El teleférico de Salime, una obra emblemática de Nueva Montaña Quijano

Fernando Sopeña Pérez. Red de Patrimonio Industrial de Cantabria

A partir de 1946 se iniciaron las obras preliminares imprescindibles para la construcción del embalse de Salime, sobre el rio Navia. Nos referimos a los caminos, carreteras, líneas de energía, telefónicas, planos inclinados, almacenes y poblados para los trabajadores, necesarios para llevarla a cabo. Fue una obra colosal para la época, cuando en nuestro país se encontraba en la primera etapa autárquica, caracterizada por una gran depresión de la producción, el hambre, la escasez de todo tipo de bienes y el mercado negro. En el ámbito internacional destacaba el aislamiento impuesto a España por razones políticas.

Los 36 kilómetros del tendido del teleférico transportaron las casi 190.000 toneladas de clínker empleadas en la presa.

Un año antes, Hidroeléctrica del Cantábrico y Electra de Viesgo constituyeron, a partes iguales, la compañía Saltos del Navia, que fue respaldada financieramente por el Banco Urquijo, cuya oficina de estudios elaboró los proyectos.

La presa se sitúa en la confluencia de los concejos de Pesoz, Allande y Grandas de Salime, a unos 410 metros de altitud, aunque para llegar a ella desde la costa haya que superar altitudes superiores a los 620 metros.

Esta presa de gravedad y de 132 metros de altura sobre cimientos, fue en su día la mayor de España y la segunda de Europa. El embalse, que requirió 630.000 metros cúbicos de hormigón, tiene una superficie de 685 hectáreas, con una capacidad de 265 hm³ y una lámina del agua con más de 30 kilómetros de longitud. La central hidroeléctrica cuenta con cuatro grupos generadores de 32 MW cada uno.

Bajo el agua quedaron varios pueblos de Asturias y de Lugo, así como cinco iglesias, ocho puentes, cuatro cementerios y miles de fincas y solares.

Para alojar a los trabajadores se construyeron cuatro poblados, tres sobre la ladera izquierda del rio y un cuarto en la contraria, próximo a la presa.

El de A Paicega, en lo alto de la ladera, a 597 metros de altitud, tenía 12 pabellones de tres viviendas cada uno, economato, almacén, panadería, caseta de transformación, cantina, cuartel, iglesia y escuela para niños y para niñas. Ubicado en Pesoz, se pueden visitar las ruinas.

El mural que hizo Joaquín Vaquero Turcios en la estación de la central homenajea a quienes construyeron el embalse.

En la parte intermedia de la ladera se encontraba el de Campín, el mayor de todos: 14 pabellones de dos pisos con capacidad para 1.200 trabajadores. Al igual que el anterior estaba dotado de todo tipo de servicios incluido un salón de cine.

El tercer poblado sobre la misma ladera y próximo a la carretera era el denominado Vista Alegre. Cuatro edificios de tres plantas para empleados y cinco chalets para ingenieros de la empresa constructora, Agroman. El poblado todavía está en pie.

El cuarto poblado, el de Eritaña, se localizaba en la margen derecha del rio, cerca de la presa y constaba de cuatro pabellones de dos pisos, con capacidad para 500 trabajadores. Todos los poblados tenían similares servicios.

La sociedad promotora tomó la decisión de fabricar a pie de obra el cemento necesario para los hormigones, lo que suponía un importante ahorro en los envases y en las mermas que se producían en las operaciones de carga, descarga y estiba, estimadas en un 4%.

Para mover los materiales se había previsto la adquisición de cien camiones de 10 Tm, pero las dificultades de importación, la escasez de combustibles y la irregularidad de la carretera que imposibilitaba el paso en varios puntos desde Navia obligaron a desechar la idea.

Las necesidades del clínker para fabricar el cemento se había estimado en 37.000 Tm anuales, que debía suministrar Tudela Veguin desde su planta de Trubia, pero ante estas dificultades se decidió acercar el clínker por vía marítima hasta la ría de Navia y desde ahí por teleférico hasta la obra.

La asistencia técnica del teleférico corrió a cargo de una empresa italiana especializada, Ceretti y Fanfani, que aún existe.

La presa de 132 metros de altura de Salime fue una obra titánica en su tiempo.

Este teleférico fue en su momento el mayor de España y el más importante en su modalidad en Europa. El proyecto, el suministro de los elementos metálicos y la instalación completa corrió a cargo de la empresa cántabra Nueva Montaña Quijano. Nos referimos a los cables, poleas, rodamientos, columnas metálicas… Todo ello bajo el criterio técnico de la empresa italiana.

Para la fabricación de un m³ de hormigón se necesitan 12 sacos de cemento 25 kilos. Eso significa que para la construcción de la presa fue necesario transportar el equivalente a 7.560.000 sacos de cemento, 189.000 Tm.

Esta colaboración entre la empresa italiana y la cántabra se extendió posteriormente a otras construcciones similares, como los teleféricos de Fuente De o el del Teide.

En 1948 se constituyó Nueva Montaña Quijano, SA (NMQ) de la unión de Sociedad Anónima José María Quijano, Forjas de Buelna, de Los Corrales, y la Sociedad Anónima del Hierro y del Acero de Santander.

La factoría corraliega fabricaba los cables para teleféricos y para puentes colgantes. mientras en la de Santander se realizaron las piezas fundidas y forjadas, así como los trabajos de calderería y construcciones mecánicas.

Características del teleférico

Se decidió que el teleférico partiese de El Espín, una población de concejo de Coaña situada enfrente de Navia, en la margen derecha de la ría del mismo nombre.

