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‘Poner en marcha la mina de Reocín puede llevar diez años’
Fecha: 08/05/2017

Daniel Arias, exdecano de Geológicas de Oviedo

Cuando en 2003 AZSA cerró la mina de Reocín, el zinc se cotizaba a 500 dólares la tonelada; hoy se paga por encima de los 3.000. Estonces se daba por agotado el mineral en la cota de -200 metros a la que se estaba explotando. Ahora, se dan por seguras unas reservas muy importantes, pero eso sí, por debajo de los 500 metros de profundidad. No se trata de ningún descubrimiento: AZSA era perfectamente consciente de ello, a través de las catas que había realizado pero los precios de entonces no justificaban una explotación más cara. Ahora, en cambio, resultaría muy rentable, según confirmó el principal experto en exploraciones mineras del país, el geólogo asturiano Daniel Arias, que participó en los encuentros del Club Empresarial Cantabria Económica. Pero advirtió que no conviene hacerse demasiadas ilusiones: Abrir una mina es un proceso muy complejo, lleno de incertidumbres y muy lento que puede llevar diez años. No obstante, se mostró absolutamente de acuerdo con la decisión del Gobierno de Cantabria de acometer un proyecto que puede crear más de 2.000 empleos.
Cuando hace meses una empresa minera le propuso al Gobierno de Cantabria reabrir la mina de Reocín, la Consejería de Industria levantó las orejas. Hasta ese momento, ni entre sus técnicos ni desde el exterior se había mencionado semejante posibilidad.
Tras la marcha de AZSA, el Gobierno pasó a ser titular del yacimiento y con él recibía otra herencia tan valiosa o más: todos los informes de las catas realizadas, en las que AZSA había encontrado mineral en abundancia, porque Cantabria es una de las zonas del mundo donde la blenda tiene más presencia. No obstante, nadie había prestado demasiada importancia a esta documentación, bien porque situaba los yacimientos a mucha profundidad, o bien porque fueron directamente archivados sin tener en cuenta su contenido.
Cuando en 2015 el precio internacional del zinc se duplicó, fueron las propias compañías mineras las que se dirigieron al Gobierno. A la primera alerta, que despertó en el Gobierno la conciencia de tener un recurso aún valioso, le siguió pronto una segunda y a partir de ahí se desencadenó un proceso administrativo reglado por ley. De no haber tenido un adjudicatario anterior, el Gobierno tendría que haber concedido la licencia de exploración y explotación al primer interesado, pero en este caso debe propiciar un proyecto de concurrencia, para adjudicárselo al mejor de los proyectos que se presenten. Y no será fácil decidir cuál es el mejor.
El profesor Arias dejó claro ante el auditorio de empresarios convocados por Cantabria Económica –entre los que se encontraba el consejero de Innovación, Industria y Turismo, Francisco Martín– que se presentarán muchos interesados, porque la existencia del recurso (el mineral) es cierta y aparentemente muy rentable. También pronosticó que entre ellos habrá empresas senior, como Xtrata, la propietaria de AZSA, y empresas junior, de pequeño tamaño (no quiso llamarlas especuladoras), que tras hacer la exploración ponen esos resultados en el mercado, para captar capitales ávidos de altos rendimientos, o venden sus derechos con grandes plusvalías a una gran compañía, que será finalmente la que lo explote.
El profesor Arias, que ha participado en 56 exploraciones mineras en busca de metales (oro, cobre, zinc...) por todo el mundo, y asesora a la mayoría de las grandes empresas mineras, advirtió a los empresarios asistentes que son pocos los recursos metálicos que quedan por explorar en España y Europa y, en el caso español se concentran en la zona pirítica de Huelva, en Galicia (estaño), Asturias (oro), Salamanca (uranio) y Cantabria (zinc y plomo). Menos aún son los recursos mineros que se presentan, como los de Cantabria, al pie de una autovía y de un puerto, factores ambos que facilitan extraordinariamente su transporte.
Esa escasez de minas grandes y la consistente demanda mundial que tienen los metales, especialmente desde China, ha provocado un fuerte aumento de los precios en casi todos ellos. El zinc, como protector de los metales férreos frente a la oxidación, se ha vuelto imprescindible para las fábricas de coches, electrodomésticos y mobiliario urbano. Basta ver que la producción española de minerales metálicos tenía un valor de 147 millones de euros en 2007 y en 2013 ya superaba los 817 millones, mientras que el valor de las rocas ornamentales producidas en el país había bajado en este periodo a la mitad y el de las canteras a la cuarta parte.


