Tiempos de confinamiento, tiempo de discusiones que no tienen por qué acabar en conflictos

Por MLuz Villamil Calva

En ésta época de pandemia la humanidad en general vive unos momentos tensos, de incertidumbre, fragilidad, con cúmulo de estrés y ansiedad. En todas las áreas de la vida, las familias dentro de los hogares tienen más convivencia que nunca y cada individuo con un proceso de la situación diferente y cada hogar con una coyuntura también diferente, a unos les apremiará la economía que no llega, a otros el tiempo para poder dedicárselo a los hijos, que se encuentran solos en los hogares mientras sus padres trabajan, a otros que la empresa devora el patrimonio familiar con la acumulación de costes empresariales mientras la actividad está cesada, otros en como se pueden adaptar a las nuevas circunstancias, los políticos gobernantes tienen la presión de la responsabilidad y la oposición de ofrecer propuestas y apoyos o de criticar las decisiones equivocadas….. pero al final de cada situación hay personas y estas personas tienen emociones y cúmulos de estrés que hacen que puedan estar más irascibles y se enfrenten a discusiones con las personas de su entorno para tomar decisiones que pueden terminar en conflictos. ¿Cómo evitar que una discusión termine en conflicto?

Son momentos en los que hay que tomar decisiones, decisiones muchas veces entre varias personas y ahí surge la discusión entre las partes, lo cual no quiere decir que tenga que terminar en conflicto, es más, la discusión es una herramienta buenísima, necesaria y extremadamente productiva para utilizar de manera previa a la toma de decisiones. A través de la discusión visualizamos diferentes perspectivas sobre un mismo asunto y nos proporciona la posibilidad de cuestionarnos si nuestra postura es la correcta o no, nos posibilita corregir errores, se profundiza en los argumentos que sustentan las posturas para conseguir descubrir cuál es la verdad, lo más coherente o la solución a un problema.

Para poder llevar a cabo una buena discusión creativa, productiva, debemos identificar antes de nada de qué se está discutiendo, cual es el objetivo de la discusión, escuchar atentamente los argumentos y comprobar si son racionales y coherentes, si verdaderamente son convincentes, puesto que el objetivo de la discusión será llegar a un acuerdo. En las discusiones creativas los interlocutores quieren entender los puntos de vista,  escuchan los argumentos, razonamientos de la otra persona y no están aferrados a su opinión sino en descubrir qué es lo mejor, lo más coherente o productivo dejando sus egos apartados.

Por el contrario, en ocasiones, nos encontramos con personas que se aferran a una determinada postura y no quieren bajo ningún concepto cambiar de idea rozando la obstinación o hay una fuerte diferencia de opiniones y tienen un especial interés en que la suya sea la ganadora, la discusión va a ser improductiva y en rara ocasión terminará con acuerdo, y muy posiblemente podría llegar a ser hasta ofensiva. Esto pasa cuando se tratan temas que llevamos muy internamente arraigados o tenemos un especial interés en que se decida nuestra postura. Mi consejo es que no se entre a una discusión con esa persona y se limiten a preguntar cuál es el objetivo, qué razones tiene y si no son de peso se les desmonten…. Pero muy probablemente no van escuchar….. tampoco nos olvidemos que frecuentemente quien tiene un interés especial en que se apruebe su postura en una discusión escondan sus verdaderas razones, porque puedan ser comprometedoras. Y por último, en una discusión, independientemente de lo bien valorado que tengamos al  interlocutor, nunca se debe dar por hecho que los argumentos o razones son verdaderos porque este mismo puede estar equivocado.

Así que, espero que después de leer este artículo, piense en los razonamientos que les he dado para concluir que la discusión es una herramienta muy productiva y necesaria. Y que cuando esto no se da es porque hay un problema de que alguno de los interlocutores o ambos se aferran a su posición por ego o interés. En este caso, en función de los argumentos, la obstinación del aferrado y la importancia de la discusión es mejor no entrar a ella.

No nos dejemos llevar por la prohibición que desde niños oímos constantemente, “no discutáis”, ni tampoco por las discusiones improductivas que la televisión nos tiene acostumbrados, no dejemos que nos normalicen que la discusión es negativa, porque sin ella no habría crecimiento ni evolución.

 

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