Mascarillas, la protección que está cambiando nuestras vidas

Estos pequeños accesorios han llegado para quedarse y cambiarlo todo a nivel profesional y personal.

De convertirse en una “mordaza” o un “bozal” a considerarse algo vital para evitar el crecimiento de una peligrosa pandemia. Las mascarillas empezaron siendo una recomendación del Ministerio de Sanidad para reducir los contagios cuando comenzábamos a descubrir la magnitud real de la COVID-19.

Actualmente, son algo de uso obligatorio en las calles y en todo entorno cerrado. Algo que ha pasado a formar parte de nuestro día a día de forma inevitable. De hecho, cada vez más personas están buscando la manera de darles un toque más personal y característico, ya que han llegado para quedarse.

Más que una medida de protección, se están empezando a convertir en prácticamente un símbolo. Las tenemos presentes en las calles, en las reuniones con familiares y amigos, hasta en el entorno de trabajo. Las tenemos tan presentes que han cambiado mucho nuestro día a día tanto personal como empresarial.

Por eso mismo se está notando un incremento en la compra de mascarillas personalizadas baratas. Empresas como Maxilia, especializada en regalos de empresas personalizados, han acertado incluyéndolas en sus catálogos. De hecho, la demanda se ha disparado, y han sido de las primeras en notarlo.

En este contexto, se han convertido en el foco del debate no solo por su necesidad, sino también por cuestiones económicas. Actualmente, se está generando una fuerte corriente crítica contra ellas, o más bien contra sus precios. El IVA del 21% que tienen está en el punto de mira de gran parte de la población, que defiende que su carácter como producto de primera necesidad es suficiente para justificar una bajada de IVA.

Y eso no es más que otra muestra de la importancia que tienen. Son algo pequeño, pero totalmente importante en todos los ámbitos. Algo que nos acompaña allá donde vayamos, y estemos con quienes estemos.

Mascarillas en el entorno laboral: una decisión que ha tardado en llegar

Desde que comenzó el brote pandémico, hasta que se instauraron las mascarillas como algo obligatorio en el entorno profesional, los debates sobre llevarlas o no puestas para trabajar no dejaron de sucederse. El Ministerio de Sanidad empezó estableciéndolas como una recomendación.

Sin embargo, poco a poco pasaron de ser algo obligatorio en centros sanitarios a convertirse en un imprescindible en todo momento. Son uno de los principales medios para controlar y frenar las infecciones de COVID-19, por lo que su uso se exige en cualquier lugar en el que no se pueda guardar la distancia de seguridad.

Esta, que se mueve en la horquilla entre los 1,5 y los 2 metros, no se puede garantizar en muchas ocasiones. Desde los paseos en las calles hasta en las visitas a las tiendas, al final la población ha tenido que llevarlas siempre puestas a petición tanto del Ministerio como de la propia ley española.

Algo que ha afectado mucho al ámbito profesional. Sectores como el hotelero lo han notado de primera mano, con personal de mesa que siempre debe llevar estas mascarillas puestas, o incluso cualquier encargado de la atención al público.

Las tiendas también han notado mucho este cambio. De hecho, sobre todo en el sector textil, las medidas han tenido que ir a más para evitar contagios. Probadores cerrados, desinfección constante de ropa y la exigencia a los clientes de llevar la mascarilla puesta en todo momento, al igual que desinfectarse las manos con el correspondiente gel al entrar en el establecimiento.

Distanciamiento físico, la otra cara de la protección

En los entornos laborales es difícil garantizar las distancias para no tener que llevar mascarillas, y más cuando suelen ser recintos cerrados. Aun así, es más difícil todavía en el ámbito doméstico. Las dimensiones de las viviendas suelen ser más reducidas que las de oficinas o lugares de trabajo.

Eso ha llevado, de una forma u otra, a tener que guardar la distancia en situaciones tan cotidianas como una reunión con amigos o con familiares. En estas circunstancias, aunque el uso de mascarilla no es obligatorio, sí que es muy aconsejable para evitar la transmisión del virus en caso de haber alguna persona infectada.

De hecho, el Gobierno está planteando reducir la cantidad de personas que pueden reunirse en viviendas, y lo está realizando ya en territorios como Madrid, donde solo pueden reunirse un máximo de 6 personas.

La realidad es que el auténtico factor que ha cambiado nuestro día a día ha sido la pandemia del coronavirus. Sin embargo, no hay un icono más representativo de esta que la mascarilla. Un complemento, un accesorio que ha pasado de ser algo aconsejable a ser algo indispensable.

Nos van a acompañar durante mucho tiempo, de hecho son ya un elemento fundamental de la nueva normalidad. Por eso, familiarizarse con ellas es ya algo tan normal como necesario.

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