Quesería Lafuente duplica su planta de Heras, que será el motor de su crecimiento
La compañía ha invertido 21 millones de euros y prevé incorporar más de medio centenar de trabajadores
Quesería Lafuente ha completado la ampliación de su planta del polígono industrial de Heras, en Medio Cudeyo, el municipio desde el que ha levantado uno de los proyectos empresariales más sólidos del sector agroalimentario español. Tras una inversión de 21 millones de euros –de los que algo más de cinco son subvenciones públicas–, la fábrica de quesos de Heras ha pasado de una capacidad de 44.000 toneladas anuales a prácticamente el doble, 87.000. Este nuevo impulso para una de las mayores industrias queseras del país no será el último, porque Lafuente acaba de adquirir otros 20.300 m2 en el polígono para futuras ampliaciones.
Hay empresas que crecen y hay empresas que transforman el territorio en el que crecen. Quesería Lafuente pertenece a la segunda categoría. Lo que empezó como una pequeña quesería familiar con cinco trabajadores y una facturación que apenas rozaba los 60.000 euros al año se ha convertido en un grupo con 1.450 empleados, plantas en cuatro comunidades autónomas, presencia en más de 40 países y una facturación consolidada de 453,9 millones de euros en 2025. El centro de gravedad de todo ese engranaje está en las dos fábricas de Heras, la original y la creada posteriormente en el polígono industrial, que acaba de experimentar su transformación más importante en décadas.
La ampliación de esta planta no es un proyecto más dentro del plan del grupo. Es su pieza central. Una operación que ha requerido 21,6 millones de euros invertidos en la construcción de una nave anexa de unos 4.500 m2 adosada a la existente, hasta alcanzar una superficie construida de 13.500 m2.

La planta de Heras está especializada en dos líneas de producto: quesos rallados y loncheados. Son gamas que el consumidor reconoce en los lineales de cualquier supermercado, pero cuya fabricación exige tecnología, precisión y escala. Hasta 2025, la instalación tenía capacidad para procesar 44.000 toneladas anuales. Con la ampliación, que ya está operativa, esa cifra asciende a 87.000 toneladas, lo que equivale a duplicar la fábrica.
Las cifras ilustran hasta qué punto Heras se ha convertido en un activo estratégico para el grupo. En 2025, las instalaciones cántabras procesaron 56.600 toneladas de quesos de las 80.500 producidas por el grupo ese año. De esta forma, Cantabria no es solo el origen histórico de la empresa, sino, con diferencia, su principal músculo productivo.
La ampliación incorpora también criterios de eficiencia energética que van más allá de la mera ampliación de superficie: automatización de procesos, aislamiento térmico, luminarias LED y sistemas de ventilación actualizados. No se trata de un detalle menor en un sector en el que los costes energéticos tienen un peso considerable en estructura de gastos.
El Gobierno de Cantabria ha apoyado el proyecto con una subvención de 5,4 millones de euros, el 25% de la inversión total. Ese porcentaje es consecuencia de una modificación reciente en la política de ayudas agroalimentarias del Ejecutivo autonómico, que elevó los topes de subvención aplicable a las grandes compañías del 18 al 25%, y del 30 al 35% en el caso de microempresas y pymes. Lafuente fue la primera empresa de gran dimensión en beneficiarse del nuevo tramo.
La presidenta regional, María José Sáenz de Buruaga, visitó la planta hace un año, cuando las obras estaban en plena ejecución, y calificó a Quesería Lafuente de “empresa estratégica” para la comunidad autónoma. Una valoración que tiene una traducción económica directa y verificable. Lafuente compra 35 millones de litros de leche a ganaderos cántabros cada año, una cifra que el presidente del grupo, José María Lafuente, aseguró que continuará creciendo. Esa cuantía dobla las cantidades que la empresa adquiría a los productores locales hace solo unos pocos años. Algún tiempo más atrás eran dos millones.

