Los jóvenes cántabros se lanzan a la internacionalización

Los becarios repartidos por el mundo cuentan sus experiencias

En un mercado vez más global, la internacionalización se ha colado en la hoja de ruta de las empresas pero, ¿cómo se preparan para ello? Si hace unos años los jóvenes que querían formarse en comercio internacional viajaban a Berlín o a Londres para completar sus estudios, hoy lo hacen a lugares tan lejanos como Singapur o Dubái, y abren nuevas sendas comerciales para las empresas. El ICEX y Sodercan ofrecen anualmente becas de comercio exterior destinadas a preparar a la juventud cántabra para estos nuevos escenarios.


Cada vez son más las empresas que prueban suerte en el extranjero o que, al menos, exploran las vías para hacerlo. El Gobierno de Cantabria aprobaba a principios de este año su I Plan de Internacionalización, con el que espera mejorar la proyección exterior de las empresas cántabras.

Resulta necesario disponer de profesionales bien preparados, pero ya no es suficiente con saber hacer negocios. Los socios  extranjeros antes eran vecinos —como los franceses—, o provenían de culturas similares, como las europeas. Hoy en día hay que saber conectar con sociedades y maneras de hacer tan dispares como las de Oriente Medio o el Sudeste asiático.

La Sociedad para el Desarrollo de Cantabria (Sodercan) y el Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX) ofrecen cada año becas para que jóvenes cántabros puedan adentrarse en el comercio internacional, viviendo una experiencia laboral en el extranjero. Estas becas incluyen un periodo de prácticas y cuatro jóvenes de Cantabria tienen la posibilidad de trabajar durante un año como becarios en una de las oficinas del ICEX.

Sainz: ‘Las empresas medianas y pequeñas las que necesitan ayuda para explorar estos mercados’

“Con apenas 22 años tuve la oportunidad de trabajar en la oficina del ICEX en Dubái, junto a la embajada de España, a miles de kilómetros de mi ciudad”, comparte Jaime de Benito, que disfrutó de la beca en Dubái en 2018. Actualmente trabaja en el grupo empresarial IPC como gestor de proyectos de carburantes y energías. “Yo había estudiado Business Management, Administración de Empresas pero con perspectiva internacional, y esta experiencia fue transformadora”, recuerda Jaime. “Estuve en la oficina económica y comercial, y mis labores eran las de un agregado comercial al uso; me enfrenté al trabajo directamente. Nosotros ejercíamos de trade advisor, no de becarios”.

Margarita Muñiz, becaria del ICEX en Nueva York en el año 2022.

Como asesor comercial –traducción de lo que en el argot se conoce como trade advisor–, Jaime intervino de forma directa en los planes de expansión internacional de varias empresas y dio asistencia a aquellas que ya operaban en la zona. “Si un proveedor español tenía un problema en el puerto de Dubái, nos encargábamos de contactar con el responsable o de buscar soluciones. También recibíamos consultas de empresas para posicionar sus productos. Si una firma cántabra de anchoas quería vender en Dubái, nosotros hacíamos el estudio de mercado, analizando qué productos similares se venden allí o qué se demanda. Prestábamos servicio a las empresas de Cantabria. En mi caso, estaba especializado en el sector agroalimentario”, detalla Jaime.

Otro joven cántabro, Diego Sainz disfruta este año de la beca del ICEX en Singapur. “Terminé la carrera de Economía en 2024 y Singapur era un destino que tenía en mente desde hacía tiempo. Sobre todo, asesoro a empresas de la industria aeroespacial y la MedTech —tecnología médica— que quieren instalarse aquí”, explica Sainz. “Las grandes compañías no necesitan este tipo de servicio porque tienen los suyos. Son las empresas medianas las que necesitan ayuda cuando quieren aventurarse a explorar estos mercados”, analiza el joven economista.

Margarita Muñiz regresó a Cantabria tras completar sus estudios en Administración de Empresas y Derecho en Madrid, y disfrutó de la beca del ICEX en la oficina de Nueva York en 2022. Ella coincide con Sainz: “En ese momento (2022), las empresas de EE UU miraban a Europa con mucho interés, porque consideraban que estábamos más avanzados en renovables y pensaban invertir, sobre todo, en eólica marina. También acudían a nosotros muchas empresas de energía españolas”.

