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Un cántabro al frente del imperio de las burbujas doradas
El santanderino Enrique Hevia es nuevo hombre fuerte de Freixenet, el mayor productor de cava

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Un cántabro al frente del imperio de las burbujas doradas
Fecha: 08/02/2017

El santanderino Enrique Hevia es nuevo hombre fuerte de Freixenet, el mayor productor de cava

El santanderino Enrique Hevia, hijo de una de las hermanas del mítico José Ferrer, el hombre que popularizó el cava en todo el mundo, y nieto del fundador, se ha convertido en el hombre fuerte de Freixenet. La famosa compañía de las burbujas doradas hace años que está revuelta, como consecuencia de las discrepancias sobre la gestión entre las tres sagas familiares de los Ferrer. Los pobres resultados de los últimos años, con pérdida de ventas y unos beneficios casi simbólicos, llevaron a la rama de los Hevia a pedir un cambio de gestión o la venta de la compañía. Ahora, al haber obtenido el respaldo de los Bonet (otra de las tres patas del accioniariado) van a ser ellos los que marquen el futuro de la empresa.
Hace algo menos de un año moría en Santander, después de una larga vida, Carmen Ferrer Sala, hija de los fundadores de Freixenet. Ella y sus descendientes eran propietarios del 29% de las acciones de la firma catalana, la compañía que consiguió que los vinos espumosos estuviesen al alcance de las clases medias de muchos países. Su vida discreta en la capital cántabra, donde residía desde que se casó con Enrique Hevia padre, no delataba los estrechos vínculos que tiene Freixenet con esta comunidad a la que Carmen vino por amor, donde residió durante muchas décadas (primero en la Ciudad Jardín y más tarde en la calle Hernán Cortés) y de donde son sus hijos. Uno de ellos, Enrique Hevia, era desde hace más de una década director financiero y vicepresidente de la empresa de las burbujas doradas y, tras la destitución del consejero delegado Pedro Ferrer, se acaba de convertir en el hombre fuerte de la compañía. Hevia está casado con otra santanderina, María José Hojas –hermana del conocido fotógrafo Pablo Hojas– y acude con mucha frecuencia a su región de origen, donde no es difícil verle en el Golf de Pedreña, un deporte al que es muy aficionado (es presidente del Club de Golf barcelonés de Sant Cugat).
Freixenet no solo está en la memoria de todos los españoles de al menos dos generaciones. Sus anuncios navideños con estrellas de Hollywood se habían convertido en un rito esperado y llenaban de glamour las pantallas de muchos países. Sin embargo, en el momento del fallecimiento de Carmen Ferrer, la hermana del mítico José Ferrer, que extendió el cava por todo el globo, la situación interna de la compañía era tan movida como las propias burbujas doradas. Casi desaparecía la segunda generación y una parte de la tercera (Enrique Hevia y sus hermanas Carmina, Agustina y Montserrat) hace tiempo que estaban descontentos con la gestión de la empresa en la que sus primos tenían el control, como consecuencia de la muy escasa rentabilidad de los últimos años. Enrique incluso había encontrado un comprador, la multinacional alemana Henkell, dispuesta a pagar 500 millones de euros por la empresa.
Después de más de cien años de historia, Freixenet se enfrentaba a la ruptura de su estructura familiar, ya que aún hoy las acciones se reparten entre las sagas de tres de los cuatro hijos de los fundadores: los Ferrer Noguer, los Bonet Ferrer y los Hevia Ferrer (otra de las hijas, Dolores, murió sin descendencia).
La idea de Hevia no se ha podido materializar porque sus primos Ferrer, que controlan un 42% de las acciones, se han negado en todo momento a la venta y, por el contrario, han tratado de buscar alianzas para conseguir una mayoría clara que alejase esta posibilidad.
Precisamente el día de la muerte de Carmen Ferrer se iba a celebrar un consejo de administración decisivo en el que los Hevia iban a presentar la oferta de Henkell y los Ferrer preparaban su contraoferta, negociando un crédito sindicado con la banca con el que comprar las acciones del resto de la familia, ya que existe un pacto de sindicatura destinado a evitar ventas descontroladas de títulos que les permite igualar cualquier oferta. El consejo se suspendió para que toda la familia se trasladase a Santander y los acontecimientos, que entonces se precipitaban, tomaron una senda de más sosiego.
