Insolvencia y desequilibrio

Por Jorge Fernández Sanz, Abogado economista

En el  cuadro de mandos de la empresa existen muchas posibilidades de que pronto parpadeen, si no están ya en rojo, los indicadores IN (insolvencia) y DES (desequilibrio patrimonial).

El primero (IN) avisa cuando surgen problemas para hacer frente a los pagos corrientes vencidos. Es el más intuitivo. Significa que el depósito de tesorería está bajo. Si la situación se prolonga y se acumula un retraso de tres meses en el pago de salarios, cuotas de Seguridad Social o impuestos, habrá que declarar concurso de acreedores. La llegada de los fondos ICO se espera que enfríe este indicador.

El segundo (DES) avisa de que las pérdidas han reducido los fondos propios a menos de la mitad del capital social. A veces pasa desapercibido. Significa que o bien vamos rápidos al taller a realizar las reparaciones oportunas sobre el capital, o bien no podremos circular más. Habrá que disolver la sociedad. Si se desoye el aviso, y se sigue circulando sin la ITV en regla, el órgano de administración corre el riesgo de responder personalmente de todas las deudas posteriores. Aquí la entrada de fondos ICO no ayuda. Al contrario, el mayor endeudamiento puede producir una falsa sensación de recapitalización. Por eso, es necesario revisar las pérdidas acumuladas. Estas pueden haber deteriorado tanto el valor de la empresa que hagan desaparecer la limitación de la responsabilidad personal. Un gran peligro.

Afortunadamente, el 29 de abril se han aprobado dos medidas importantes para dar tiempo a la gerencia para realizar los reglajes oportunos antes del final de año. Se busca evitar una cascada inmediata de concursos o disoluciones tras el levantamiento del Estado de Alarma.

La primera es que se suspende la obligación de declarar concurso de acreedores hasta el 31 de diciembre de 2020. No obstante, puede ser aconsejable declararlo antes si la situación es grave, bien para dar continuidad a través de un convenio o para liquidar ordenadamente. En cualquier caso, si se hace un esfuerzo por resistir hasta final de año, nadie podrá luego echar en cara que se debió haber concursado en 2020.

La segunda, también temporal y extraordinaria, es que no se tendrá en cuenta el resultado de 2020 a la hora de exigir responsabilidades por el desequilibrio patrimonial. Así, si entró en 2020 en una situación de equilibrio, la siguiente revisión será con el resultado de 2021.

Ninguna de las dos medidas ayuda directamente a la empresa pero dan tranquilidad en el ámbito de la responsabilidad personal de la gerencia. Ojalá se gane tiempo para tomar las verdaderas decisiones clave: reestructuración de la deuda, obtención de liquidez, y compensación de pérdidas, recuperando la actividad o accediendo a créditos o ayudas.

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