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‘El fracking ha revolucionado el mundo del petróleo’
Fecha: 08/07/2017

Álvaro Mazarrasa, director de la Asociación Española de Operadores Petrolíferos

Resultaría imposible entender la vida actual sin el petróleo, el combustible que mueve el mundo moderno y que lo moverá nadie sabe cuántos años más. Un cántabro, Álvaro Mazarrasa, está al frente del lobby de la industria petrolera española, y reconoce que poco a poco nuestra forma de vida se ‘descarbonizará’. Pero, en su opinión, no va a ser un proceso inmediato, porque no hay ninguna tecnología alternativa capaz de ofrecer tanta energía como los hidrocarburos en el mismo espacio, y por su caída de precios tras la aparición del fracking. Alvaro Mazarrasa acaba de intervenir en el Círculo Empresarial de Cantabria Económica, donde aventuró que tenemos por delante un horizonte de combustibles razonablemente baratos, porque las reservas extraíbles a precios competitivos están creciendo sin cesar gracias a la aportación de la fractura hidráulica y de los yacimientos en aguas profundas.
El que hoy tengamos el petróleo por debajo de los 50 dólares cuando hace cuatro años estaba a 110 y en manos de la OPEP es consecuencia del fracking, la tecnología de perforación horizontal y de fractura hidráulica que han desarrollado las empresas privadas americanas y que ha sido una revolución”. Lo dice el director general de la Asociación Española de Operadores Petrolíferos (AOP), el cántabro Álvaro Mazarrasa, que representa a las cinco grandes petroleras españolas ante los organismos públicos y en la CEOE. Una labor de lobby en la que asegura tener mucho menos éxito del que creen quienes sostienen que las grandes empresas del sector influyen decisivamente sobre el Gobierno.
Mazarrasa es un ingeniero naval que, después de trabajar en los ya desaparecidos Astilleros de San Martín y en los vigueses de Ascón, aceptó una oferta de Shell que reorientaba su trayectoria profesional hacia la venta de combustibles para buques. Con la multinacional angloholandesa recorrió las costas españolas para tratar con todos los armadores locales. Más tarde cambió estos combustibles pesados y los barcos por el queroseno y los aviones, con una cartera de compañías variopinta, desde Aeroflot a Aerolíneas Argentinas. También hizo trading en Londres, hasta que los condicionantes familiares le llevaron a centrar su carrera profesional en España, gracias a una oferta sugestiva, la dirección del lobby que forman los principales operadores del país, donde Mazarrasa pone cara a la industria petrolera nacional ante el Gobierno y ante los medios de comunicación. Si suben o bajan los combustibles de automoción, si se encarece o abarata las operación salida y llegada de vacaciones, ya sabe que será requerido por televisiones y periódicos para explicar los motivos.
Mazarrasa no ha perdido el contacto con Cantabria, a donde acude cada sábado apresurado para llegar a tiempo a las regatas que organiza el Club Marítimo, porque es un apasionado de la vela. Eso le permite ironizar sobre la paradoja de representar a los petroleros y que su embarcación no necesite más combustible que el viento.
En su sector, aparentemente, no hay innovaciones, salvo la posibilidad de acceder a yacimientos cada vez más profundos, tanto en tierra como en el mar, pero los descubrimientos y, sobre todo, el fracking y las mejoras tecnológicas que abaratan las extracciones, están cambiando radicalmente el horizonte del petróleo. Hace poco, las reservas solo alcanzaban para 40 años. Ahora, según sus estimaciones, las ya conocidas que son extraíbles a un precio competitivo con la tecnología existente equivalen a 70 años de consumo actual.
Buena parte de esa diferencia la ha aportado el fracking, según explicó Mazarrasa en el Círculo Empresarial de Cantabria Económica, una nueva técnica de extracción que ha permitido explotar el petróleo que se encuentra en las rocas rígidas, ya que anteriormente sólo podía extraerse el de las rocas porosas.
“Si hoy en día pagamos por el petróleo la mitad que hace cuatro o cinco años se lo debemos no a las grandes petroleras, sino a pequeñas compañías de fracking puestas en marcha por emprendedores que hoy se han hecho grandes y que han revolucionado la industria”, reconoce Mazarrasa.
La OPEP tardó en ser consciente de la competencia que se le avecinaba, hasta que en 2012 decidió lanzar al mercado casi un millón más de barriles al día para hacer bajar los precios y cerrar el camino al fracking, que por entonces no podía competir por debajo de los 80 dólares. También Rusia elevó su producción a máximos históricos con el mismo fin de arruinar a estos inversores independientes, pero la estrategia no dio resultado. En lugar de apartarlos del mercado, consiguieron que mejoraran mucho sus técnicas para hacerlas más eficientes, hasta que han llegado a ser capaces de sacar el petróleo en esos mismos yacimientos a un coste de 30 dólares por barril. “La mejora de eficiencia y el ahorro de costes ha sido tan brutal que la OPEP no ha podido con ello; los países que la forman han gastado dinero a mansalva, ahora pasan apuros en sus equilibrios presupuestarios y no pueden sostener el ritmo de producción”, constata Mazarrasa.
A la OPEP ni siquiera le vale ya con recortar las extracciones para tratar de que el mercado vuelva a la situación anterior, porque la industria del fracking americana va muy rápido abriendo nuevos pozos: “Si hace dos años tenía 400, ahora son 800 y el año que viene van a producir un millón de barriles más. O sea, que todo lo que recorta la OPEP lo están poniendo en el mercado los americanos”, expone el director de la AOP.
Mazarrasa sostiene tajante que “para el mundo ha sido una bendición”, especialmente para países tan dependientes de las importaciones como España. “Además”, añade, “nos va a asegurar unos precios bastante contenidos para los próximos años”. El retorno al mercado de Libia, un país que estaba en guerra, y que ahora aporta 800.000 barriles diarios, añade más seguridad a esa afirmación. También Nigeria está poniendo más crudo en el mercado, de forma que vivimos en una época de exceso de oferta, a lo que contribuye la mayor eficiencia de la industria, que es capaz de producir lo mismo con menos energía.
En España los tres grupos con refinerías (Repsol, Cepsa y BP) invirtieron en plena crisis para poder procesar crudos de peor calidad y aumentar la capacidad de sus plantas. Ahora son las más eficientes y nuestro país se ha convertido en un exportador neto, algo paradójico si se tiene en cuenta que no dispone de recursos petroleros. El pasado año salieron de España nada menos que 22 millones de toneladas de combustibles ya refinados, por valor de 12.700 millones de euros hacia destinos como Francia, Estados Unidos o el Norte de África.


