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Cantabria también aspira a la fábrica europea de Tesla
Fecha: 08/03/2017

Con 10.000 empleos y el producto tecnológico de moda, impulsaría espectacularmente la economía regional durante varias décadas

Paterna (Valencia), Talavera de la Reina (Toledo), Jerez (Cádiz) o Galicia ya han mostrado su interés por acoger la futura fábrica de Tesla en Europa. Todo el mundo parece convencido de que la siguiente generación de automóviles va a ser eléctrica y que quien logre la planta de ensamblaje que la compañía norteamericana se dispone a establecer en el continente alcanzará las estrellas, por volumen de empleo, por disponer de un producto con una larga vida y por convertirse en un referente tecnológico. Cantabria también presentará este mes su candidatura. De tener éxito, una gran parte de su economía comenzaría a girar en torno a una empresa tan singular, desde el sector de los componentes de automoción al de logística, pasando por la Universidad. Nada sería igual en las próximas décadas.
Si los productos de Apple han sido los iconos de la primera década del siglo, los coches eléctricos pueden serlo de la próxima y cuando la compañía norteamericana Tesla, que abandera esta tecnología, ha decidido construir una fábrica en Europa se han levantado muchas expectativas en varios países. Una planta con 10.000 trabajadores y un producto casi revolucionario es una garantía de futuro para cualquier región. También para Cantabria, que garantaría el crecimiento de las próximas décadas, y eso es lo que pensó el presidente de la Autoridad Portuaria de Santander, Jaime González, cuando le propuso al Gobierno regional presentar la candidatura. Nadie ha desvelado hasta el día de hoy esa iniciativa, aunque ya ha pasado por varios despachos en los que ha encontrado un absoluto respaldo, incluido el de Íñigo de la Serna cuando era alcalde de Santander.
La fortísima demanda que ha suscitado el Tesla Model 3 ha llevado a la compañía norteamericana a levantar una enorme fábrica en su país de origen y a plantearse otra inversión semejante en Europa, con la que atendería este mercado continental. Una decisión que, por el momento, no tiene la oposición del presidente Trump y a la que aspiran varias localidades españolas (Paterna, Talavera de la Reina y Jerez), y algunas más de Países Bajos, Francia y Gran Bretaña. A estas candidaturas más o menos públicas se va a unir este mes la de Cantabria, que ofrece la Recta de la Pasiega, en Parbayón como un emplazamiento idóneo. Según ha podido saber esta revista, la propuesta se la entregará directamente la presidenta del Banco Santander a los ejecutivos de la firma automovilística de Palo Alto (California) con la misma discreción que se ha llevado todo el proceso hasta ahora.


Las ventajas de Cantabria

Como ha ocurrido con la mina de Reocín, el Gobierno cántabro ha llevado con sigilo estas gestiones para no levantar unas enormes expectativas que se volverían en contra en el caso de no tener éxito. No será fácil conseguirlo, pero fuentes de los promotores de la iniciativa dan por seguro que ninguna otra candidata podrá presentar un informe tan extenso, tan documentado y con tantas ventajas objetivas para el fabricante de coches como el elaborado por Cantabria.
La principal baza es que la fábrica podría desplazar los coches por ferrocarril desde la línea de ensamblaje hasta el barco en el mismo orden y la misma secuencia en que se programen las entregas a los clientes finales, lo que reduciría muy sensiblemente los costes de logística. Santander, por otra parte, es un puerto idóneo para la distribución por todo el Norte de Europa y la región cuenta con una larga tradición de proveedores en el campo de la automoción, que podrían reorientar sus producciones hacia el motor eléctrico garantizando unos altos niveles de calidad. La paz social de la región, los salarios competitivos y la proximidad de estos proveedores son otros factores añadidos de gran importancia, así como el medio natural o el contar con varios departamentos universitarios que investigan en los campos de la electricidad, la electrónica y el ámbito metal-mecánico.
Todos ellos recibirían un impulso directo descomunal si Tesla apuesta por la región para su Gigafactory 2 de ensamblaje de coches y fabricación de baterías (la 1 es la que acaba de construir en Nevada, EE UU). Los promotores de la candidatura están convencidos de que “que garantizaría el crecimiento de Cantabria durante décadas”, como ocurrió con la Ford en Valencia. A los evidentes efectos directos se sumarían los indirectos sobre el transporte, el consumo y la propia imagen de la región, tan importantes o más, así como la atracción de nuevos proveedores, tentados a asentarse junto a su cliente principal.
Además, la fábrica proyectaría a la comunidad autónoma a otra división en el campo del I+D+i, al pasar a liderar una nueva era en el campo de la automoción, con un largo recorrido tecnológico, que requeriría la aportación de investigadores de muchos ámbitos, desde los que trabajan en nuevos materiales a los que desarrollan sistemas de conducción autónoma.


Un lugar donde establecer la fábrica

Nada de esto será posible si la comunidad autónoma no es capaz de ofrecer un emplazamiento para una macrofábrica capaz de montar 500.000 coches al año, y que necesita disponer de un parque de proveedores a su alrededor. El lugar ideal es el puerto de Santander o un espacio lo más cercano posible, dado que la mayor parte de la producción se embarcaría con destino a la exportación y se trata de una factoría limpia, en consonancia con el producto ambientalmente sostenible que ofrece.
A la vista de que en ese entorno no hay ningún espacio libre de semejante tamaño, el presidente de la Autoridad Portuaria de Santander había propuesto la Recta de la Pasiega, que no solo ofrece un amplísimo suelo sino que también tiene una conexión directa con el puerto, tanto por carretera como por ferrocarril, que será aún más fluida tras las inversiones previstas.
La enorme mies de La Pasiega ya estuvo en punto de mira de otro Gobierno del PRC-PSOE, hace ahora una década, cuando pensó convertirla en un gran polígono industrial, al formar un eje perfecto con los parques empresariales ya existentes en Camargo, Astillero y el propio Puerto. Este proyecto no cuajó porque su principal locomotora iba a ser una nueva planta láctea del grupo Iparlat que, con la llegada de la crisis, nunca se construyó. Una megafábrica como la de la compañía norteamericana justificaría por sí sola este espacio industrial que, además, podría acogerse a las nuevas ventajas de Zona Franca, que se le otorgaron al Puerto de Santander hace casi un año y que no se limitan a su perímetro. Esta importante ventaja fiscal será decisiva para cualquier planta, como esta, pensada para la exportación.
Tesla es, hoy por hoy, un pequeño fabricante de coches, pero su progresión y sus expectativas son extraordinarias. Tras el despegue que están teniendo los híbridos, casi nadie duda de que los coches eléctricos de batería son el futuro inmediato, aunque su éxito dependerá de la evolución tecnológica de las baterías, que la propia Tesla está mejorando a pasos agigantados, hasta el punto que sus modelos ya permiten 600 kilómetros de autonomía. La marca también está en disposición de ofrecer una aceleración más rápida que la de cualquier motor de combustión interna. Pero las recargas aún son lentas y cualquier cambio tecnológico se inicia en los mercados más receptivos, que en este caso son los del Norte de Europa, lo que puede ser una ventaja para Cantabria (la distribución es relativamente sencilla desde el Puerto de Santander) o una desventaja (el mercado español del coche eléctrico aún tardará en despegar).
En cualquier caso, la oferta cántabra tendrá que superar muchas otras, dentro y fuera de España, que en algunos casos están haciendo mucho ruido. Ningún país desecha una inversión de 4.000 millones de euros y unas expectativas de empleo directo de entre 5.000 y 10.000 trabajadores. Pero no todos podrán presentar tantas ventajas.

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