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La Remonta se abre a los santanderinos
Fecha: 08/02/2017

El nuevo parque, de diez hectáreas, conecta Peñacastillo con Campogiro

El Plan de la Remonta ha pasado al limbo como consecuencia de la anulación del Plan General de Santander. La posibilidad de construir viviendas en la antigua finca del Ejército se disipa por el momento, pero afortunadamente nada de eso le afecta al parque que el Ayuntamiento estaba a punto de culminar. En unos días, la ciudad contará con un nuevo espacio de ocio y paseo en una de las áreas más necesitada de zonas verdes.
En Santander ha caído un muro más, el que separaba la gran finca de La Remonta de la vida ciudadana que transcurría al otro lado. Y ese espacio, desconocido para la mayoría de los santanderinos, ha quedado abierto a su curiosidad a través de un parque de casi diez hectáreas que el Ayuntamiento ha creado en la zona central de la antigua finca militar, que separará las dos zonas de la finca que se pretenden construir.
Las praderías, destinadas antaño a la yeguada de reproducción, se han convertido en un moderno y minimalista parque público, en el que los diseñadores, los mismos que en su día dieron forma a la Vaguada de Las Llamas, han creado un espacio de ocio y paseo en el que se han cuidado especialmente los aspectos medioambientales.


Una senda de un kilómetro

Aunque el parque tiene en algunos tramos una anchura de 140 metros, el elemento más destacado es la larga senda peatonal y ciclista que atraviesa la finca, desde Peñacastillo a Campogiro. Un eje que conectará la nueva zona de ocio con el cercano Parque del Doctor Morales, creando un cinturón verde en el cuadrante oeste de la capital.
El doble carril, de casi seis metros, está separado por una mediana vegetal, de manera que ciclistas y paseantes no se interfieran. Y a lo largo de todo el recorrido, que está flanqueado por cerezos y manzanos a un lado y farolas al otro, se reparten cuatro áreas boscosas, aunque para poder apreciarlas habrá que esperar a que los árboles, plantados ya con un cierto porte, alcancen más tamaño.
Las cuatro áreas boscosas responden a dos criterios, el de que el arbolado fuera autóctono y la potenciación de la biodiversidad, cuidando los efectos que pueda tener sobre la pequeña fauna local.
En cada zona se ha buscado recrear un hábitat diferente; así, en la entrada por Peñacastillo los visitantes se encontrarán con un encinar costero; avanzando por la senda peatonal, en una zona encharcable por la pendiente del terreno, se han mezclado arces, alisos y hayas; y no muy lejos se ha recreado un bosque de ribera con alisos, arces y hayas como especies más comunes, que inicialmente se iban a plantar en las proximidades de la charca existente en la finca, algo que se descartó para no alterar la biodiversidad original de este espacio acuático. El último espacio arbolado, ya muy cerca de la entrada por Campogiro, es un bosque mixto, en el que se entremezclan fresnos y cagigas con plantas arbustivas como laureles, endrinos, avellanos, aligustres y sauces.
Esta misma diversidad se ha buscado en las plantas utilizadas en la mediana vegetal que separa la senda peatonal y el carril bici. En total, se han plantado 142 árboles y cerca de 1.600 plantas arbustivas, que darán al parque una cobertura vegetal de la que hasta ahora prácticamente carecía, salvo en las dos grandes avenidas que desembocan en la antigua quinta de recreo del Conde de Campogiro, dedicada desde 1920 a oficinas de la yeguada militar. En la elección de las especies más idóneas para favorecer la biodiversidad, los diseñadores del parque y la empresa de jardinería La Encina han contado con el asesoramiento de SEO/BirdLife.
Otro elemento llamativo para el paseante será el estanque de 85 metros de diámetro que existe en la finca. Para evitar que se encharque la senda peatonal, la empresa Teginser, ejecutora de la obra, ha elevado un metro el camino en esa zona, lo que a la vez facilita la observación de ese pequeño ecosistema.
Para iluminar la senda que atraviesa el parque se ha optado por farolas de leds, de alta eficiencia energética, diseñadas por los propios paisajistas autores del proyecto del nuevo parque, Battle y Roig.
En lo que se refiere al mobiliario urbano, aunque también se ha cuidado el diseño de los bancos, no serán muy confortables en épocas frías, al estar hechos de hormigón; el mismo material coloreado y con un tratamiento antideslizante con el que se ha fabricado el pavimento del carril bici y de la senda peatonal.
Donde el diseño no ha llegado es al cierre perimetral de las zonas de La Remonta que aún son propiedad de Defensa, un simple mallazo de tela metálica. Quizá se explique por el carácter provisional de esa separación, a la espera del desarrollo total de la finca, sobre la que se había aprobado un plan parcial que contemplaba la construcción de viviendas, aunque tras la anulación del PGOU de Santander, esa provisionalidad puede alargarse en el tiempo.