El recorrido del teleférico a lo largo de 36 kilómetros debía remontar el valle del Navia hasta la presa, superando un desnivel de 600 metros mientras atravesaba los concejos de Coaña, Boal, Eilao y Pesoz.

En El Espín se construyó un muelle de atraque para barcos de 150 Tm, dos grúas para la descarga, una de 90 Tm y otra de 30, cintas elevadoras, silos con capacidad para 3.500 Tm de clínker y tolvas con dispositivo de carga por gravedad.

La línea de descarga estaba compuesta por dos cintas transportadoras que introducían el material por la parte superior del silo, con capacidad para 3.500 toneladas. Alcanzado un nivel mínimo de almacenamiento, el clínker caía a las vagonetas suspendidas del cable por unas tolvas, existiendo la posibilidad de desviarlo hacia otras destinadas a la carga de camiones.

Según los criterios originales de Ceretti & Fanfani, el teleférico tricable debía tener las siguientes características:

– Longitud: 36,6 kilómetros
– Número de castilletes: 184
– Vanos entre castilletes: entre 30 y 1.000 metros, dependiendo del terreno.
– Capacidad de transporte: 35 Tm /hora
– Número de vagonetas circulando: 530
– Número de vagonetas de reserva: 40
– Capacidad de carga de las vagonetas: 400 kilos
– Distancia entre vagonetas: 144 metros
– Número de estaciones intermedias: 7
– Número de estaciones motrices; 4
– Dispositivos de anclaje y tensión: 13

El teleférico contaba con una doble línea; la de ida (vagonetas cargadas) y la de vuelta (vagonetas vacías), con movimiento continuo en sentido antihorario.

Al llegar a cada estación, las vagonetas se desenganchaban automáticamente del cable tractor y se enganchaban de nuevo al cable tractor de la sección siguiente, aunque debían ser empujadas manualmente entre ambas operaciones. En la estación de llegada se producía la descarga de forma automática.

La estación de descarga se situaba a una cota un poco superior a la obra. Así, el material se volcaba a unos canalones inclinados que transportaban el clínker a unos depósitos.

Los tres silos de almacenaje del clínker tenían una capacidad de 8.000 toneladas, y estaban directamente vinculados al secadero y a los molinos del material, como paso previo a su mezcla con otros componentes para fabricar el cemento.

Construcción de castilletes de madera.

Sobre la mitad del recorrido, en el pueblo de Cedemonio, se construyó una estación intermedia, dotada de silos con capacidad para 2.000 Tm que permitió independizar los dos tramos, evitando que en caso de avería en uno de ellos se interrumpiera el suministro de clínker a la fábrica de cemento.

A lo largo de todo el recorrido existían 13 dispositivos de anclaje y/o tensión. Tenían una base de hormigón armado y una estructura metálica de la que colgaban poleas que guiaban los cables flexibles, de cuyo extremo pendían contrapesos para mantenerlos siempre tensos. Cada tramo de cable contaba con un anclaje en un extremo, y un sistema de tensión con poleas en el otro.

Como apoyos intermedios, y puntos para cambios de dirección y de pendiente, se utilizaron castilletes, la mayoría de madera con cimentación de hormigón, aunque también se hicieron metálicos en zonas donde no había árboles de los que obtener la madera.

Nueva Montaña Quijano fue la encargada de construir todas las estaciones metálicas (se estima que se utilizaron 1.163 toneladas), los puntos de apoyo de madera y los cables. De Italia se importaron las carretillas, así como los aparatos de enganche y desenganche de las estaciones.

A pesar de que la construcción del teleférico fuera un éxito, no fue un camino de rosas. Hubo accidentes, caídas de castilletes, caída de vagonetas, roturas de cables…

La construcción y montaje del teleférico llevó año y medio, entre 1948 y el año 1949. NMQ tuvo que desplazar sus ingenieros y contratar topógrafos, carpinteros y montadores que, bajo la supervisión de los técnicos italianos, desarrollaron la obra que fue puesta en marcha en 1950.

Qué queda del teleférico

Dispositivo de anclaje y tensión.

He recorrido una parte del trazado del teleférico y he encontrado algunas estructuras, muy escasas y de no demasiada entidad, ya que la vida útil del teleférico siempre estuvo condicionada a la construcción de la presa de Salime.

Una vez concluido el muro de la presa y puestos en marcha los primeros grupos, el teleférico dejó de funcionar y fue desmantelado, conservándose únicamente algunos apoyos de hormigón armado de los castilletes de madera y, algunas torres metálicas. Los cables, la línea telefónica entre estaciones y el equipamiento electromecánico fueron desmontados

Hoy se conservan el muelle de El Espín, algunas bases pilotadas sobre la marisma, parte de los dispositivos de anclaje y de tensión y la estructura de la estación terminal.

No conviene olvidar que el teleférico que iba del puerto de El Espín a la obra del salto de Salime fue el medio de transporte de materiales industriales más importante en su época a nivel europeo, construido además en unas circunstancias económicas muy difíciles.

El profesor José Alberto Lage, que ha estudiado el sistema, sostiene que sin la aportación del teleférico en el movimiento de materiales, las obras hubiesen demorado diez años más.

Con esta ejecución, NMQ se doctoró en este tipo de instalaciones y la colaboración entre la ingeniería italiana y la empresa cántabra se extendió a otros proyectos.

Dada la situación actual de los restos del teleférico, sería conveniente realizar intervenciones que permitan frenar el deterioro y mejorar la conservación de uno de los elementos de patrimonio industrial más interesantes que tienen en Asturias. A su vez, el grupo Celsa, como continuador de NMQ, debería facilitar el acceso a sus archivos, para tener una visión más completa de su intervención en esta titánica obra.

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