Opinión

Contraprogramación

Contraprogramar es lo que hacen las televisiones para que no les tapen un estreno o para tapárselo a otro. Una práctica prohibida pero que resulta casi imposible de erradicar. En la política estamos aburridos de ver los actos de los partidos en fin de semana que no tienen más objeto que apropiarse de un espacio en los telediarios o quitárselo a sus rivales, pero lo que no habíamos visto hasta ahora era contraprogramar planes de desarrollo. Y en Cantabria, con una gran tradición de innovaciones políticas extemporáneas, ya tenemos los planes del Gobierno y los de la oposición, que no es el PP, ni Podemos, ni Ciudadanos, sino el curioso tándem De la Serna-Vidal de la Peña.

El asunto no deja de tener su miga, porque quienes van a hacer ese Plan no pueden ponerlo en práctica, ya que las competencias son del Gobierno de Cantabria, y el Gobierno cántabro, con sus mesas sectoriales, queda ridiculizados porque su capacidad de maniobra es muy pequeña. Sus inversiones son apenas fusilería frente al Gran Bertha presupuestario que maneja el ministro De la Serna. Más disparatado aún es que el mismo Vidal de la Peña que preside la mesa que debería sacar adelante un plan del Ejecutivo cántabro, ahora esté también al frente del plan rival.

De todo este embrollo no va a salir nada bueno, como todo el mundo imagina, porque lo probable es que no se ponga en práctica ninguno de los dos. El Gobierno regional hará lo que crea que debe hacer y el Ministerio de Fomento lo que más le plazca, como hasta ahora. Habrá obras, porque ya toca después de una larguísima sequía, pero poco más.

Una vez que pase el revuelo, el ministro deberá sacar conclusiones de si merecía la pena enredar tanto en un asunto que sabe perfectamente que no es de su competencia. ¿Qué hubiese dicho si el Gobierno regional hubiese decidido impulsar un plan para el desarrollo de la capital cántabra argumentando que toma la iniciativa ante la incapacidad de sus regidores para hacer frente a la pérdida de riqueza y población?

Vidal de la Peña solo tiene que responder ante los empresarios que, por el momento, toman distancias. Él presume de haber liberado la CEOE de la dependencia de las subvenciones gubernamentales, pero a cambio de una jibarización que ha dejado la patronal cántabra en casi nada. Eso despierta menos ambiciones que nunca entre quienes podían convertirse en rivales, pero esa estabilidad no impide que la larga mano del Gobierno regional se deje notar en un momento u otro y tener un aliado como De la Serna no va a ser suficiente en ese caso.

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