionadas. Eso ha quedado constatado con las compañías inscritas en el Plan Regional de Alta Siniestralidad, empresas con tasas de siniestros elevadas que disminuyeron en un 35% de promedio tras ser incluidas en un programa estricto de control.
Para algunos expertos, el fallo está en la propia Ley de Prevención, que excluye a la Administración de cualquier responsabilidad y culpa a la empresa y al trabajador. Por eso, hay quien cree que podrían dar más resultado los premios que las sanciones.
Quizá, como opinan otros, el cambio de conciencia llegará de forma natural con las nuevas generaciones en sectores como la construcción, donde la media de edad es elevada, porque la clave es enseñar la prevención desde la escuela.
Lo único que parece claro es que el sistema de sanción no se ha revelado eficaz ni en Cantabria ni en el resto del país, ya que la media nacional de accidentes aún es más alta que la tasa regional. Y es que, en prevención de riesgos laborales, España sólo supera a Malta y Portugal.

Incertidumbre legal

Lo que era sólo una expectativa ya es una realidad. A un ritmo irregular, las mutuas han ido cumpliendo la nueva obligación legal de separar los servicios de prevención ajena de sus actividades mutualistas a través de la creación de sociedades independientes que compitan, en igualdad de condiciones, con las empresas privadas que, obviamente, carecen de su fortaleza.
Aunque la entrada en vigor de la normativa estaba anunciada para principios de año, se concedió a las mutuas una prórroga, a la vista de la dificultad para separar actividades que, hasta hace poco, compartían personal, instalaciones y medios.
Las consecuencias de este cambio legal en el mercado de la prevención ya han empezado a notarse, especialmente, en la tendencia al incremento de los precios y, según los más optimistas, en la calidad de los servicios prestados, siempre que el proceso no haya implicado, por el camino, un recorte de personal.

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