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Control de flotas con acento cántabro
Fecha: 08/06/2017

Fagor Electrónica ha basado su empresa en los ingenieros que salen de la UC

El campus de la Universidad de Cantabria alberga una de las línea de negocio de Fagor Electrónica, la que desarrolla sistemas de gestión para controlar flotas de transporte. 400 empresas de España y Latinoamérica tienen localizados sus vehículos en todo momento gracias a los sistemas que desarrolla esta empresa del Grupo Mondragón, cuya sede santanderina está integrada por expertos en informática y telecomunicaciones formados en la Universidad de Cantabria (UC).
No es una spin off salida de un departamento de la Universidad de Cantabria sino una división de negocio de Fagor Electrónica, una de las 261 firmas y cooperativas integradas en ese gran grupo empresarial que es la Corporación Mondragón. Sin embargo, podría serlo, ya que los 30 empleados de su sede santanderina son universitarios formados en informática y telecomunicaciones en la Universidad de Cantabria.
Cuando Fagor Electrónica decidió crear una línea de negocio de control de flotas de transporte optó por asentarla en la capital cántabra donde podía encontrar un capital humano formado en las habilidades y conocimientos que necesitaba. Por entonces (el año 2000) en Mondragón y en su entorno no disponía de especialistas en comunicaciones inalámbricas.
En ese momento, la telefonía móvil y las comunicaciones inalámbricas anunciaban ya un enorme potencial para fomentar la aparición de nuevos modelos de negocio. Pero Fagor necesitaba ingenieros de telecomunicaciones, una titulación implantada en Cantabria pero que aún no existía en el entorno de Fagor. De ahí que la dirección de la empresa apostase por crear en Santander un pequeño grupo de trabajo formado por cuatro ingenieros titulados por la UC para que fueran explorando las posibilidades que ofrecía esa tecnología emergente de las comunicaciones inalámbricas.
La Universidad de Cantabria ya había habilitado espacios dentro del campus, como el CDTUC, para atraer empresas de base tecnológica, por lo que el aterrizaje de Fagor Electrónica en Santander encontró las condiciones más favorables.
De aquel pequeño grupo surgió la idea de enfocar los esfuerzos hacia una necesidad que iba en aumento en las flotas de transporte y que la evolución de las comunicaciones inalámbricas hacía posible: la de tener sus vehículos permanente geolocalizados.
Dos clientes, uno en Cantabria y otro en el País Vasco, permitieron iniciar esta línea de negocio de Fagor Electrónica que, 17 años después, cuenta ya con 400 empresas clientes –algunas de ellas en Latinoamérica– que trabajan con sistemas de control y gestión de flotas desarrollados por esta filial santanderina de la firma de Mondragón.
Los cuatro empleados que inicialmente la integraban se han convertido en 30, todos ellos cántabros, a los que hay que sumar otras diez personas de la red comercial repartidas por todo el país. “Todo el personal que tenemos aquí es junior que ha salido de la UC, que hemos ido formando y luego se han ido incorporando a la empresa; no hemos captado a expertos formados fuera; siempre ha sido cantera propia”, subraya el director de negocio de la sede santanderina de Fagor Electrónica, Marcos Sánchez.


Del control del vehículo al de la carga

El servicio que prestan a las empresas de transporte ha ido evolucionando al compás de las nuevas posibilidades que ha ido abriendo la tecnología utilizada para el control de flotas. El objetivo inicial, limitado a tener localizados en todo momento los vehículos en tránsito, se ha visto ampliamente sobrepasado y los dispositivos que ahora se instalan en camiones y autobuses permiten controlar no solo si se cumplen los periodos de descanso (algo que ya hacen los tacógrafos), sino incluso cómo se conduce, porque de eso puede depender un significativo ahorro en combustible, tal y como señala Marcos Sánchez: “Una empresa de transporte se puede ahorrar en torno a un diez o un quince por ciento de combustible controlando la forma de conducir y las diferencias entre conductores”. Teniendo en cuenta que el combustible supone el 40% de sus costes, el ahorro es evidente.
El último objetivo que se han marcado los desarrolladores es el control de lo que más inquieta a los clientes de los transportistas, la carga. Y no solo para aquellos productos que requieren que su traslado se haga en unas condiciones específicas, como los que necesitan mantener la cadena de frío o cumplir con unos requisitos de humedad y temperatura, por ejemplo, los productos farmacológicos.
El control de los remolques y la trazabilidad se ha convertido en una demanda generalizada de las empresas clientes y en un elemento de diferenciación entre transportistas, porque es el modo de medir la calidad del servicio. “Cada día se controla más la propia carga, el palé o el paquete”, constata Marcos Sánchez.
El nivel de implantación de ese control depende del coste de la tecnología y ese coste se reduce a medida que los sensores se van abaratando.


El futuro pasa por el Big Data

Esa evolución tecnológica también está impulsando una reorientación del negocio de las empresas que se dedican al control y gestión de flotas. Los nuevos vehículos ya van incorporando de serie los sistemas y dispositivos que estas firmas implantan y que consisten en una central de datos (la caja negra del camión) y sensores conectados al motor. De ahí que el foco de la compañía cántabra se vaya desplazando hacia la información que se obtiene de esos dispositivos y cómo gestionarla.
Su futuro pasa por el análisis masivo de datos (el Big Data), es decir la capacidad para extraer de la información que proporciona el vehículo, y a la que se accede a través de una plataforma en internet. Con esas conclusiones la empresa de transporte podrá optimizar su rendimiento y ofrecer mejor servicio. “Es uno de nuestros grandes retos tecnológicos, sacar mucha más información de la trazabilidad”, confirma Sánchez. Un reto al que dedican buena parte de sus plantilla, formada por expertos en software, y para el que cuenta con la colaboración del Grupo de Investigación de Telemática de la Universidad de Cantabria, porque los ingenieros de la UC, que fueron determinantes para la instalación de esta empresa en Santander, también lo van seguir siendo en su futuro.

Jesús Polvorinos
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