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Lagunas para depurar las aguas residuales
Fecha: 08/11/2016

Las fitodepuradoras pueden imponerse en el saneamiento de pequeños núcleos de población

Cantabria contará en 2020 con seis fitodepuradoras, una novedosa tecnología para el tratamiento de las aguas residuales basada en la capacidad depuradora de algunas plantas. El proyecto Lamizal, impulsado por el Gobierno de Cantabria y ejecutado por la Asociación RIA, trata de aprovechar las cualidades de una planta autóctona, la ‘carex paniculata’, presente en muchos humedales de Cantabria. Este sistema de biodepuración puede ser la solución para el saneamiento de los pequeños núcleos rurales, donde cualquier otro tipo de depuración resulta muy caro.
Para quienes viven en grandes núcleos de población o en sus alrededores –y en Cantabria son cerca del 90% de sus habitantes–, el saneamiento de las aguas residuales domésticas dejó de ser una preocupación a comienzos de este siglo. Tarde para los estándares europeos e incluso nacionales, pero la construcción de los grandes sistemas de saneamiento, como los del arco de la bahía santanderina, la polémica Vuelta Ostrera o el de las marismas de Santoña, y la instalación de plantas de depuración (EDAR) en las cuencas de los ríos, daba por fin respuesta a una demanda histórica. Quedaba una cuestión sin resolver, llevar la depuración de aguas residuales hasta los pequeños núcleos de población. Un problema especialmente acuciante en Cantabria, con su complicada orografía y la gran dispersión de esos pequeños núcleos.
Los avances en la tecnología de la fitodepuración, es decir, la que se realiza con la ayuda de algunas especies vegetales, puede dar respuesta a esta necesidad, con una solución más ecológica y más barata.
Con el fin de explorar las posibilidades que encierra esta biotecnología, la Consejería de Medio Ambiente ha llegado a un acuerdo con la Asociación RIA para que construya en los próximos tres años seis fitodepuradoras, que vendrán a unirse a la que esta asociación construyó el pasado año en Valdeprado de Liébana, y cuyos resultados se están evaluando ahora.
El interés de este proyecto radica también en su carácter pionero, porque es la primera vez que se va a estudiar el rendimiento que ofrece una especie vegetal autóctona, la ‘carex paniculata’, muy abundante en los humedales cántabros, para la depuración de aguas residuales. Si los resultados son los que se prevén, la aplicación de esta tecnología podría extenderse a otros países, entrando a formar parte de un nicho de mercado con un gran potencial.