Un yacimiento con una alta ley de mineral

Arias, que durante muchos años ha sido decano de la Facultad de Ciencias Geológicas de Oviedo, restó valor a las informaciones periodísticas publicadas hasta el momento sobre las posibilidades de la nueva mina de Reocín, en las que se confunde el mineral extraído (todo-uno) con el metal real, que no llega a la décima parte, lo que no obstante, sigue deparando unas grandes expectativas. Según dijo, Reocín presenta una ley de metal muy alta si se compara con otros yacimientos, ya que su blenda ofrece en torno a un 8% de zinc y un 1% de plomo, cantidades muy estimables.
El auténtico problema no es la incertidumbre del recurso sino el tiempo. Algo de lo que también es consciente el Gobierno que ya ha desencadenado el proceso de exploración con la reforma de la Ley del Suelo, según explicó el consejero de Industria, para incluir una tercera dimensión (el subsuelo) hasta ahora no contemplada. Gracias a ello se podrá conseguir una rápida recalificación de los terrenos necesarios para la explotación.
El segundo paso, según desgranó Arias, será el concurso público de los derechos mineros, al que se presentarán todas las compañías interesadas. Una vez resuelto el delicado asunto de decidir quién va a ser el adjudicatario de la exploración, se pasará a una nueva investigación para completar los sondeos que ya están hechos, alrededor de dos centenares, según el consejero de Industria. Arias presume que serán necesarios muchos más para delimitar con exactitud la extensión y profundidad del yacimiento, lo que llevará tiempo y dinero.


Un túnel de acceso de siete kilómetros

Con la extensión del yacimiento bien definida por esta trama de catas del suelo, la empresa adjudicataria hará un estudio de viabilidad, para recabar en el mercado de capitales los ingentes recursos que requiere la explotación (probablemente unos 400 millones de euros), y esos datos deberán ser previamente certificados, para acreditar su solvencia.
Si los resultados son tan positivos como supone el Gobierno (la posibilidad de extraer 20 millones de toneladas de blenda en los próximos veinte años), el adjudicatario tramitaría la concesión minera para comenzar la explotación y, una vez obtenida, iniciaría la construcción de la mina. Un proceso que tampoco será fácil, dado que para acceder a una cota inferior a los 500 metros de profundidad con unas pendientes razonables tendría que hacer un túnel de unos 7 kilómetros, cuya boca se especuló que podría estar en los terrenos excedentes de Sniace pero que probablemente se encuentre en otro lugar muy distinto ya que, según Arias, a su alrededor requiere unas escombreras, una planta de concentración y una balsa de lodos. En este último punto discreparon tanto el consejero de Industria como el director de la planta asturiana de AZSA (también presente en el acto), recordando que hace muchos años que esta empresa realiza el proceso ‘en seco’, lo que evitaría un espinoso asunto ambiental.
El final de esta larga secuencia de acontecimientos sería la extracción del mineral propiamente dicha y la venta de concentrados, algo que no ocurriría, en palabras de Arias, “antes de diez años”. Un periodo que tanto el consejero de Industria como el director de AZSA creen que podría acortarse sensiblemente, aunque sin atreverse a poner un plazo. El profesor Arias recordó que la reapertura de la mina de cobre de Riotinto ha llevado siete años y, en el caso de Reocín, el proceso ha de partir prácticamente de cero, puesto que tanto el abordaje de la mina como la zona de explotación no tienen por qué coincidir con la anterior. “No es la reapertura de una mina. Es una nueva apertura”, enfatizó Arias.
En cualquier caso, el experto asturiano felicitó al Gobierno cántabro por poner en marcha el proceso, aún a sabiendas de que los prolegómenos desbordarán su mandato político, y aunque calculó que las posibilidades de que la mina se abra son pocas (el 10%, se atrevió a aventurar) son muy altas para los porcentajes que se manejan en el sector. Entre las incertidumbres más preocupantes está la presencia de grandes manantiales subterráneos que obligarán a bombear millones de metros cúbicos de agua al Besaya, lo que requerirá la autorización de la Confederación Hidrográfica, y el hecho de que ese agua porte metales.
Las estimaciones del profesor Arias calculan que la mina puede deparar un millón de toneladas de todo-uno al año durante al menos quince, de las que obtendrían 60.000 toneladas de zinc por año y 7.500 de plomo, que a los precios actuales de mercado reportarían unos 145 millones de euros. En total, en el tiempo de explotación estimado, la mina generaría 2.175 millones de euros (bastante menos de lo estimado por el Gobierno), pero coincidió con el Ejecutivo en que generaría 650 empleos directos y unos 2.600 indirectos, unas cifras que cambiarían por completo la realidad económica de la comarca, aunque no a corto plazo. Eso no impide que, desde el primer momento ya se puedan generar varias decenas de empleos en la campaña de catas que será necesaria para radiografiar con mucho más detalle el yacimiento.

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