El sistema de reconocimiento biométrico amenaza con colapsar los ferries

El Puerto ensaya la forma de agilizar el control nuevo sobre británicos y otros pasajeros de terceros países

El pasajero de los ferries que llegan a Santander estaba acostumbrado a subirse al coche dentro de los hangares del barco y, en pocos minutos, encontrarse en la Calle Castilla, de camino a su destino en España. Los buques se vaciaban y volvían a llenar con una fluidez sorprendente. El Brexit ya complicó este proceso, al reestablecer las fronteras, pero es ahora, con los nuevos protocolos de seguridad para la entrada y salida en la UE cuando se puede originar un auténtico colapso. ¿Cómo conseguir que casi 2.000 pasajeros pasen por los controles biométricos, que requieren varios minutos por persona, sin que se formen colas inmensas? ¿Cómo mantener las escalas programadas de los barcos, si la demora en un puerto hará imposible la siguiente?


Desde hace meses, el Puerto de Santander y Brittany Ferries trabajan para encontrar una solución que evite el colapso que se presume en el nuevo control de fronteras. La Autoridad Portuaria se ha gastado 1,8 millones de euros para que durante 36 meses un equipo de auxiliares de una empresa privada informe a los pasajeros de terceros países (los que tienen que pasar el control, que en su mayoría serán británicos), y gestionen las colas, para tratar de agilizar este proceso, ya que de lo contrario, se pone en peligro toda la programación de los ferries.

El problema no se va a resolver fácilmente, porque la implantación del Sistema de Entradas y Salidas de la Unión Europea (EES, por sus siglas en inglés) supone una transformación profunda en el control de fronteras exteriores del espacio Schengen. Concebido para reforzar la seguridad, digitalizar procesos y mejorar la trazabilidad de los viajeros extracomunitarios, este sistema también amenaza con empeorar la experiencia del pasajero, que tendrá que soportar largas colas, y debilitará la competitividad del Puerto frente a otros sistemas de transporte.

Cada año, el ferry mueve alrededor de 250.000 viajeros al año y en cada viaje puede llegar a embarcar 100 camiones o 600 automóviles. La travesía a Plymouth dura entre 22 y 24 horas. FOTO: DAVID S. BUSTAMANTE

Las quejas han llevado a las autoridades comunitarias a retrasar tres meses la puesta en vigor de este mecanismo, que en principio iba a ser obligatorio para los estados miembros desde el pasado 10 de abril. En este tiempo de gracia, el Puerto trata de ir engrasando los sistemas de control para evitar males mayores a partir de su implantación definitiva.   

El EES sustituye el tradicional sellado manual de pasaportes por un sistema automatizado que registra datos biométricos —huellas dactilares y reconocimiento facial— junto con la información personal del viajero. Su objetivo es doble: mejorar la seguridad mediante la identificación precisa de los individuos y controlar de forma automatizada la duración de las estancias en territorio Schengen.

El principal riesgo

Las nuevas cabinas de control que ha instalado el Puerto para los pasajeros extrracomunitarios.

El problema más inmediato y complejo de solucionar es el aumento de los tiempos de control. Cada pasajero extracomunitario deberá pasar por un proceso mucho más prolijo que el actual: escaneo de pasaporte, captura de huellas, fotografía facial y validación en bases de datos. En teoría, este procedimiento puede realizarse en poco más de un minuto, pero la experiencia reciente en los aeropuertos demuestra que, en condiciones reales, esa tramitación puede llegar a requerir hasta seis minutos por persona, generando colas de horas en momentos de alta demanda.

En un puerto como el de Santander, donde los ferries concentran grandes volúmenes de pasajeros en ventanas temporales muy estrechas, este efecto se multiplica, y hay que recordar que algunos de estos barcos, como el ‘Pont Aven’ pueden llegar a transportar 1.900 pasajeros. Por muchos puestos de control que instale el Puerto, las colas pueden ser inmensas.

En el transporte marítimo de pasajeros las llegadas y salidas tienen los tiempos muy ajustados. En el caso de los ferries, en apenas una hora, desembarcan los viajeros y los vehículos y embarcan los que van al siguiente destino. Mientras se produce ese reemplazo, un batallón de personal de limpieza vuelve a dejar todos los camarotes y salones del barco en estado de revista.

Impacto directo en la operativa portuaria

Ese mecanismo siempre ha funcionado como un reloj y es uno de los motivos por los que Brittany Ferries ha apostado por Santander. Cualquier retraso en el desembarque o embarque puede afectar a toda la cadena logística, porque ese ferrytiene programado otra ruta inmediatamente después, que ya no podrá atender, al no tener margen para ganar durante la travesía las horas perdidas, sobre todo después de haber limitado la velocidad de crucero para ahorrar combustible y poder cumplir, de esta forma, las nuevas exigencias ambientales.

El Puerto de Santander ya ha expresado su preocupación, porque, en un contexto donde todos compiten por atraer tráfico, cualquier factor que reduzca la eficiencia puede tener consecuencias económicas relevantes.

Nuevas infraestructuras

La implantación del EES exige una adaptación física de las instalaciones. Lo primero, la instalación de las nuevas cabinas de control, con un coste de 3,4 millones de euros, pero no se trata solo de instalar máquinas: implica rediseñar los flujos de pasajeros, ampliar zonas de control y garantizar espacios adecuados para la gestión de colas.

La urbanización del triángulo de Raos APORTA 1.800 PLAZAS PARA COCHES. Después de superar un largo proceso judicial iniciado por Ecologistas en Acción, la Autoridad Portuaria pudo acometer la urbanización de esta superficie de 45.000 m2 en Raos Sur, que viene a reforzar su capacidad para tráfico rodado. Esta ampliación de la campa de coches recién acabada ha costado 6,2 millones de euros y le añadirá al Puerto más de 1.800 plazas de almacenamiento de coches.

Otro de los grandes desafíos es la dependencia de sistemas tecnológicos complejos. El EES requiere el funcionamiento coordinado de dispositivos biométricos, software de gestión, conexión con bases de datos europeas y una infraestructura de red estable

En un puerto como Santander, donde la ventana temporal para tramitar la identificación de los pasajeros es muy limitada, un fallo puntual puede tener consecuencias desproporcionadas, generando cuellos de botella difíciles de resolver en tiempo real.

Escasez de personal y necesidad de formación

Aunque el nuevo sistema pretende automatizar procesos, en la práctica aumenta la necesidad de personal. Los viajeros deben ser guiados en el uso de los dispositivos, especialmente aquellos menos familiarizados con la tecnología y el Puerto ha tenido que contratar personal auxiliar para apoyar a la Policía Nacional en la gestión de los controles y en la organización de colas.

Este refuerzo humano evidencia que la automatización no elimina la necesidad de recursos humanos, sino que la transforma.

Además, se requiere formación específica tanto para los agentes como para el personal de apoyo, lo que implica tiempo y costes adicionales.

El Brexit agrava la situación. Reino Unido, principal origen y destino del tráfico de pasajeros en Santander, ha pasado a ser considerado país tercero y esto implica que millones de viajeros que antes pasaban controles muy ágiles ahora están sujetos al EES.

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