Un humedal artificial

El proyecto lleva el nombre de ‘Lamizal’, un vocablo de origen prerromano con el que se conoce en Cantabria a los humedales o zonas de marisma (lamiza, lama, o llama), porque consiste en la creación de lagunas artificiales a la medida del núcleo de población cuyas aguas residuales se van a depurar. Esta técnica está pensada para pequeñas poblaciones o puntos concretos donde se generen aguas residuales, como explotaciones ganaderas, queserías o establecimientos hosteleros situados en zonas de montaña, que son los que plantean un problema no resuelto en ninguna parte del mundo. El recurso del pozo negro no deja de ser una solución parcial que solo resuelve el pretratamiento de los residuos pero no su depuración real.
La clave de la fitotecnología se basa en el poder de algunas plantas para eliminar la carga contaminante de las aguas residuales, gracias a los microorganismos asociados a su sistema radicular que transforman esa carga orgánica en alimento para las propias plantas. En algunos casos, incluso almacenan los metales pesados que puedan formar parte de esos vertidos.
Es un proceso que se da de forma espontánea en la naturaleza y ha sido observando los humedales cántabros como los expertos de RIA llegaron a la conclusión de que la especie ‘carex paniculata’ era la más apropiada para la fitodepuración en altura, al igual que el carrizo o la espadaña lo son para zonas costeras.
La ‘carex paniculata’ (conocida como lastón o masiega) se puede encontrar hasta los 2.500 metros de altitud, lo que la hace idónea para el saneamiento de aldeas de montaña. En su adaptación al medio en el que vive, generalmente acuático, esta planta ha desarrollado la capacidad de captar oxígeno por las hojas y llevarlo hasta las raíces, liberándolo en el agua. Esto favorece que se desarrolle una comunidad de microorganismos asociados a sus raíces que transforman la materia orgánica contaminante para que las plantas la puedan asimilar. “Este es el principio en el que se basa la fitodepuración” –explica el presidente de RIA, Diego Cicero–, “utilizar las plantas y sus mecanismos naturales y los microorganismos asociados a sus raíces para depurar lo que para nosotros es un problema, unas aguas contaminadas”.
El diseño de estas fitodepuradoras solo exige pequeñas obras, comenzando por la construcción de un canal para el pretratamiento de las aguas residuales, y en el que separan los palos y otros elementos sólidos que pueda arrastrar el agua, además de producirse la decantación de sedimentos y arenas. Después se separan los aceites y grasas que flotan en las aguas residuales y, por último, se lleva el efluente hasta unos canales donde se han situado las plantas que van a depurar esas aguas. Una vez sembradas, las plantas tardan entre tres y cuatro años en alcanzar su rendimiento máximo, de ahí la conveniencia de recurrir a viveros para implantarlas en las fitodepuradoras ya desarrolladas. La Asociación RIA va a construir esos viveros en el terreno que tiene cedido por el Ayuntamiento de Camargo, pero no descarta construir otro en una zona en altura.
El tamaño de esa laguna artificial depende del volumen de aguas residuales que se vayan a depurar, pero se calcula que puede requerir unos dos metros y medio cuadrados de superficie de humedal por habitante. En el caso de la fitodepuradora construida en Valdeprado de Liébana (Pesaguero), pensada para unos 70 habitantes, el canal donde se encuentran las plantas tiene tres metros de anchura y 26 metros de largo. El impacto visual de estos canales es mínimo, ya que las plantas al crecer acaban cubriendo la estructura.
Las fitodepuradoras se construyen en la proximidad de algún cauce natural, al que se vierten las aguas una vez saneadas.
Además de la función que deben cumplir, estos humedales artificiales tienen un valor ecológico: “La depuradora en sí se convierte en un pequeño ecosistema; si esto se extiende en nuestra región estaremos construyendo pequeños lamizales con valor ecológico y una integración absoluta en el paisaje”, señala Diego Cicero.
Otra de las grandes ventajas de la fitodepuración es la ausencia de los malos olores que siempre acompañan a estos procesos. La clave está en que la degradación de los elementos contaminantes se hace en presencia del oxígeno que aportan estas plantas, en vez de los procesos anaeróbicos y los microorganismos asociados que son los que generan malos olores.


Una opción más barata

Si las ventajas que presentan las fitodepuradoras desde el punto de vista ecológico son muchas, las de su coste económico son aplastantes. La eliminación de los gastos energéticos y de los equipos asociados a las EDAR hace que estas depuradoras biológicas resulten entre un 60 y un 80% más baratas que esas otras instalaciones. Y el ahorro es aún mayor en el mantenimiento, que costará entre un 80 y un 90% menos, lo que resuelve el problema que le plantea esta cuestión a los ayuntamientos, ya que son muchos los que, aún disponiendo de una depuradora convencional, no disponen de recursos para su mantenimiento, un problema tan grave y tan extendido que más la mitad de las pequeñas plantas de saneamiento dispersas por la región están paradas actualmente.
La única fitodepuradora construida hasta ahora, la de Valdeprado de Liébana, le costó al anterior Ejecutivo regional apenas 50.000 euros, frente a los 150.000 previstos para esta localidad en el Plan de Abastecimiento y Saneamiento de Cantabria. Y el mantenimiento cuesta 262 euros al año, cuando en una depuradora convencional sería de 2.730 euros. Extrapolando este cálculo a los once núcleos de población con que cuenta el ayuntamiento de Pesaguero, el coste anual de las fitodepuradoras del municipio sería de 2.882 euros, frente a los 30.000 de las depuradoras convencionales. Un ahorro que acentúa el interés por este nuevo sistema.
Aunque la eficiencia de las fitodepuradoras basadas en plantas como el carrizo o la espadaña ya está contrastada, aún es pronto para contar con datos suficientes sobre la ‘carex paniculata’. La depuradora de Valdeprado se terminó de construir en junio de 2015 pero no ha sido hasta el pasado mes de marzo cuando los investigadores de la asociación RIA contaron con los fondos para hacer un seguimiento de la instalación. Y necesitarán al menos un año para obtener resultados fiables sobre el crecimiento de las plantas y el desarrollo del proceso de depuración. Sin embargo, no dudan de que se obtendrán los parámetros de calidad en las aguas que esperan.
“Se trata de obtener cuanto antes resultados contrastables para que el Gobierno regional pueda incorporar a su Plan de Saneamiento estas soluciones”, subraya Cicero. Porque el objetivo del proyecto Lamizal es precisamente ese, desarrollar tecnologías de depuración alternativas y más sostenibles para poblaciones de menos de dos mil habitantes, y especialmente para los más pequeños, los habitados por menos de 250 personas.


