ELECTROLINERAS RÁPIDAS, LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA

La implantación de las electrolineras ultrarrápidas avanza lentamente en España. Además de sus altos costes (entre 500.000 euros y tres millones), los empresarios se quejan de que la tramitación de los permisos lleva demasiado tiempo, ya que estas instalaciones requieren centros de potencia, sistemas de medida, marquesinas, baterías, paneles solares y cargadores, equipamientos sobre los que tienen competencia muchos organismos distintos. Además, la amortización necesita mucho más tiempo que en otros países europeos, porque la penetración del coche eléctrico sigue siendo baja (en torno al 10%), frente a un 35% de Francia. Todo ello penaliza la implantación de estas electrolineras de carga rápida, y eso hace que, a su vez, se vendan menos eléctricos.



