La inmobiliaria Mikeli se lanza a la construcción de mansiones de lujo
Antonio Avilés: ‘Cantabria puede ser el referente del lujo en el Norte’
Si antaño Cantabria fue uno de los lugares de recreo preferidos por las grandes fortunas, el lujo vuelve a abrirse paso en el paisaje cántabro. Su condición de refugio climático; la posibilidad de elegir entre mar y montaña; y la privacidad y seguridad que conserva convierten la región en un referente para la clientela del lujo. Sin embargo, expertos como Antonio Avilés, propietario de Mikeli, advierten de que antes es necesario crear todo un entorno enfocado al lujo. Él, por lo pronto, va a añadir a su inmobiliaria una nueva actividad: la construcción de mansiones exclusivas.

Al pasear por las sendas cántabras es posible observar, con cada vez más frecuencia, la construcción de casas de grandes dimensiones que asoman con timidez entre la flora o junto a las costas. Todas tienen algo en común: se ubican en lugares de difícil acceso y su visibilidad está bastante limitada para los ajenos. Pero las mansiones no son algo novedoso en Cantabria.
La región ha sido, históricamente, uno de los lugares de recreo preferidos por los más acaudalados —incluidos los reyes—, y siempre ha contado con grandes casonas, palacetes y mansiones esparcidas a lo largo de su geografía. Esa tradición se cortó con la llegada del turismo de sol y playa, y con el desplazamiento del lujo a Marbella o Baleares.
No obstante, en los últimos años la región ha vuelto a despertar el interés de quienes quieren encontrar un emplazamiento exclusivo. Y es que, como defiende el experto en este tipo de inmuebles, Antonio Avilés, propietario de la inmobiliaria especializada en lujo Mikeli, Cantabria reúne muchas de las cualidades que estos compradores incluyen en sus listas de deseos. “Aquí tenemos todas las mimbres para hacer un buen cesto”, señala destacando el potencial del territorio.
El calor veraniego excesivo en las costas más cálidas del país es uno de los factores que juega a favor de Cantabria. “El clima, que antes era un inconveniente, ahora es un punto a favor”, subraya, y asegura haber detectado cómo crece el interés por Cantabria entre los compradores de mayor poder adquisitivo: “Hay gente huyendo de la masificación del sur, del sol y del calor. En Marbella y en otras localidades del litoral mediterráneo, en verano, a las doce del mediodía ya no se puede jugar al golf. Tienen que jugar prácticamente de noche y con iluminación artificial”. Algo que en Cantabria no sucede ni en los días más calurosos.
“Es una de las regiones más bonitas de España”, subraya Avilés, que también destaca la gastronomía popular, su buen producto local y “todas las estrellas Michelín” que tiene en su haber. Es aquí donde hace un alto, pues cree firmemente en que la región puede convertirse en el “referente del lujo en todo el norte”, por encima de Bilbao, Oviedo o La Coruña.
Una apuesta que requiere encender las luces largas
El propietario de la agencia de real estate trata ahora de impulsar una asociación regional de empresarios vinculados a productos y servicios de lujo. Avilés considera una condición sine qua non apostar por los servicios asociados que busca este tipo de cliente, para que el sector inmobiliario y el turístico escalen un peldaño.
Reconoce que es un trabajo a largo plazo y “no se puede hacer de un día para otro”. Evoca los años 60 y 70 cuando Marbella apostó por atraer a reyes y príncipes saudíes que llegaban en yates colosales, a las celebridades y cantantes “y eso puso a Marbella a la altura de Cannes o Mónaco”.