Para el sector ganadero cántabro, la existencia de un comprador de esa envergadura con vocación de permanencia en la región supone estabilidad, planificación y la posibilidad de firmar contratos de larga duración.
Lafuente fue pionero en ese modelo de aprovisionamiento, al introducirlo en el segmento de la leche de cabra (unos quesos que fabrica en Murcia), donde la producción puede caer hasta un 70% en los meses de invierno y garantizar suministro estable es un verdadero reto logístico. En la actualidad, el grupo trabaja con cerca de medio centenar de ganaderos de leche de vaca, que le suministran 120 millones de litros al año, y con 300 productores de leche de cabra, que le aportan otros 40 millones.
La planta de Heras pasa de producir 44.000 toneladas a 87.000
La creación de empleo que supone la ampliación de la fábrica refleja la importancia del proyecto para Medio Cudeyo y para la comarca. La nueva dimensión de la planta requiere la incorporación de entre 60 y 70 personas, según anunció el propio Lafuente.
En 2023, el grupo contaba con 630 trabajadores en la comunidad autónoma. En 2025, esa cifra había subido a 750 y la previsión para 2026, con la nueva nave ya a pleno rendimiento, es llegar a unas 900 personas empleadas en Cantabria. En el conjunto del grupo, el crecimiento sigue una trayectoria paralela: de los 1.230 trabajadores que tenía en 2023 pasó a 1.450 en 2025, y estima que serán 1.750 al acabar este ejercicio.
Son datos que sitúan a Quesería Lafuente entre los mayores empleadores industriales de Cantabria, en un momento en el que la industria agroalimentaria regional busca consolidarse como uno de los pilares de la economía local.
De León a Heras
Para entender lo que es hoy Quesería Lafuente hay que retroceder hasta los años cuarenta del siglo pasado. Agustín Lafuente y María Llano pusieron en marcha su primera quesería en León en 1942. Más tarde, se trasladaron a Galicia, aunque las dificultades para conseguir leche suficiente les empujaron a desplazarse a Cantabria. Fue en 1958 cuando la empresa se instaló en Heras, el lugar que desde entonces ha sido el eje de todo el grupo.

José María Lafuente tomó las riendas del negocio en 1982, casi por azar. Estudiaba y gestionaba un traslado académico cuando su cuñado, que dirigía la empresa, sufrió un problema de salud. Lo que iba a ser un apoyo temporal de unos meses se convirtió en una carrera profesional que supera ya las cuatro décadas. “Al principio fue durísimo, porque no entendía nada ni creía que estuviera hecho para ello”, reconoció el propio Lafuente en una reciente conferencia ante empresarios cántabros organizada por Cantabria Económica.
Lo que siguió fue una secuencia de decisiones que transformaron una quesería familiar muy modesta en un grupo de primer nivel nacional. Un viaje a Italia a principios de los noventa —en el que Lafuente recorrió fábricas de norte a sur— le convenció de que España podía fabricar mozzarella, burrata y mascarpone con la misma calidad y exigencia que los italianos.