Un mercado de la distribución más abierto

Een un escalón más abajo, la distribución interior de combustibles, también se están produciendo cambios rápidos, al eliminarse muchas de las restricciones administrativas, lo que ha facilitado la aparición de nuevos operadores. “Se ha abierto el abanico y eso, al final, es bueno para el consumidor, aunque sea más complicado para los negocios, que se ven obligados a adaptarse”, dice Mazarrasa. No obstante, advierte que se están produciendo situaciones de fraude “alarmantes” ya que “no todos los recién llegados cumplen las reglas de juego”, refiriéndose al caso de algunos operadores que han estado ofreciendo el combustible mucho más barato a las estaciones de servicio porque, en realidad, no estaban liquidando el IVA.
Otra circunstancia que ha contribuido a cambiar el mercado español de los combustibles ha sido el escándalo protagonizado por Volkswagen que, en su opinión, “hizo un daño tremendo”. Eso no quiere decir, según Mazarrasa, que estemos a las puertas de un cambio brusco: “La contaminación en las ciudades es un problema importante y en el futuro la tendencia de gasóleo y gasolina se va a invertir, y cada vez habrá más coches de gasolina (menos de gasóleo) y de combustibles alternativos”. Pero esa evolución hacia una sociedad ‘descarbonizada’ va a llevar algún tiempo: “El coche eléctrico ya está aquí, es una realidad y la batería va mejorando año a año, pero los productos energéticos que utilizamos tienen una gran virtud, y es la alta densidad energética que contiene un litro de gasolina o de gasóleo, superior a cualquier otro suministro equivalente en peso o volumen. Eso indica que no se producirá una revolución energética, sino una transición ordenada”.
El ingeniero cántabro está convencido de que “se abre un proceso apasionante” y le pide a los gobiernos que no intervengan a la hora de prefijar una energía u otra “porque se suelen equivocar mucho”. Opina que deben permitir que las distintas alternativas compitan en unas condiciones fiscales equivalentes. Por el momento, el peso de la imposición que soportan los productos petrolíferos es el mayor, con mucha diferencia, ya que gasolina y gasóleo ingresan cada año 18.000 millones de euros a las arcas públicas, el 10% de toda la recaudación de la Agencia Tributaria”.


Rebrote en el consumo de combustibles

En España, el Estado aplica una carga fiscal del 55% a las gasolinas y de un 50% al gasóleo, y esa pequeña diferencia ya provoca que haya muchos más usuarios de los motores diesel que en otros países donde ambos combustibles se venden al mismo precio. “A través de la fiscalidad, los gobiernos tienen una herramienta muy potente para promocionar unas energías u otras”, constata Mazarrasa, advirtiendo que un kilovatio eléctrico tiene un impuesto especial cinco veces inferior, y si está producido con gas natural, hasta diez veces menor. “Ese tipo de ayudas y desigualdades, a la larga pueden crear desequilibrios muy graves”, advierte.
Desde la crisis de 2008, los petroleros han perdido una cuarta parte de su mercado en España, pero la evolución de los últimos meses está siendo muy favorable para sus intereses. En mayo, último mes del que hay datos, el consumo de combustibles en el país subió casi un 6%, un crecimiento inédito en muchos años.


Más vinculación con los vecinos

Mazarrasa, que es bisnieto del fundador de Nueva Montaña Quijano e hijo de un vicepresidente de la compañía, tiene una vinculación emocional con la industria, que en su opinión, es menos voluble ante las crisis, y recomienda “con humildad” que Cantabria tenga más vinculación con el País Vasco y Asturias (“a nosotros solos nos va a costar mucho sobrevivir”, teme). “Creo que se puede potenciar un tejido industrial sólido y con gente innovadora, para que los jóvenes no tengan que salir fuera a buscarse la vida”. Él, no obstante, puede dar fe de que salir puede abrir muchos caminos.

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