En verano, las familias acercaron posturas. Los Hevia, los Ferrer y los Bonet acordaron una fórmula para facilitar liquidez a los miembros de la familia que quisieran dejar el capital; consiguieron, también, que Henkell aceptase una compra minoritaria (hasta ese momento la oferta estaba condicionada a poder controlar al menos el 51%); los Ferrer también compraban y se hacían con más del 50%, lo que les daba la mayoría y, finalmente, los Bonet tomaban caminos distintos, unos vendían su 7,25% y otros preferían permanecer como accionistas en la sociedad.
Para que todas las fichas encajasen, Enrique Hevia y sus hermanas tenían que vender, tal como parecía ser su intención, lo que, en función de la cuantía ofrecida por Henkell, les supondría unos 145 millones de euros.
El acuerdo parecía beneficioso para todas las partes, puesto que la compañía alemana (poseedora de muchas marcas, entre ellas Cavas Hill) es un gigante capaz de potenciar aún más el mercado exterior de Freixenet. El conglomerado germano de bebidas alcohólicas tiene unos beneficios anuales de 600 millones de euros y con Freixenet, que vende 40 millones de botellas en aquel país, se convertiría en la mayor firma de espumosos de Alemania, con una presencia también muy importante en Italia y en Francia. En la tierra del champán, a Freixenet le costó mucho entrar, pero a través de la adquisición de bodegas como Henri Abélé o la distribuidora Yvon Mau llegó a cambiar el mercado francés. Al llevar los espumosos a los supermercados hicieron que su consumo se extendiese a la clase media y hoy Francia es su segundo mercado extranjero en importancia (solo por detrás de Alemania) y, lo que es más significativo, es la tercera marca más vendida en el país del champagne.
La deriva de empresa y familia hizo que José Ferrer, el impulsor de la compañía, tratase de recuperar las riendas el pasado otoño, a pesar de su avanza edad. Con el apoyo moral del Gobierno catalán, que no quiere que Freixenet pase a menos de una empresa extranjera, presentó una oferta de compra en noviembre para hacerse con el 51% de las acciones acercándose al precio de Henkell, pero se vio forzado a retirarla al no conseguir la financiación bancaria suficiente, unos 230 millones de euros.
Después de esa oferta fallida los miembros de la siguiente generación crearon otra mayoría alternativa. Aunque no todos los Bonet están a favor de la venta que proponían los Hevia, sí estaban a favor de sustituir al consejero delegado, Pedro Ferrer, cuyas políticas de bajos precios con las que ha tratado de hacer frente a la crisis, han sido, al entender el resto de la familia las que han hecho desaparecer los beneficios además de disparar el endeudamiento de la empresa. En diciembre, estas dos ramas críticas se aliaban para crear un triunvirato que ha pasado a tomar el control de la compañía.
Pero ese consejo no tenía una cabeza visible hasta estas últimas semanas, cuando las familias han decidido que sea Enrique Hevia quien se ponga al frente. Hevia se siente respaldado por una mayoría del capital y sale aún más reforzado por el hecho de que su sobrino Diego Jiménez Hevia, que había desempeñado cargos ejecutivos en varias filiales del grupo, haya sido designado como coordinador general comercial.
Ellos son quienes han tomado el control efectivo de la empresa, aunque José Luis Bonet, presidente de la Fira de Barcelona, siga siendo presidente de Freixenet y el histórico José Ferrer se mantenía como presidente de honor, porque ninguno de los dos tiene funciones ejecutivas.
Hevia ya ha encargado un estudio a la consultora Deloitte, que ha identificado un buen número de oportunidades de negocio en sus filiales que podrían mejorar muy significativamente los beneficios de Freixenet. A primera vista, puede ser la manera de satisfacer las expectativas de la familia, que no acaba de entender que una compañía que factura más de 500 millones de euros, que llega con sus productos a 150 países y que figura en algunos rankings como el noveno grupo vitivinícola del mundo tenga unos beneficios simbólicos. Pero el informe de Deloitte, en realidad, puede tener otra utilidad a más corto plazo, la de exigirle a Henkell una oferta muy superior a los 500 millones de euros que propone, ya que la venta es una opción que no ha desaparecido del tablero.
Freixenet controla otras marcas de cava tan conocidas como Segura Viudas, René Barbier, Castellblanch o Canals y Nubiola; la bodega riojana Solar Viejo, la de Valdubón en Ribera de Duero; Morlanda, en el Priorato o la distribuidora francesa Yvon Mau. Es uno de los estandartes de la Marca España pero quizá por no mucho tiempo.

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