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50 años formando ingenieros de Caminos
Fecha: 08/06/2017

La Escuela de Santander fue la segunda de España

La creación de la Escuela de Caminos de Santander hace cincuenta años, fue un hito para la región pero también para la profesión. Por primera vez se rompía la centralización de estos estudios, que hasta entonces solo se podían cursar en Madrid, donde se había creado la primera escuela en 1802. Más de siglo y medio después, Santander, en dura competencia con otras ciudades, fue elegida para albergar el centro que fue el origen de la Universidad de Cantabria y en el que se han formado ya 3.701 ingenieros de caminos y 1.454 ingenieros técnicos de obras públicas.
A la hora de recordar ciertos agravios históricos, suele mencionarse la tardanza con que llegaron a Cantabria comunicaciones tan vitales como las autovías o la demora que todavía acumula la modernización del ferrocarril. Sin embargo, de esta región vienen saliendo desde hace cincuenta años los profesionales que han hecho posible la construcción de esas infraestructuras por todo el país, los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, gracias a que Santander fue elegida hace medio siglo para acabar con la centralización de la enseñanza de estos estudios creados en 1802 y que desde esa fecha solo se podían seguir en la Escuela de Caminos de Madrid.
Aquella elección, a la que optaban varias ciudades de mayor peso que la capital cántabra, también puso la primera piedra lo que hoy es la Universidad de Cantabria.
Desde aquel primer curso de 1966 en la Escuela de Caminos de Santander se han formado 3.701 ingenieros de esta especialidad y 1.454 ingenieros técnicos de Obras Públicas. Profesionales que, han jugado un papel importante en la creación de algunas de las grandes empresas españolas del sector. Hoy, la Escuela de Caminos afronta el futuro interrogándose por los cambios que se deben introducir para adecuar sus enseñanzas a un mundo cambiante y globalizado en la formación de los nuevos ingenieros, consciente de que el foco ya no puede ponerse exclusivamente en la construcción.

Una decisión histórica

En la década de los sesenta y con el país embarcado en un proceso de desarrollo de nuevas infraestructuras, la demanda de profesionales que pudieran proyectar y ejecutar esas obras rebasaba la capacidad de la Escuela de Caminos de Madrid, la única existente, para formar a nuevos ingenieros. Tomada la decisión de crear otra escuela más, se planteó la pugna entre las ciudades que aspiraban a albergar ese nuevo centro universitario.
Entre las candidatas se encontraban capitales como Barcelona, Zaragoza y Santander, cuya candidatura fue promovida por un grupo de ingenieros de Caminos que trabajaban en el Puerto. Quizá porque Santander era la única capital del norte de España que carecía de estudios estrictamente universitarios, el Gobierno de Franco optó por asentar en esta ciudad la que sería la segunda Escuela de Caminos del país en siglo y medio de historia de esta especialidad.
El nuevo centro fue creado por un decreto publicado el 12 de diciembre de 1963 y comenzó a impartir las enseñanzas del primer curso en octubre de 1966, aprovechando las instalaciones de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en la Avenida de Los Castros.
La Escuela de Caminos no contó con una sede propia hasta algunos años después de iniciada su actividad, una sede que se completó en los años ochenta con un segundo edificio.
En aquellos primeros años la docencia se impartía con la ayuda de catedráticos de la Escuela de Madrid, que se desplazaban dos días a la semana a Santander. El cuadro de profesores se completaba con jóvenes ingenieros que aportaban un perfil diferente al tradicional, con un componente más investigador. Dos ejemplos son los de Enrique Castillo y César Sagaseta, dos profesores de aquella primera etapa que se jubilan este año y que se habían formado como investigadores en Estados Unidos. Con ellos se comenzaron a hacer tesis doctorales y el centro inició la formación de su propio profesorado.
La nueva Escuela de Caminos comenzó su andadura con una plantilla de 24 profesores y una plena ocupación de las aulas, porque en aquel primer curso se matricularon 248 alumnos, cubriendo la práctica totalidad de las plazas ofertadas (250). Los alumnos procedían de todas los puntos del país y tan solo 18 de ellos terminaron sus estudios en el plazo establecido, una muestra de la elevada exigencia académica que ha tenido la carrera desde el primer día.
La Escuela de Caminos fue, además, el primer centro de enseñanza superior en la región y el origen del proceso que culminó con la creación del Distrito Universitario de Santander y con el nacimiento posterior de la Universidad de Cantabria, en octubre de 1972.