Seis fitodepuradoras

El convenio firmado con la Consejería de Medio Ambiente contempla la construcción de seis fitodepuradoras, que servirán de prototipos para comprobar la eficacia de esta técnica en la resolución de los problemas que plantean los establecimientos de hostelería, la queserías y las explotaciones ganaderas, unos negocios característicos de las zonas rurales de la región que no disponen de soluciones eficientes a la hora de depurar sus vertidos.
Se construirán dos cada año, a partir de 2017, y se elegirán dos ubicaciones para cada uno de esos establecimientos, una en la costa y otra en zona de montaña. El único seleccionado por el momento es la Venta de Pepín, también en Pesaguero, un negocio de hostelería junto al que se construirá una fitodepuradora. La instalación ocupará unos 350 metros cuadrados de canales y dará servicio a una población de un centenar de personas.
Aunque las fitodepuradoras estén pensadas para pequeños núcleos o negocios concretos, nada impide que puedan ser utilizadas en poblaciones de mucho mayor tamaño. Todo depende de la extensión de los humedales que sería necesario construir, teniendo en cuenta que la desecación de muchas zonas de marisma impiden ya su aprovechamiento para este fin. A modo de ejemplo, si se hubieran mantenido los humedales originales de la bahía de Santander, poblaciones como Camargo hubieran podido sanear sus aguas residuales por la mera fitodepuración.
En España, la aplicación de este tecnología comienza a extenderse y el caso más conocido es el del Aeropuerto de Barajas, que depura sus aguas residuales a través de un humedal artificial sembrado de espadañas.
Ni siquiera se trata de una tecnología reservada para las aguas residuales domésticas. La petrolera BP financia actualmente un proyecto para el uso de las fitodepuradoras en el tratamiento de las aguas residuales del fracking. También se trabaja en la aplicación del poder depurador de las plantas para el tratamiento de aguas y suelos contaminados por la minería.


Un sector emergente

Se trata de un sector emergente –aunque estas técnicas se vienen investigando desde la década de los setenta– y con un gran potencial económico, porque puede dar lugar a la creación de empresas especializadas en el diseño y construcción de fitodepuradoras. Y, si la investigación puesta en marcha por la asociación RIA confirma sus expectativas, puede ser un modelo exportable a otros muchos países, porque la ‘carex paniculata’ está ampliamente extendida. De momento, la larga experiencia investigadora de la asociación camarguesa, que se fundó en 1991 para buscar soluciones a la degradación de la Ría del Carmen, ha dado unos resultados que se proponen patentar, y continúa la actividad investigadora para la que se creó, impulsada a partir de 2006 con la llegada de un grupo de jóvenes especialistas en ciencias ambientales de la Universidad de Cantabria que tomaron el relevo de los fundadores.
Con el proyecto Lamizal, la asociación puede aportar la solución definitiva al saneamiento de los pequeños núcleos rurales, asegurando con ello la posibilidad de desarrollo de estas pequeñas poblaciones, porque ningún crecimiento será posible sin solucionar previamente la prestación de un servicio como la depuración de las aguas residuales, tan imprescindible hoy como la conexión a internet o como en otro tiempo lo fueron el abastecimiento de agua o de electricidad.

Jesús Polvorinos
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