Puertas ecológicas

Aunque inicialmente no se preveía, la petición de Defensa de que los accesos a la finca queden cerrados durante la noche ha obligado a la instalación de puertas en cada una de las dos entradas al parque. Esta necesidad ha sido aprovechada por los diseñadores para crear unos cierres singulares, y las dos grandes puertas albergarán, en una de sus hojas, plantas trepadoras y en la otra un ‘hotel de insectos’. Para facilitar la colonización de este espacio por diversas especies se han creado varios hábitats, rellenando la caja metálica que hace de puerta con estratos de piedra, ladrillo y madera.
Es una propuesta muy en boga en parques y jardines europeos, que servirá como un apoyo más a la biodiversidad que inspira el parque.


Un proyecto de viviendas en peligro

La construcción del parque de La Remonta ha requerido siete meses de trabajo y una inversión cercana al medio millón de euros, pero el acuerdo que lo ha hecho posible se gestó hace ya trece años. Fue en 2004 cuando el entonces ministro de Defensa, José Bono y el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, acordaron que el Estado revertiría la finca a la comunidad.
La idea inicial de aquel primer Gobierno PSOE y PRC era la de construir viviendas sociales en esos terrenos, pero se opuso el alcalde de Santander, Gonzalo Piñeiro, que reclamaba poder decidir también sobre el destino de la finca militar. Tras nuevas negociaciones y con la inclusión del Ayuntamiento en el acuerdo de cesión, desapareció su oposición a que se construyera en La Remonta, y en 2006 el Gobierno de Cantabria, Defensa y el Ayuntamiento de Santander firmaban el convenio que preveía que la finca albergase un parque y 1.300 pisos. Un año después, Defensa licitaba un concurso de ideas para el diseño de La Remonta.
Debió pasar aún mucho tiempo –tanto como la larga crisis inmobiliaria que ha paralizado al sector– hasta que por fin se reactivó el proyecto, y no fue hasta 2016 cuando la CROTU aprobó el Plan Parcial de La Remonta, en contra de la opinión de grupos vecinales y ecologistas, que se oponen a la urbanización de ese espacio.
El Plan Parcial preveía, además de la edificación de esas 1.300 viviendas, la construcción de importantes dotaciones públicas, como un centro de salud, un colegio y un equipamiento deportivo. También habría otras zonas de usos comerciales, hoteleros y oficinas y se proponía la recuperación de las antiguas dependencias militares para un uso sociocultural.
Sin embargo, la reciente anulación del Plan General de Santander ha impuesto un compás de espera hasta que se encuentre una solución para el futuro ordenamiento urbano de la capital cántabra, que podría estar en la Ley del Suelo que prepara el Gobierno regional.
Cuando se produzca esa circunstancia, el nuevo parque de La Remonta será tan solo una parte de un proyecto mucho más ambicioso que acabará dando forma a un nuevo barrio en Santander. Mientras tanto es un parque en mitad de una gran extensión verde, lo que resulta un poco desconcertante.

Jesús Polvorinos
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