Pero, para ello, hay que “poner las luces largas”, insiste, y señala al cortoplacismo político —de cualquiera de los colores— como uno de los mayores obstáculos para hacerlo realidad. Y es que para que la vivienda de lujo prospere en Cantabria, insiste en que los servicios asociados tienen que mejorar.
‘El clima, que antes era un inconveniente, ahora es un punto a favor’
Además del golf y de la gastronomía más elevada, “necesitamos más calles de lujo, más hoteles de lujo, más restaurantes de lujo”, para atraer a esta clientela. Y añade un puerto deportivo en el que “entren yates de 20 o 30 metros”, más tiendas donde comprar “Hermès o Rolex y no cinco, sino veinte estrellas Michelin”, sugiere. Está seguro de que este posicionamiento beneficiaría a otros sectores de la economía regional.
“Desde las instituciones vuelcan los esfuerzos en el volumen de gente que visita Cantabria, aunque sea llenándola con alumnos de institutos, que también está muy bien, pero no trae dinero”, enfatiza. Él sigue luchando para que se invierta más en el turismo de calidad: “Recibir mucha gente eleva costes, como los del transporte, mientras que si se atrae más nivel, aumenta la venta de chalets, casas y pisos de lujo. Esa gente tributa mucho más, pagará más basuras, más IBI, más de todo, y eso le viene bien a las arcas del Gobierno regional y de los ayuntamientos”, defiende.
Él mismo quiere pasar de la teoría a los hechos y está ultimando una asociación de empresarios vinculados a los productos exclusivos, “para fomentar y proyectar una imagen referente en el lujo”.
Las nuevas tendencias del lujo: construir a la carta
Esto le ha llevado a dar otro paso más y ha decidido que Mikeli, además de ser una inmobiliaria de lujo sea también promotora de nuevas construcciones. “Ya hemos comprado algunos terrenos para ello”, confiesa. A raíz de la experiencia adquirida con esta clientela, quiere “darle a quien venga la opción de construir a la carta”.
Asegura que los compradores ya no solo buscan un inmueble o unas calidades concretas, quieren construirlo según sus preferencias. Hoy en día, “quien tiene dinero quiere algo exclusivo y distinto”, y que no se parezca en nada “al de al lado”. Por eso, él no entrará en el negocio de los chalets seriados. “Desde Mikeli queremos decir a los interesados: si usted busca una mansión, una vez obtengamos la licencia, la tendremos lista en un año”, detalla. “Si en vez de cuatro supersuites de 100 metros, quiere cinco, pues cinco tendrá; si quiere tres, tres; si quiere bodega porque le gusta el vino, pues perfecto; y si quiere un spa, pues lo hacemos”, comparte orgulloso.
‘El comprador de lujo quiere intimidad y vistas’
No obstante, la promoción no es un campo desconocido para él. Hace unos años, Mikeli se hizo con una pedanía entera a los pies de los Picos de Europa, Pendes, donde acomete una intervención muy peculiar: remodela el interior de los edificios para ofrecer unas instalaciones de lujo, manteniendo y respetando la estética rústica del exterior. Esta obra, de ritmo lento por su complejidad, estará lista en “unos tres años”, calcula, para ofrecer turismo rural del más alto nivel.
Al contrario que en épocas pasadas, estos compradores ya no buscan exclusivamente la costa, también miran al interior de la región. “El comprador de lujo quiere, sobre todo, vistas”, subraya Avilés.

Quienes compran mansiones también desean intimidad, lo que se convierte en una alternativa a la fiebre por construir a pie de mar, que acabó por masificar los litorales españoles, y puede ser un revulsivo económico para las áreas rurales en riesgo de despoblamiento.
“La gente que busca el inmueble de lujo no quiere masificación, desea discreción”, corrobora el propietario de Mikeli. “Hay público para todo y Cantabria lo tiene, porque en el interior hay pueblos preciosos como Santillana, Liérganes o los Picos de Europa; y en la costa, Comillas o San Vicente de la Barquera”.
También ha cambiado la temporalidad. Cantabria ya no solo interesa para una segunda residencia y compite, igualmente, por atraer residentes habituales. Gracias a la red internacional Luxury Real Estate, en la que está integrada Mikeli, importantes personalidades han aterrizado en Cantabria, como un afamado escritor que abandonó Nueva York para instalarse en El Sardinero y pasar aquí su jubilación. “Cada vez más gente elige Cantabria para jubilarse”, confirma Avilés, y la alta tensión internacional hace aún más deseable un rincón tranquilo.
Inversores y grandes fortunas buscan lugares seguros y es una clientela que, por su solvencia, no padece altibajos. “Son como el oro, un valor seguro”, resume Avilés.
Begoña Cueli



