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‘Habría que hacer políticas de investigación más estimulantes para las empresas’
Fecha: 08/03/2017

Javier León, vicerrector de Investigación y Transferencia del Conocimiento de la UC

Las empresas cántabras se han ido acercando a la Universidad en busca de convenios de investigación o de servicios técnicos y aparatos de muy alta tecnología de los que no podrían disponer de ninguna otra manera. Todo eso se convierte en trasferencia de conocimiento, una aportación de la Universidad que cada vez es más decisiva para el futuro de la región. Javier León, vicerrector de Transferencia del Conocimiento de la UC canaliza este flujo.
Como vicerrector de Transferencia del Conocimiento, ¿considera que este concepto de ‘transferencia’ se entiende adecuadamente en la sociedad?
JAVIER LEÓN.– Lo de ‘transferencia del conocimiento’ no es un invento de la Universidad de Cantabria, la expresión está en la Ley Orgánica de Universales como una de las funciones de las mismas. Creo que fuera de la universidad aún no ha llegado a calar lo suficiente la idea de que la transferencia y la innovación también es un servicio de la universidad a la sociedad. Ojo, no a las empresas, sino a la sociedad porque el sector productivo es parte fundamental de la sociedad, aunque empresas concretas puedan beneficiarse de este o aquel proyecto. De la misma manera que también es servir a la sociedad formar profesionales, aunque los beneficiarios inmediatos sean estudiantes concretos. En resumen, la universidad de hoy ha de estar a la docencia, a la investigación y a la transferencia, además de hacer divulgación científica. Por esta multiplicidad de funciones Derek Bok, ex rector de Harvard, en un libro ya clásico rebautizaba con humor a las universidades como ‘multiversidades’.

Cuando alguna empresa quiere conocer o tomar contacto con la Universidad de Cantabria para saber qué servicios puede ofrecerle, ¿qué pasos ha de dar?
JL.– Lo primero sería contactar con la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI). Allí sabrán atender su consulta y/o redirigirles a algún grupo de investigación. Además, tanto en el IH (Instituto de Hidráulica) como en el IBBTEC (Instituto de Biotenología) hay departamentos específicos dedicados a la transferencia.

Para alguien que apenas conozca a la UC y quiera sondear qué servicios concretos ofrece a los empresarios, ¿qué es lo que le mostraría de partida?
JL.– Dentro de la web de la UC hay una página de Servicios Cientifico-Técnicos para empresas e investigadores. Allí pueden consultar los servicios que ofrecen los grupos de la UC, organizados según los distintos sectores de actividad. También pueden consultar el catálogo de grupos de investigación, donde se describen sus actividades y donde pueden encontrar alguna próxima a sus intereses.

Al margen de los proyectos de investigación, ¿qué otros servicios se contratan con la universidad?
JL.– En efecto, muchas empresas, sobre todo las más pequeñas, no nos plantean proyectos de investigación pero sí aprovechan nuestro know-how y equipamiento. Pueden ser análisis de caracterización o resistencia de materiales, análisis químicos o físicos, consultorías, controles de calidad, secuenciación de ADN, servicios de animalario y un largo etcétera.

¿Y qué papel juegan o podrían jugar en ese sentido las asociaciones empresariales?
JL.– Las asociaciones o clusters son un instrumento esencial en el I+D+i empresarial, especialmente para empresas pequeñas que por sí solas no pueden mantener una estrategia de innovación, pero agrupadas sí.

¿Dónde cree que existe más conciencia de “necesidad de transferencia”, entre los grupos de investigación o entre las empresas?
JL.– Es difícil de contestar en términos generales. Nuestra universidad es generalista y heterogénea. En alguna áreas –típicamente ingenierías– la necesidad de transferencia forma parte de sus señas de identidad, pero en otras no es así, aun cuando creo que tienen margen de hacerlo. Parte de mi trabajo es ayudar a abrir ese camino a grupos que aún no han explorado seriamente esa posibilidad.
En cuanto a las empresas, el grado de concienciación depende mucho de su tamaño de su actividad. En Cantabria hay poca empresa grande y además hay mucha meramente transformadora: compran, transforman un poco y revenden, y a veces solo compran y venden. Estas suelen vivir al margen de la I+D. Pero otras muchas tienen una actividad con más tecnología incorporada, y algunas están concienciadas de la necesidad del I+D porque no solo les preocupa la cuenta de resultados del 2017 sino también la del 2027 y más allá.

¿Cree que el impulso que puede suponer la financiación pública es clave para fortalecer esta relación?
JL.– Es necesaria. Me gustaría decir otra cosa, pero la realidad que yo veo es que, aquí y ahora, la financiación pública es necesaria para romper ese techo de cristal que es la innovación empresarial, al menos en las pymes. Las convocatorias públicas de proyectos para empresas (CDTI, Plan Estatal, y regionales) están sirviendo para que se animen a hacer I+D empresas que sin ese estímulo no lo harían.

¿Qué tareas pendientes cree que existe en este ámbito?
JL.– Los datos globales dicen que en España la historia de la I+D empresarial, con todas las excepciones que se quieran hacer, es la historia de un fracaso. Mientras que en producción científica España está en el puesto 10-12 del mundo, en transferencia está en el 20-25 (según distintos rankings o criterios). Esto es una distorsión que debería resolverse con políticas más agresivas y estimulantes para las empresas, y eso pasa por implicar a grupos de investigación de universidades y otros organismos públicos. Una tarea claramente pendiente es aumentar los doctores contratados y en formación en las empresas. Creo que es la única política que a largo plazo puede dar resultado, porque sólo personas suficientemente formadas en investigación pueden ver las posibilidades de innovación de la empresa en la que trabajan.

¿Cuáles son los retos de su vicerrectorado en el corto-medio plazo en este sentido?
JL.– Partimos de una situación buena, en comparación con la gran mayoría de las universidades. Aún no tengo los datos de 2016, pero en años anteriores los grupos de la UC han hecho más de 280 contratos con empresas, por un valor 10-12 millones de euros. Normalizado al tamaño de nuestra universidad, la UC es la segunda o tercera del país en cuanto a dinero contratado con empresas. Sin embargo, hay margen para la mejora. Por ejemplo, tenemos un programa de doctorado industrial junto con el Vicerrectorado de Profesorado. También el Foro Universidad-Empresa ha de seguir su labor pues puede ayudar a las empresas a contactar con grupos de investigación. En el futuro próximo estamos pensando en otras acciones para dinamizar la colaboración con las empresas.

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