El Parador de Santillana reabre sus puertas tras una reforma integral con la que logra su cuarta estrella
El antiguo anexo del Gil Blas estrena nombre propio: Parador de Santillana Altamira
Cinco años cerrado, dieciocho meses de obra y ocho millones de euros después, el segundo parador de Santillana del Mar ha vuelto a abrir sus puertas al público. Y ya no es el hermano pequeño del Gil Blas: ha ganado una estrella, tres habitaciones, una envolvente térmica que lo pone a la altura de este siglo y hasta un apellido —Altamira— que lo vincula con el territorio. Con él, la villa medieval recupera una rareza que solo comparte con un pueblo de La Rioja: albergar dos paradores en la misma localidad.
Durante cuatro décadas, quien reservaba alojamiento en el Parador de Santillana del Mar pensaba en el Gil Blas, la casona señorial frente al Ayuntamiento, mientras que el edificio que éste tiene detrás —abierto en 1987 y conocido de manera coloquial como “el anexo”— acogía a los que no entraban en el principal. Pero esa jerarquía ya se acabó. Y es que ahora ha reabierto con nombre propio, Parador de Santillana Altamira, una categoría superior en el ranking hotelero y una reforma que ha afectado a prácticamente cada metro del inmueble. La reinauguración ha tenido lugar el 5 de junio y los primeros clientes con reserva han entrado el 11.
Ocho millones de euros ha destinado el Ministerio de Industria y Turismo a poner al día un edificio que llevaba mucho tiempo sin una actualización a fondo. La obra la ha ejecutado la constructora cántabra SIEC, y el resultado habla por sí solo: el inmueble pasa de tres a cuatro estrellas, gana tres habitaciones —de 28 a 31— y reestrena unas instalaciones que arrastraban casi cuarenta años sin renovarse. Desde que abrió en 1987 no se había acometido ninguna mejora sustancial.

La reforma que se ha llevado a cabo se explica mejor por capas. La primera, la que no se ve pero condiciona todo lo demás, es la energética. Se ha intervenido en la envolvente térmica del edificio, se ha aislado la cubierta y se ha renovado por completo la carpintería exterior, además de instalar un nuevo sistema de climatización con su distribución y producción.
La segunda capa es la accesibilidad, un apartado que en hoteles antiguos suele resolverse con un parche y que aquí se ha abordado de raíz.
Se ha cambiado el ascensor, se han modificado los aseos comunes y se ha habilitado en la planta baja una unidad de alojamiento adaptada. Es, además, la habitación más emblemática del parador: una suite accesible que demuestra que adaptación y categoría no tienen por qué ir por separado.
A esto se suma la mejora general de la habitabilidad: acondicionamiento acústico, reorganización de los espacios y recorridos interiores, y una renovación total de acabados. El resultado es un edificio más funcional y con zonas comunes más amplias.

La tercera capa es la que primero percibirá el viajero: el interiorismo. La consigna de Paradores fue exigente: evocar las tradiciones y la artesanía de la región con piezas contemporáneas. De fondo, el mar, la montaña y el bosque, huyendo del cliché montañés de catálogo.
El hall tiene ahora suelos claros, paredes forradas de fibra natural en tonos beiges y un techo de listones de madera que ordena la luz. En el centro, un sofá circular tapizado en terciopelo verde; y, frente al mostrador de la recepción, dos sillas de madera. Pero lo más llamativo es la figura que emerge en una pared: un gran panel retroiluminado que imita la sección de una roca de cuarzo, una veta de mineral encendida por dentro: el primer guiño al mundo de las cuevas de Altamira, ubicadas en la localidad de Santillana, y uno de los grandes referentes culturales del país.

Los salones de la planta baja, por su parte, son espacios diáfanos comunicados entre sí, con columnas revestidas de fibra y falsos techos de madera que enmarcan cada ambiente.
Conviven butacas de madera clara tapizadas a rayas con sofás mullidos tapizados en lino crudo, una chimenea de piedra, una mesa corrida de madera maciza para leer o trabajar y ventanales en arco con carpintería de madera que parecen adentrarse en la vegetación del entorno.
Las habitaciones comparten la misma idea. Amplias, con suelo de madera clara y mucha luz natural, combinan un cabecero textil de motivos tradicionales –casi un tapiz– con líneas actuales en la ropa de cama blanca rematada con un pie de cama verde salvia.

También cuentan con una zona de estar con sofá, mesa con sillas para comer o trabajar dentro de la propia habitación y salida a una terraza volcada al arbolado.
Cabe destacar la decoración de los baños. Están revestidos en piedra clara, con doble lavabo y ducha de obra con mampara de vidrio y rociador de lluvia.
Detrás de la obra hay un grupo de empresas cántabras. Junto a SIEC han participado Ingualva, Veolia, Preconor, Maderas I y Alufasa en tareas como la envolvente térmica, carpintería, instalaciones… El mobiliario y decoración fue adjudicado a la murciana Suinta, que ha renovado las estancias principales de los dos paradores de la villa, de las zonas comunes a las habitaciones.
Dos paradores en la misma localidad
Santillana es, junto a Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja, el único municipio español con dos paradores, y en la localidad cántabra ni siquiera se ubican en barrios distintos: cuarenta metros separan uno de otro, los dos ubicados en la Plaza Mayor, el Gil Blas mirando al Ayuntamiento y el Altamira a su espalda.

Esa proximidad se ha aprovechado para mejorar la eficiencia en la gestión. La reforma une ambos edificios para que compartan servicios como la climatización, las telecomunicaciones o la electricidad, de modo que la anécdota geográfica acaba traduciéndose en ahorro.
El Gil Blas también ha pasado recientemente por un lavado de cara. Reabrió el 30 de abril tras una intervención más modesta (unos 900.000 euros de inversión), centrada en la terraza, el agua caliente y las instalaciones de gas.
Las actuaciones en uno y otro están enmarcadas en el plan de modernización de los Paradores españoles, dotado con 300 millones de euros, que pretende tener un centenar de establecimientos actualizados para 2028, cuando se cumplirá el centenario de esta red pública que ha servido para mantener, actualizar y dar uso a numerosos palacios y edificios nobles repartidos por España que, de otra forma, estarían sumidos en la decadencia o desaparecidos.

A la reapertura del Parador Santillana acudió el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, acompañado por la secretaria de Estado de Turismo, Rosario Sánchez Grau; la presidenta de Paradores, Raquel Sánchez; el delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares; la alcaldesa, Sara Izquierdo; la presidenta del Parlamento cántabro, María José González Revuelta; y el consejero de Turismo, Luis Martínez Abad.
El 11 de junio han entrado los primeros huéspedes. Inauguraban una nueva época del antiguo «anexo», que ha pasado a tener personalidad propia, cuatro estrellas, y una actualización que lo cambia todo.
Rubén Alonso