Entre las tareas de estos becarios está asistir a ferias sectoriales y colaborar en la organización de eventos empresariales. Este año se ha celebrado el encuentro España-Singapur, en el que Diego Sainz pudo colaborar y al que asistieron 400 personas y 250 compañías de ambos países. “A raíz de esto, dos empresas de España van a abrir oficina aquí; eso significa que lo que hacemos funciona”, destaca Sainz.

Nuevos socios, nuevos modos

A medida que el comercio se deslocaliza y se buscan mercados en lugares cada vez más alejados o inhóspitos, se va tornando más complejo negociar. Salvar diferencias culturales tan profundas determina el éxito o el fracaso a la hora de cerrar un acuerdo.

“Asentarse en Singapur, es muy complicado. Es un mercado emergente porque la calidad de vida está mejorando de forma vertiginosa, y se necesitan cosas que no se fabrican aquí, pero también es un lugar muy caro para establecerse de repente. Empezar de cero, sin la ayuda de un tercero, es muy difícil”, reflexiona Sainz desde la ciudad asiática.

Jaime de Benito, becario del ICEX en Dubái en el año 2018.

“Ahora todo el mundo quiere estar en Dubái”, asegura Diego Dávila, otro cántabro que fue becario en la ciudad emiratí en 2024 y que, tras conseguir trabajo a raíz de esta experiencia, viaja a Dubái, Arabia Saudí o Marruecos una vez al mes. “Es el nuevo hub de los negocios, es el gran epicentro de Asia. Recibe a empresas de todo el mundo; pero para destacar hay que poner mucho esfuerzo”, advierte.

“En Dubái, lo más complicado era trasladar a las nuestras empresas cuál es la realidad de allí. Una compañía española quería colocar su chocolate y esperaba venderlo diez veces más caro que aquí, pero eso no funciona así. Los dubaitíes ya tienen mucho recorrido en comercio internacional y gran parte de las empresas cuentan con extranjeros de todo el mundo en sus filas. Hay que saber enfocar a la empresa española sobre qué cualidades explotar o por dónde introducirse en aquel mercado”, comenta De Benito, quien estuvo un año en Emiratos Árabes.

Y es que la distancia geográfica también se traduce en modos de hacer negocios muy dispares: “Los árabes son gente muy cercana, no les gusta el trato online, y resulta muy importante el encuentro en persona”, comparte Dávila. “Para venderle algo a un emiratí, tienes que estar en contacto con él mucho tiempo. Hay que trabajar la confianza, prácticamente tienes que conocer a su familia, estar en su casa…”, agrega De Benito, que coincide con el análisis que hace su compañero.

Muñiz: ‘En EE UU los empresarios son más proteccionistas’

Por su parte, “Los empresarios de Singapur son muy abiertos, están dispuestos a comprar todo lo que ellos no tienen todavía o aquello que no pueden producir. Creo que esto es típico de todo el sudeste asiático, son muy aperturistas”, relata Sainz.

Como contrapunto, la vivencia de Margarita Muñiz en EE UU: “Los norteamericanos son muy proteccionistas. Están dispuestos a colaborar, a compartir experiencias, pero una vez tienen el know-how de cómo hacer algo, es complicado ir más allá. Un americano no está interesado en comprar nada que pueda producir por sí mismo”.

De su experiencia extrajo una importante lección: “Aprendí a relacionarme. Organizamos muchos encuentros para hacer networking porque, de primeras, el empresario local puede ser un poco cerrado. Pude entender que el mercado norteamericano funciona de forma muy diferente a como lo hace el español o el europeo”.

Forjar una visión global

Esther Ilincheta, becaria del ICEX en Chicago en 2024.

Estas experiencias en el exterior le han dado a los jóvenes cántabros una visión muy valiosa sobre las posibilidades del comercio internacional, extrapolables a otros países: “En el caso de EE UU, al ser un mercado que tiene tanto peso en el resto del mundo, aprendes sobre otros distintos, como el latinoamericano o el canadiense”, destaca Esther Ilincheta, una cántabra que el pasado año fue becaria del ICEX en Chicago.

