Cantabria vuelve a cifras de matriculación prepandemia

La región matriculó 17.500 vehículos en 2025, un 21% más que el año anterior

Cantabria cerró 2025 con 17.547 vehículos matriculados, un 21,3% más que el año anterior y la mejor cifra en seis ejercicios. Los turismos con etiqueta CERO o ECO suman ya el 69% de las ventas, más de nueve puntos por encima de la media española. El parque circulante, sin embargo, sigue dominado por el diésel y la renovación se da poco a poco.Cantabria cerró 2025 con 17.547 vehículos matriculados, un 21,3% más que el año anterior y la mejor cifra en seis ejercicios. Los turismos con etiqueta CERO o ECO suman ya el 69% de las ventas, más de nueve puntos por encima de la media española. El parque circulante, sin embargo, sigue dominado por el diésel y la renovación se da poco a poco.


Cantabria matriculó el pasado año 17.547 vehículos, un 21,3% más que en 2024. Hay que retroceder hasta 2018 para encontrar una cifra parecida. La región vuelve, después de seis ejercicios irregulares, al nivel de actividad que tenía antes de que la pandemia y la crisis posterior de los semiconductores trastocasen el mercado del automóvil. La recuperación, en realidad, llevaba ya un par de años haciéndose notar: 2023 y 2024 mostraban claras tendencias al alza, sin terminar de despegar, pero ha sido 2025 el año en que el mercado ha dado finalmente el salto.

El 91% de los vehículos matriculados en Cantabria en 2025 son de importación.

Así lo reflejan los datos del Anuario Estadístico General 2025 de la Dirección General de Tráfico. Del documento se desprenden dos lecturas. La más obvia es que el sector ha recuperado pulso después de un periodo largo y difícil: una pandemia que paralizó las ventas; una crisis de suministro de microchips que dejó a los concesionarios sin existencias durante meses; una inflación que encareció los coches nuevos; y, en paralelo, el cambio tecnológico de la electrificación, que ha generado dudas entre muchos compradores sobre qué tipo de motorización elegir. Que el mercado haya conseguido remontar en ese contexto es una cuestión muy reseñable.

La segunda conclusión es que, ahora que por fin ha descorchado la botella, las ventas en la región tratan de recuperar terreno, hasta el punto de que su mercado creció en 2025 un 21%, ocho puntos por encima del nacional. Seguimos lejos de los máximos históricos, los 24.580 vehículos que se matricularon en Cantabria en 2007, justo antes de que comenzara el declive del sector por la crisis económica, pero para una comunidad pequeña, con menos de seiscientos mil habitantes, registrar casi 17.500 matriculaciones en un solo ejercicio es un indicador del buen momento económico que atraviesan los concesionarios.

Se disparan los electrificados

Tan significativo como el volumen de ventas es lo que se compra. Si en 2024 los electrificados superaban por primera vez a los coches convencionales en el ranking de ventas, en 2025 ya eran dos de cada tres los turismos nuevos matriculados  que llevan etiqueta CERO o ECO: eléctricos, híbridos o vehículos de gas, una prevalencia que supera en más de nueve puntos a la media española. Es una distancia considerable para una región sin gran industria automovilística y sin las infraestructuras de carga ni los volúmenes de tráfico de las grandes capitales.

El despegue del coche eléctrico se asociaba a la presión de las grandes ciudades, a la existencia de zonas urbanas restringidas y a una fuerte densidad de la red de recarga. Cantabria no encaja en ese perfil. Tiene una capital de tamaño medio, una geografía mayoritariamente rural y una red de puntos de carga que no destaca en el conjunto nacional.

Aun así, su comprador medio se está pasando al electrificado a un ritmo superior al de la mayoría de comunidades. La explicación seguramente combina varios factores —la elevada edad del parque que se está renovando, la oferta concreta de los concesionarios, el perfil del comprador cántabro y los planes de ayudas públicas.

La herencia del gasóleo

La transición, sin embargo, se está produciendo a dos velocidades. Una es la del concesionario, rápida y visible en las estadísticas anuales de matriculación. La otra es lo que se ve en la calle, que va mucho más lenta. El parque de turismos que circula hoy por Cantabria sigue siendo muy mayoritariamente de gasoil, una herencia de años de matriculaciones dominadas por el diésel que no se borra con un par de ejercicios de ventas electrificadas.

Lo que el automovilista cántabro decide comprar en 2025 tardará años en convertirse en el coche medio que circula en las carreteras. Esa brecha entre los escaparates ocurre en toda España, pero en Cantabria es más pronunciada, porque el parque circulante está más dieselizado que en el conjunto del país y, al mismo tiempo, las ventas de vehículos nuevos se electrifican más rápido.

En 2025 se vendieron algo más de dos coches usados por cada uno nuevo.

Si se cruza el número total de conductores cántabros con las 17.547 matriculaciones del año, se deduce que en 2025 se vendió un coche nuevo por cada 21 conductores. El dato hay que tomarlo con cautela, ya que las compras de flotas, empresas y administraciones tienen su peso en el total, pero da una idea de la escala real de la renovación del parque.

El año pasado se vendió un coche nuevo por cada 21 conductores cántabros

Cantabria tiene casi 470.000 coches, con una densidad de vehículos bastante superior a la media española: 783 por cada 1.000 habitantes, frente a los 754 del conjunto del país, lo que probablemente sea debido a que hay menos porcentaje de la población residiendo en zonas urbanas, donde hay más alternativas para los desplazamientos.

Dos coches usados por cada uno nuevo

Un factor que en la práctica ralentiza la transición al vehículo electrificado es el elevado peso de las transacciones de coches usados. Desde hace años, en Cantabria hay más de dos cambios de titularidad por cada nueva matriculación.

El coche que cambia de manos no es, en su mayoría, un electrificado; es de gasolina o diésel de hace cinco o diez años, comprado por alguien para quien el precio de los nuevos todavía no es accesible. Mientras esa proporción se mantenga —y nada indica que vaya a cambiar a corto plazo—, el parque circulante seguirá modernizándose despacio, por mucho que las cifras de los concesionarios apunten en la dirección contraria.

La transición energética en el automóvil tiene, por tanto, dos calendarios paralelos: el del comprador de coche nuevo, que ya está pasando página, y el del que adquiere un turismo usado, que todavía no ha llegado a ese punto. Y lo que está claro es que detrás de un año bueno de matriculaciones confluyen el particular que decide cambiar de coche, el autónomo que renueva la furgoneta y la empresa que amplía flota porque prevé más trabajo. Situaciones distintas que, sumadas, han devuelto a Cantabria a cifras que no veía desde antes de la pandemia.

Rubén Alonso

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