En 1994 adquirió la fábrica que Danone abandonaba en Cantabria, lo que supuso un cambio de dimensión. En 2009, la planta de Mantequerías Arias en Arriondas (Asturias). En 2015, la Central Quesera Montesinos, de Jumilla, Murcia, especializada en queso de cabra, y ya en 2024, la albaceteña Spanish Cheese, especializada en quesos manchegos con Denominación de Origen Protegida, cuyas exportaciones representan más del 85% de su facturación.
La estrecha relación del Grupo Lafuente con Mercadona, que arranca de finales de los años noventa, ha sido el gran impulsor del crecimiento. La cadena valenciana le abrió un canal de venta de enorme potencial, al hacerle hueco en los estantes de su cadena, pero el auténtico despegue de Lafuente se produjo tras llegar a un acuerdo para fabricar los derivados lácteos que llevan la marca de Mercadona.
La cadena impuso una disciplina de calidad, puntualidad en los suministros y planificación a largo plazo que, con el tiempo, se convirtió en una ventaja competitiva para el grupo cántabro en todos sus mercados. “Mercadona es una de las mejores cosas que nos han pasado”, aseguró el empresario.
Cinco plantas
Lafuente dispone de plantas de producción en cuatro comunidades autónomas: Heras en Cantabria –donde tiene la fábrica original y la que más tarde levantó en el polígono industrial ahora ampliada—, Arriondas en Asturias, Jumilla en Murcia y Albacete. A ellas se sumará en un futuro próximo la factoría de Villamayor, en el concejo asturiano de Piloña, donde está reconvirtiendo las antiguas instalaciones de Chupa Chups –clausuradas en 2011– en una nueva quesería. La entrada en funcionamiento de esa planta está prevista para 2028.
Concebida para la fabricación de quesos frescos –mozzarella, burrata, mascarpone y otras variedades–, esta planta de Villamayor dará trabajo a alrededor de medio centenar de personas y ampliará la capacidad del grupo en un segmento donde la demanda no para de crecer.
Un plan inversor de 104 millones
El plan inversor del Grupo para el período 2023-2027 alcanza los 104,85 millones de euros, de los que 45,1 se materializan en Cantabria. El desglose anual de esas cifras refleja cómo se ha concentrado el esfuerzo: 6,47 millones invertidos en la comunidad autónoma en 2023; 13,5 millones en 2024; 20,27 millones en 2025, coincidiendo con el grueso de las obras en Heras; 2,6 millones previstos para 2026; y 2,3 millones para el tramo final de 2027.
La facturación atribuible a las instalaciones cántabras alcanzó los 294 millones de euros el año pasado, sobre un total consolidado de 453,9 millones. Casi dos tercios de los ingresos del grupo tienen su origen en esta comunidad, lo que convierte a Cantabria no solo en el punto de partida del proyecto sino en su principal fuente de valor.

A escala internacional, el Grupo Lafuente exporta a más de 40 países en los cinco continentes. La filial Spanish Cheese, de quesos manchegos, es su principal brazo exportador: de los 24 millones de euros que facturó en 2023, 21 correspondieron a ventas fuera de España, especialmente en mercados extracomunitarios. La venta de un millón de kilos de queso en el mercado holandés –el mayor productor mundial– es uno de los hitos que Lafuente suele usar como referencia de hasta dónde ha llegado la empresa en términos de calidad percibida.
El grupo ha cerrado 2025 con un volumen de 80.500 toneladas producidas y una facturación de 453,9 millones de euros, frente a las 72.000 toneladas y los 398,5 millones del ejercicio anterior.
Dos nuevas parcelas
Con esa incorporación, y con la ampliación de la planta de Heras, ya operativa, el Grupo Lafuente completa la estructura industrial que necesitaba para la siguiente etapa de su historia, pero tampoco va a ser el peldaño definitivo.
Junto a la fábrica conserva unos 3.000 m2 sin edificar pero acaba de adquirir otros 20.300 en una subasta pública convocada por el Ayuntamiento de Medio Cudeyo. Se trata de dos parcelas adyacentes a su complejo industrial, por las que ha pagado 5,43 millones de euros. Aún no tienen un destino definido, pero su adquisición deja pocas dudas sobre las intenciones del grupo: garantizar disponibilidad de suelo para mantener ese crecimiento que se ha mantenido tanto en los años de bonanza económica del país como en los de crisis.

José María Lafuente, que reconoce que habría previsto estudiar Historia del Arte —y que acabó reuniendo un archivo sobre vanguardias artísticas del siglo XX que el Estado adquirió en 2022 por casi 30 millones de euros— dirige hoy una empresa que factura más de 450 millones de euros, emplea a más de 1.400 personas y compra leche a cientos de ganaderos repartidos por media España.
La quesería que su fundó su padre en León en los años 40, y que encontró en Heras su asentamiento definitivo, es hoy una referencia en el sector agroalimentario nacional. Y desde Medio Cudeyo, donde todo empezó a tomar forma hace más de seis décadas, se vislumbra un futuro con más capacidad, más plantilla y un plan inversor que no ha dicho su última palabra.
Rubén Alonso