Una profesión que evoluciona

Tal y como le ha ocurrido con otras profesiones ligadas a la construcción, la de ingeniero de caminos también se ha visto afectada por la crisis y los recortes en la obra pública. Esta constricción del mercado se ha reflejado en el descenso en las cifras de alumnos matriculados en la Escuela en los últimos años, que ha caído un 40%, aunque esta responsabilidad es compartida con otra circunstancia: el notable aumento de los centros que ofrecen estos estudios. Hasta el Plan Bolonia, solo había en España once escuelas que impartían esta enseñanza, dos de ellas privadas. A raíz de los cambios introducidos por ese Plan, cada comunidad autónoma ha podido crear la suya y actualmente el grado de esta ingeniería se puede cursar en 35 centros, y el master en 15. Tanto en Asturias como en el País Vasco surgieron sendas Escuelas de Caminos, y la de Santander, a pesar del prestigio que acumula, se vio privada de buena parte de los alumnos que procedían de esas regiones.
Con todo, los responsables del centro cántabro son conscientes de la necesidad de adecuar la enseñanza que imparten a las nuevas necesidades que van surgiendo en la sociedad: “Necesitamos analizar hacia dónde hay que reconducir el modelo clásico de ingeniero de Caminos”, señala el director de la Escuela de Santander, José Luis Moura. En su opinión “hay que centrarlo en dos aspectos, la relación con las empresas y la internacionalización de la Escuela”.
Para dar respuesta a las necesidades actuales del mercado, y aunque la construcción como tal sigue teniendo futuro, Moura detecta cuatro campos donde los ingenieros de Caminos pueden encontrar otras salidas profesionales: la energía, el agua, el transporte y la ingeniería de nuevos materiales. Son sectores multidisciplinares donde su perfil profesional encaja a la perfección con una labor vital, la de coordinador.


Más internacionalización

El otro aspecto cada vez más presente es la internacionalización, y la Escuela de Santander ya tiene un largo camino recorrido. Antes de que se creara el programa Erasmus, este centro ya contaba con acuerdos de doble titulación con universidades de otros países, por ejemplo, con la Escuela de Caminos de París, fortalecida por la gran similitud en el diseño de los estudios; no en balde España creó esta ingeniería siguiendo el modelo francés, mucho más generalista en su enfoque que el anglosajón, que se inclina más por la especialización.
También mantiene un acuerdo de doble titulación con la Universidad de Cornell, una de las más prestigiosas del mundo en el área de ingeniería civil. Los alumnos de grado pueden cursar el segundo y el tercer curso íntegramente en inglés, alternándose entre Santander y la universidad norteamericana. En la Escuela de Caminos cántabra estas clases se imparten en un aula específica y a un grupo formado por idéntico numero de estudiantes de uno y otro país.
Más recientemente ha llegado a un acuerdo con la Universidad de Valparaíso, en Chile. Esta doble titulación abre las puertas a los ingenieros españoles para trabajar en un país que ofrece grandes oportunidades laborales, ya que está inmerso en la construcción de infraestructuras. Contar con la titulación chilena evita la demora (hasta de tres años) que supone homologar el título obtenido en España y, para los ingenieros de ese país, el acuerdo con la Escuela de Caminos de Santander es la deseada puerta que les abre el mercado europeo.


Déficit de ingenieros de caminos

Aunque no se haya librado de la crisis, la versatilidad y el prestigio de la profesión de ingeniero de Caminos hace que apenas acuse el paro. Según cifras del Colegio, el desempleo de sus titulados en España es del 6%. En el seguimiento que la propia Escuela hizo de la promoción de 2014, en el que consiguieron contactar con el 85% de los alumnos, comprobaron que todos tenían trabajo, aunque fuera en Singapur, Indonesia, o en el Reino Unido, donde ha recalado un gran número de egresados.
El director de la Escuela de Caminos reconoce que en los últimos años los estudiantes han perdido interés por esta carrera, pero advierte que “es un buen momento para el que quiera cursarla, porque empieza a haber déficit de ingenieros de Caminos”.
El centro mantiene un contacto estrecho con quienes se han formado en sus aulas. Por ellas han pasado profesionales como Luis del Rivero, fundador de Sacyr, o Ana Isabel Rojo, directiva de Ineco; también ha aportado los equipos que han permitido que en Santander hubiese dos grandes consultoras de obra pública, como Apia XXI o el estudio de Juan José Arenas, autor de puentes muy destacados. Además, muchos de los directivos de las grandes consultoras vascas de ingeniería se han formado en esta Escuela.
Estas vinculaciones se pusieron de manifiesto en el reconocimiento como alumno distinguido a Ángel Corcóstegui, un reputado banquero que también salió de la Escuela de Caminos de Santander y cuya trayectoria profesional puede dar ejemplo de las altas capacidades para las que forma este centro universitario desde hace cincuenta años.

Jesús Polvorinos
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