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‘Las emociones están de moda’
Fecha: 08/11/2016

SUSANA ISERN, escritora infantil traducida a 14 idiomas

Todavía se sigue emocionando cuando descubre una de sus obras en alguna pequeña librería de Manhattan o de la Bretaña francesa. Quizá porque Susana Isern, psicóloga catalana afincada en Cantabria por amor, no acaba de creerse el éxito de su prolífica carrera como escritora infantil. En apenas cinco años ha escrito 36 libros que cuentan con varios premios literarios y ocupan la mesita de noche de niños chinos, rusos, americanos… y de hasta catorce nacionalidades. Todo eso mientras pasa consulta como psicóloga, imparte clases en la Universidad Europea del Atlántico y cría a tres hijos que le sirven de conejillo de indias para poner a prueba sus cuentos.
P. ¿Cómo acaba una escritora catalana viviendo en Santander?
R.- Es una cuestión de amor (ríe). Soy de un pueblo pequeño del Pirineo, Castellsciutat, una localidad de apenas 500 habitantes anexa a la Seo de Urgel, y estudié Psicología en Barcelona. Después, me especialicé en psicología clínica en Madrid y allí conocí a un cántabro con el que acabé casándome. Después de cinco años viviendo allí, unos años que fueron muy bonitos, me quedé embarazada y nuestra aventura madrileña acabó, porque yo prefería criar a mis hijos en una ciudad más pequeña.

P.- ¿Su origen le ha servido como fuente de inspiración para sus libros?
R.- Hasta el Instituto, apenas había salido del pueblo y vivía rodeada de huertos y de bosques. Desde pequeña me dejaban moverme con libertad. Yo ahora pienso en hacer lo mismo con mis hijos y no lo acabo de entender… pero son otros tiempos. Mi abuela era la típica señora de pueblo que tenía un huerto y criaba gallinas y conejos. Mi mayor afición era ir a coger setas, insectos y otros pequeños animalillos, como lagartijas, que luego soltaba. ¡La infancia en un pueblo es tan natural!

P.- Quizá eso explica que la mayoría de sus cuentos estén ambientados en el bosque…
R.- Sin duda. El 95% de los protagonistas de mis cuentos son animales que viven en un bosque y eso lo achaco a mi infancia. Me gustan mucho y además creo que a los niños les resultan más atractivos cuando los protagonistas son animales. Una amiga mía suele decirme que mis cuentos siempre acaban en el mismo lugar. Hasta mis hijos me piden a veces que los traslade a otros entornos, pero cuando escribo un cuento es como si estuviera paseando por casa.

P.- ¿Cuándo empezó a escribir cuentos?
R.- Cuando empecé a ver a los primeros niños en mi consulta de Madrid. Trabajaba con ellos las emociones. Uno de aquellos pacientes fue un niño de siete años que estaba cerrado en banda y no quería responder a ninguna de mis preguntas. Entonces pensé: ¿Por qué no le escribo un cuento? Eso me permitiría acercarme más a él y que entendiera su problema al identificarse con uno de sus personajes. El resultado fue como una explosión porque me sirvió de llave para abrir una puerta que estaba cerrada y acceder a sus emociones.

P.- ¿Se había planteado alguna vez ser escritora?
R.- Siempre me ha gustado escribir y desde que era niña iba con una libreta en la mano. Tenía una maestra que me animaba a presentarme a certámenes y, de hecho, gané alguno. En la adolescencia también escribía, pero otro tipo de relatos, relacionados con la novela negra y policiaca, que es una de mis aficiones literarias. Pero, la primera vez que pensé que podía llegar a publicar fue tras la experiencia con ese niño. A aquel primer cuento le siguieron otros treinta sobre otros problemas concretos que se agrupan en un volumen titulado ‘Los cuentos de la pajarería’ y van acompañados por una guía didáctica. Tardé cinco años en escribirlo y una editorial me tuvo otros tantos esperando, así que salió al mercado hace sólo dos años.

P.- Tardó mucho en publicar el primero pero ahora tiene casi más libros que años...
R.- ¡Ni siquiera yo sé cómo he podido publicar tanto! (ríe). Cuando nos trasladamos a Cantabria, entre la mudanza y el nacimiento de mi primer hijo, hice un stop en la psicología para empezar a escribir cuentos pero ya no terapéuticos sino que cualquier niño los pudiera disfrutar. En sólo tres años y medio tuve tres hijos muy seguidos y, desde 2011, he publicado 36 libros. Los últimos cuatro verán la luz este mes de noviembre. Escribir me apasiona pero todavía no me puedo creer que mis libros se hayan traducido a catorce idiomas y hayan recibido premios como el de Finalista en el Libro Kiriko 2016 o la Medalla de Plata en los Moonbeam Children’s Books Awards, unos prestigiosos galardones que se conceden en EE UU.

P.- Con tres hijos, una consulta de psicología y dando clases en la Universidad, ¿de dónde saca el tiempo para escribir tanto?
R.- Soy muy constante y activa. Siempre estoy buscando cualquier rato para escribir y llevo la libreta a cuestas para poder coger ideas en cualquier situación. También intento implicar a mis hijos en el proceso creativo. Son los primeros en escuchar mis historias y decirme si les ha gustado o no, o si prefieren uno u otro personaje. Son muy buenos jueces porque enseguida noto si un cuento funciona.

P.- ¿Todos sus libros son propios o también los redacta por encargo?
R.- La mitad son míos y la otra mitad me los encargan las editoriales, que atienden a las sugerencias de los libreros o buscan posibles huecos en el mercado. Ahora, por ejemplo, están de moda las emociones. Aunque trabajo con varias editoriales, con algunas ya llevo tanto tiempo que me siento como en casa. Para presentarles un cuento, antes tiene que gustarme lo suficiente, ya que me siento orgullosa de cada uno de mis libros. Si no, prefiero que acaben en el cajón. Me llena seguir con la misma ilusión y ganas que al principio. Ver que me he hecho un hueco y que empiezo a tener lectores que aprecian mi trabajo y buscan mis libros.

P.- ¿Qué cree que tienen para que hayan encontrado tan buena respuesta de las editoriales?
R.- Suelen decirme que son historias muy dulces. Uno de los que más éxito me han dado es ‘Oso cazamariposas’ y también está teniendo una gran acogida uno que acabo de publicar en octubre y que se llama ‘El Emocionómetro del Inspector Drilo’. Se trata de un manual de educación emocional para niños y para sus familias que sería bueno que estuviera en todas las casas porque enseña a detectar las emociones, a distinguirlas y a trabajar sobre ellas.

P.- ¿Vive de la literatura infantil?
R.- De momento no, y eso que tengo tantas ideas por desarrollar y tan poco tiempo… Quizá lo intente en un futuro cercano, combinándolo con otras actividades, como talleres de escritura creativa y encuentros en colegios. A día de hoy, también trabajo en Aula Dédalo, donde atiendo a personas de todas las edades como especialista en psicología cognitiva y conductual, y es el tercer año que doy clase de Psicología del Aprendizaje en la Universidad Europea del Atlántico. La labor docente me gusta mucho porque me permite estar en contacto con las personas que empiezan y aportarles cosas a partir de mi experiencia en la consulta.

P.- Quería preguntarle por algún hobby pero, en su caso, trabajo y afición coinciden, ¿no es así?
R. Sí. El mundo de la literatura es mi pasión así que aprovecho siempre que puedo para escribir y para leer literatura infantil y juvenil y algo de novela negra. También me ha gustado siempre cantar y, si no me hubiera dedicado a escribir, creo que hubiera volcado ahí mi parte artística.

Patricia San Vicente
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