A su vez, Diego Sainz, aún en Singapur, detecta movimientos en los polos comerciales. “Muchas empresas tienen ahora interés en esta región, como consecuencia de la política económica actual de EE UU”, advierte.

En la misma línea, Dávila comenzó su andadura en el comercio internacional durante su estancia en Dubái y ahora se dedica a ello de forma profesional, en base a su experiencia apunta a nuevos horizontes comerciales: “A veces que hay que adelantarse a los demás. Arabia Saudí se está transformando, quien que llegue ahora va a tener mucha ventaja en cinco años. Es un país complicado porque culturalmente está alejado de nosotros, pero el premio es muy grande”.

Además, estos cántabros establecen conexiones muy relevantes al pasar un año colaborando con empresas nacionales e internacionales, un capital muy valioso para cualquier marca española que quiera expandirse allende los mares.

Una especialidad cada vez más demandada

Los jóvenes becarios también han salido muy beneficiados. Diego Dávila, arquitecto de formación, ya había conseguido trabajo como técnico en comercio internacional antes de acabar la beca: “Una empresa con la que yo había tenido contacto como becario le pidió al consejero de la oficina mi contacto, porque buscaban a alguien con un perfil junior para abrir mercado en Asia”, revela. En actualidad, trabaja en Unex Aparellaje Eléctrico, firma barcelonesa de carácter familiar que confió en él para tratar de hacerse un hueco en los mercados árabes.

Diego Sainz, actual becario en la oficina del ICEX en Singapur.

Jaime de Benito también consiguió trabajo a partir de su estancia en Dubái. Primero, en los departamentos de exportación de Fonestar y Vitrinor, y aunque su puesto actual no está ligado a este área, fue su trayectoria lo que llamó la atención de IPC, la compañía donde trabaja desde 2022.

Margarita Muñiz se especializó durante su beca en Nueva York en el sector de las energías renovables y eso la llevó hasta el departamento de sostenibilidad de Deloitte, consultora a la que la joven cántabra se incorporó al poco tiempo de terminar su beca.

Después de su estancia en Chicago, Esther Ilincheta pasó a Earpro&EES, una consultora tecnológica del Grupo Midwich Iberia, y actualmente trabaja en una multinacional del sector conservero, desde donde destaca las posibilidades laborales que ofrece este área: “Es un sector en evolución, es muy dinámico y siempre necesitan gente que se adapte a ello”.

Salir al exterior y descubrir sus posibilidades supone aceptar que algunos de ellos no volverán a la región, al menos por el momento, porque quedan deslumbrados por las posibilidades de tener una carrera brillante en las empresas locales de esos lugares o por entender que allí pueden generar más valor abriendo mercados a las empresas españolas, lo que están haciendo ahora pero desde una perspectiva más profesional. Antes de acabar la beca, Diego Sainz ya advierte que pretende quedarse en Singapur, “y ya estoy buscando trabajo aquí”.

Lincheta: ‘Es un sector muy dinámico, siempre buscan gente’

Más allá de la importancia personal y profesional que supone enfrentarse a vivir y trabajar en el extranjero, estos cántabros están de acuerdo en que el carácter práctico de esta experiencia ha supuesto un punto de inflexión en su desarrollo laboral, porque es ese trabajo de campo lo que más les ha ayudado a adentrarse y a destacar en un mundo tan pragmático como es el empresarial.

Existe otra línea de ayudas para que las empresas cántabras contraten a jóvenes con experiencia en comercio internacional. “Esto puede ser una forma de que todo el conocimiento y el esfuerzo se quede en Cantabria. Puede ser un empujón para que las empresas cántabras opten por estos roles y no tengamos que irnos a Madrid o a Barcelona”, apunta Jaime de Benito.

Y es que esta generación de jóvenes cosmopolitas, cada vez más formados en negocios internacionales, puede suponer un revulsivo para la proyección de las empresas cántabras fuera de la región o para evitar que tengan que trasladarse a ciudades más grandes para labrarse un hueco en el ámbito profesional.

Begoña Cueli

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