Las ‘paguitas’ se multiplican

Hay un principio político que la oposición debiera tener más en cuenta: no meter demasiado el dedo en el ojo a quienes necesitarás como aliados mañana, por mucho que te lo pida el cuerpo. El mapa político español ha quedado tan fragmentado ideológicamente que solo es posible gobernar pagando los peajes de unas alianzas muy incómodas. Le ocurrió al PSOE, le ocurrió al PP en los gobiernos regionales y le va a ocurrir a Feijoo para llegar a la Moncloa. Tan incómodas que resultan un chantaje permanente y destrozan cualquier estrategia. ¿Cómo explicar al electorado extremeño, por ejemplo, que por haber forzado unas elecciones absolutamente innecesarias lleven con un Gobierno en funciones desde octubre?

Buruaga, que siendo vicepresidenta con Ignacio Diego ya comprobó cómo se podía perder el Gobierno por no disponer de ningún aliado, lo entendió perfectamente al rechazar a quienes le pedían volver a la estrategia de absoluto hostigamiento al PRC, si bien es cierto que ella ha tenido una ventaja sobre sus colegas de otras comunidades, la posibilidad de forjar dos alianzas, una por la derecha, con Vox, y otra por el centro, con el PRC, que se lo puso muy fácil. Pero tampoco ha dudado en ceder ahora que el PRC ha decidido enriscarse y le ha exigido todo lo que podía dar y lo que no para aprobarle los Presupuestos de 2026. Es una de las ventajas del populismo: se puede pedir la luna, porque si alguien te necesita, te la dará.

Todo lo que no hace unos meses no cabía en los Presupuestos, ahora cabe. Y mucho más. Un ‘milagro’ que pagaremos en los próximos años

Para la nueva secretaria general del PRC era imprescindible significarse con un órdago en este final de legislatura, cuando los políticos entran en modo ‘berrea’, según Revilla, cuya sombra sigue siendo demasiado grande. Todo el mundo sabe (también los que pedían quitarle tan insistentemente) que sin él, las expectativas electorales del PRC son mucho menores. Si a esto se le añade la creciente fuerza entre los jóvenes de un partido como Cantabristas, que ya le hizo un roto al PRC en las últimas elecciones, al robarle los votos suficientes como para no sacar el escaño que le hubiese permitido seguir gobernando, a Paula Fernández no le quedaba otro remedio que ponérselo difícil al PP. Sabía que jugaba con fuego, porque dentro de su partido hay muchos alcaldes que no tendrían inconveniente en cambiar de sigla, y de hecho, en cuanto el PRC votó no al primer proyecto de Presupuestos, surgió una rebelión.

Para calmar las aguas, la líder regionalista se ha visto forzada a retomar las negociaciones, aunque salvando los muebles, con un documento de máximos, cargado de populismo. Y, por muy indigesta que fuese la pastilla, el PP no tenía más remedio que ingerirla. El partido que venía a combatir las paguitas (¿alguien se acuerda?) no solo las ha ido recreciendo en sus tres años de gobierno sino que ha aceptado multiplicarlas para este final de legislatura, probablemente con el convencimiento de que será quien más lo rentabilice políticamente. Ahora habrá matrícula gratis para los nuevos alumnos de la Universidad; se le subirán 180 euros al mes a los 8.500 docentes de la enseñanza pública y a los más de 2.500 de la concertada; habrá un plus de atención continuada para todos los trabajadores de la sanidad, aunque no la ejerzan; viajarán gratis los menores de 15 años y con un 70% de rebaja los menores de 30, habrá una deducción de 150 euros para quienes vayan a un gimnasio… Solo nos van a faltar los 15.000 euros que Ayuso ha prometido a las pymes de su comunidad.

El PRC ha hecho pasar al PP por estas horcas caudinas sin tener que mojarse indicándole las partidas presupuestarias de las que sacar ese dinero, para que fuese el PP el que asumiese el desgaste político de desvestir a otro santo pero, para fortuna de los populares, las autonomías también son beneficiarias del ordeño general al que nos somete la Agencia Tributaria, porque se llevan la mitad de la recaudación del IVA y del IRPF, y eso le acaba de proporcionar 200 millones de euros extra. Un regalo perfecto para encajar el coste del pacto con el PRC y, lo que exceda, lo recortará de la amortización de la deuda.

El problema es que estamos actuando con la deuda como si no hubiera que pagarla nunca, cuando es absolutamente improbable que sigamos manteniendo un escenario tan favorable para el ahorro como el actual, con unas tasas de crecimiento altas y unas recaudaciones históricas. Las rachas siempre se acaban y, si se añade que el PP ha prometido bajar los impuestos al llegar al Gobierno, la conclusión es clara: la deuda que no se amortice ahora, no se amortizará nunca. Al contrario, va a crecer como una bola de nieve, porque, al haberse accedido a las reclamaciones de colectivos tan numerosos como los enseñantes y los sanitarios (que ya estaban entre los mejor remunerados de todo el Estado), se consolidan unos compromisos de gasto para el futuro imposoibles de afrontar si cambia el ciclo económico, salvo que se dejen miles de vacantes sin cubrir. El pronóstico es mucho peor si en la próxima financiación autonómica, Cantabria no mejora los ingresos, tal como amenazaba el reciente y fallido reparto del Ministerio de Economía.

Hace meses que el consejero de Educación reconocía ese estrés contable mientras cerraba tajantemente la puerta a esta subida a los profesores. Ahora, a pesar de que se ha sumado también la de los sanitarios, todo cabe.

Poder aprobar los presupuestos de este año le va a costar un serio problema a Buruaga en la próxima legislatura si sigue gobernando, pero ya sabemos que en política lo único importante es retener el poder al precio que sea.

Suscríbete a Cantabria Económica
Ver más

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Escucha ahora   

Bloqueador de anuncios detectado

Por favor, considere ayudarnos desactivando su bloqueador de anuncios