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Fecha: 08/03/2017

Las empresas cántabras empiezan a aprovechar la amplia oferta de investigación aplicada de la UC


Aunque lastrada en los últimos años por la crisis, la confluencia entre Universidad y empresa en el ámbito de la investigación aplicada es hoy una realidad indiscutible. En las últimas décadas, las universidades españolas han pasado de ser centros exclusivamente dedicados a la docencia a ser valoradas por su capacidad investigadora y han encontrado en su colaboración con las empresas la fuente de financiación que les ha permitido paliar la escasez de recursos públicos. Ha sido esta investigación contratada la que, en los años más duros de la crisis, ha aportado a la Universidad de Cantabria los recursos necesarios para mantener una actividad investigadora de la que dependen más de 400 científicos, al margen de los cerca de 500 docentes que realizan regularmente este trabajo.
El paso dado en la universidad hacia la transferencia de investigación como modo de transmitir conocimiento y financiar su actividad ya es un camino sin retorno. La investigación en ciencia básica se canaliza cada vez más hacia los grandes instituciones y a los departamentos universitarios se les reconduce a la colaboración con la industria. Los investigadores tiene asumido que deben ser capaces de generar esos recursos, hasta el punto de que en alguna universidad británica se les ha fijado la cifra de más de cien mil euros al año como el umbral mínimo que cada investigador debe atraer con sus proyectos.


Cambio de mentalidad

En el caso español, la captación de recursos procedentes de las empresas tiene el mérito añadido de que nuestra cultura empresarial no es especialmente proclive a la investigación. Es innovadora y trata de adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos que surgen en su campo de trabajo pero los empresarios españoles no acaban de estar convencidos de que una inversión en I+D les vaya a suponer un retorno económico efectivo.
Pero también esta mentalidad está cambiando, y en Cantabria son muchos los ejemplos de colaboración entre universidad y empresa.
La actividad investigadora de la UC responde, lógicamente, a las características del tejido industrial de la región, aunque también trabajan con empresas de fuera. Sectores como el químico, el nuclear o los componentes de automoción –donde la región cuenta con empresas muy importantes­– han generado una investigación muy competitiva. También lo han hecho la tecnología de materiales y las telecomunicaciones.
Esa actividad investigadora también responde a las apuestas estratégicas que ha hecho el Gobierno de Cantabria, desde el impulso que ahora está dando Sodercan a los programas de innovación en las empresas a la creación en su día de institutos científicos como el de Hidráulica, convertido ya en una referencia internacional, o el de Biotecnología. Este último campo, generosamente financiado en convocatorias europeas y con un amplio potencial por desarrollar, es uno de los que más atrae el interés de los grupos de investigación. Sobre él convergen proyectos procedentes de ámbitos científicos tan variados como el de la fotónica, la espectroscopía o la óptica.


Desde las nanopartículas a los superordenadores

El equipamiento del que disponen los grupos de investigación de la UC y la elevada cualificación de sus integrantes les permite dar respuesta a muchas de las necesidades concretas que les plantea la industria o la medicina en el campo del I+D. El análisis de una molécula; la sintetización y funcionalización de nanopartículas para que sirvan de biosensores o de vehículos para fármacos; el estudio de la composición o las tensiones internas de materiales analizados en la propia cadena de fabricación; o la creación de productos y técnicas novedosas que confieren una mayor capacidad competitiva a las empresas son algunos ejemplos de lo que ya están aportando los grupos de investigación de la UC al tejido empresarial de la región.
Además, a pesar de su pequeño tamaño en relación con otras comunidades, Cantabria cuenta con dos equipamientos acreditados por el Ministerio de Ciencia y Tecnología como infraestructuras científicas y técnicas singulares (ICTS): el Gran Tanque de Ingeniería Marítima, en el IH, y el Nodo Altamira de Supercomputación, en el Instituto de Física de Cantabria. La gigantesca capacidad de cálculo de este superordenador lo hace muy útil en aplicaciones de todo tipo, desde el diseño de piezas de automoción o de aeronáutica hasta el diseño de una nueva generación de fármacos o la realización de simulaciones para preparar planes de evacuación ante un desastre natural.


Canal de comunicación universidad-empresa

Para que las empresas puedan aprovechar estos equipos y la capacidad investigadora de la Universidad es necesario que conozca su existencia. Y aquí también se ha producido un gran cambio. Aunque todavía sigan siendo necesarias las relaciones personales entre los investigadores universitarios y empresas de las que surgen los proyectos, han aparecido canales más institucionales. Un signo de esa nueva disposición fue la creación por la Universidad de Cantabria de la oficina de transferencia de resultados de la investigación (la OTRI), seguida en fechas más recientes por otra oficina, la dedicada a Proyectos Europeos e Internacionales de Investigación (OPEII). Y para tender puentes con el mundo empresarial, se creó en 2013 el Foro UC-Empresas, un marco que facilita esa aproximación y que se complementa con reuniones sectoriales, para analizar problemas comunes, o con jornadas de trabajo con empresas que buscan en la Universidad el instrumento adecuado para llevar a cabo la investigación que le permitirá crecer.

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