Cantabria vivió el eclipse a dos velocidades: oscuridad frustrada en la costa, espectáculo pleno en el sur
El primer eclipse total visible en la Península en más de un siglo dejó imágenes para el recuerdo en zonas como La Lora, mientras Peña Cabarga, Cabárceno o la bahía de Santander se quedaron sin corona solar por el cielo encapotado
Cantabria esperaba este 12 de agosto con las gafas ya puestas. Literalmente. Horas antes de que la Luna empezara a comerse el disco solar, ya había gente paseando por el centro de Santander con las gafas de protección colocadas, como quien no quiere perderse ni un minuto de algo que no volverá a repetirse en la Península hasta dentro de generaciones. Porque de eso se trataba, del primer eclipse total de Sol visible desde territorio peninsular en más de 114 años, datado el último en 1912.

La región llevaba semanas preparándose. El Gobierno de Cantabria había desplegado dispositivos de Protección Civil en los principales miradores de la costa, cortando el tráfico rodado en accesos como el del faro de Cabo Mayor, y organizando lanzaderas para acercar a los curiosos hasta los puntos de observación habilitados. En Santander, algunos hasta vieron negocio: un balcón con vistas al Cantábrico desde el Paseo Altamira llegó a alquilarse por 400 euros en Wallapop (refresco y frutos secos incluidos).
Pero el Cantábrico, fiel a su fama, jugó su propia carta. Según fue cayendo la tarde, una densa cubierta de nubes se instaló sobre buena parte de la costa, pero también en otros puntos de la región. El Escudo, Suances, Peña Cabarga, gran parte de la bahía de Santander y el mirador habilitado en Cabárceno se quedaron sin la esperada corona solar. En Peña Cabarga, uno de los lugares estrella del dispositivo oficial, el cielo llegó a estar «totalmente encapotado» y la visibilidad se redujo a cero. Ante la situación, el Centro de Coordinación Operativa tuvo que dividir el puesto de mando desplegado en la cumbre y ofrecer a quienes habían subido la posibilidad de bajar antes de tiempo, pero la desilusión se dejó notaba en las caras.

El contraste con el sur de la comunidad no pudo ser mayor. Mientras la costa se rendía a las nubes, comarcas como el práramo de La Lora disfrutaban de un cielo completamente despejado, con casi treinta grados de temperatura y el Sol luciendo hasta el último instante antes de que la Luna lo tapara por completo. Allí, quienes habían apostado por moverse tierra adentro fueron recompensados con el fenómeno en todo su esplendor: la totalidad, con su repentina noche en pleno atardecer, seguida del reencuentro con la luz.

Porque eso es lo que ocurrió en la franja donde el cielo lo permitió: a las 20:27 de la tarde, durante algo más de un minuto, el día se convirtió en noche. La temperatura bajó de golpe, los pájaros callaron y quienes miraban al cielo —con gafas homologadas, porque sin ellas ya no hacía falta— pudieron ver la corona solar recortada contra un firmamento oscurecido, algo que la mayoría de los presentes no había visto nunca y probablemente no volverá a ver.

Para quienes se quedaron bajo las nubes, el consuelo fue parcial. La oscuridad repentina también se sintió, aunque sin la imagen que todos habían ido a buscar. Para los que encontraron el hueco de cielo despejado, en cambio, la tarde del 12 de agosto quedará grabada como uno de esos recuerdos que se cuentan durante años: el día en que Cantabria, por unos segundos, se quedó a oscuras a plena luz del día.



