‘Los residuos de una empresa deben generar valor, no coste’
Nicola Cerantola, creador del método EcoCanvas
La Cámara de Comercio de Cantabria ha puesto en marcha una aceleradora para que hasta quince pymes diseñen, en pocas sesiones de trabajo, un modelo de negocio circular y eficiente. La imparte Nicola Cerantola, uno de los pioneros de la economía circular en España y Latinoamérica. Su filosofía es que los residuos deben generar valor, no ser un coste.
Nicola Cerantola, reconocido experto en economía circular, lleva catorce años ayudando a empresas de una treintena de países a descubrir “lo que tienen delante de los ojos y no ven”. Aunque puede sonar a eslogan, lo respalda con casos concretos como el de una empresa danesa de cocinas de diseño, certificada como B Corp –un sello internacional que acredita estándares sociales y ambientales exigentes– que descubrió gracias a él un dato que habían pasado por alto durante años: seis de cada diez envíos que remitían a los clientes tenían algún defecto. “¿Cómo puede una empresa tan avanzada no haberse dado cuenta nunca de que tiene un nivel de no conformidad del 60% en los pedidos?”, se cuestiona Cerantola en conversación con Cantabria Económica.
El hallazgo no salió de una auditoría ni de un consultor revisando cuentas, sino de sentar en una misma sala, durante tres horas, a personas de departamentos que habitualmente no se cruzan, y guiarlas con una batería de preguntas muy trabajadas. Y esa es precisamente la mecánica que la Cámara de Comercio de Cantabria quiere poner ahora al alcance de las empresas de la región.
‘La economía circular busca que desaparezca el residuo. La empresa de reciclaje prospera con él’
Se trata de la Aceleradora de Modelos de Negocio Circulares para Pymes, una iniciativa que combina formación online durante el verano, talleres prácticos presenciales a partir de octubre un acompañamiento experto individualizado, con un objetivo claro: “Pasar de la teoría a la acción”. El programa, que imparte el propio Cerantola y que está respaldado por el Gobierno de Cantabria, está limitado a un máximo de quince empresas para garantizar un seguimiento cercano y eficaz. La convocatoria está dirigida especialmente a las pymes industriales y productivas, las que más impactos ambientales han de trabajar. “Con esta metodología práctica, visual y colaborativa las empresas pueden detectar oportunidades de ahorro y eficiencia, identificar nuevas líneas de negocio, replantear procesos y productos y acelerar la innovación interna”, subrayan desde la Cámara.
Cerantola, fundador y director de Ecologing, atesora una larga trayectoria acompañando a empresas, gobiernos y organismos internacionales.
Lo primero que hace es aclarar una confusión muy común en la sociedad: economía circular no es reciclar mejor. “Se confunde mucho la economía circular con el reciclaje”, advierte. “El reciclaje es de las últimas estrategias a las que recurrir, si no queda nada mejor, pero realmente se puede hacer mucho más”, dice. “La economía circular busca eliminar el residuo en origen; el reciclaje, en cambio, depende de que haya material que recuperar. Son piezas distintas de un mismo sistema, con incentivos que no siempre apuntan en la misma dirección”, remarca.
Europa, sí; el resto del mundo, no tanto
En España, el concepto de economía circular se popularizó hace ya una década y algunos territorios van avanzados en su aplicación. “El norte en general, el País Vasco sobre todo, y Cataluña fueron los primeros en invertir en economía circular”, señala Cerantola, aunque matiza que las diferencias entre comunidades se han ido estrechando.
Las regiones más volcadas en el sector primario tienen más asignaturas pendientes, porque la circularidad es más fácil de aplicar en la transformación, es decir, en el sector secundario. De Cantabria hace una lectura positiva por el tipo de empresas existente, aunque señala una tarea que todas ellas tienen pendiente: escalar lo que ya hacen.

A nivel global, no se muestra tan optimista: el indicador que mide qué proporción de lo que se extrae de la tierra vuelve a circular en la economía ha caído en los últimos años del 9% al 6%. Traducido: más del 90% de las materias primas que se extraen no se recuperan. Y el volumen de partida es descomunal, unas 100.000 millones de toneladas cada año.
“No hace falta ser grandes genios para entender que en algún momento va a haber un problema”, avisa. Desde esa perspectiva, no duda en asegurar que la economía circular “se va a implementar sí o sí. La gran pregunta es si lo vamos a hacer por las buenas o por las malas”, apunta. Por las buenas, explica, es anticiparse y tomar medidas; por las malas, dejarse llevar esperando que la tecnología lo arregle todo de un día para otro, una fe que él no comparte.
En muchos países se han implantado con más o menos éxito modelos que han mejorado el reciclaje y la recogida de materia prima a partir de residuos urbanos; el problema es que mientras Europa se estanca, regiones como Latinoamérica, Asia o África promueven una demanda creciente de materia prima a medida que se desarrollan. Eso significa que no basta con reciclar más, hay que extraer y consumir menos, recuperar más y descarbonizar. Aplicar medidas antes de que el problema se agrave en lugar de esperar a que se resuelva solo.
Cambia la motivación
La evolución de las empresas que se acercan a la economía circular refleja, según Cerantola, un cambio de motivación a lo largo de los años. Al principio era casi una cuestión vocacional, ligada con frecuencia a la empresa familiar, independientemente de su tamaño. “Al tener una conexión muy fuerte con el territorio, entienden que son parte del mismo, y quieren dejar un legado”, subraya, frente al perfil más orientado al beneficio de las compañías que están en manos de inversores o de consejos ajenos a la propiedad. Con la llegada de la presión regulatoria, se han ido sumando otras que no estaban especialmente convencidas pero que tenían que ponerse al día.
Esta realidad no le parece mal, pero sí insuficiente. “El cumplimiento es lo básico, estar en orden con la ley, pero si uno quiere destacar, debe estar un pasito por delante”, argumenta. Y ahí, sostiene, es donde la economía circular ofrece su verdadero filón: no en limitarse a gestionar residuos, sino en abrir oportunidades de hacer cosas distintas. El principal obstáculo suele ser el desconocimiento. Muchas empresas siguen creyendo que ser circular consiste en pagar a un gestor para que se lleve el residuo, justo lo contrario de lo que él predica: “De los residuos de una empresa se debería generar valor, no coste”.
‘En el norte empezó antes a invertir en economía circular pero las diferencias se han estrechado’
Nicola Cerantola también alerta del riesgo de que la circularidad acabe convertida en un sello de marketing, como ocurrió con buena parte de “lo ecológico”. “Cuando nadie estaba preocupado por estos temas, no había greenwashing”, recuerda. Ahora las empresas han descubierto que “aunque no vendan más, venden mejor”.
Y es que el consumidor tiende a dejarse convencer cuando percibe que su comportamiento es menos destructivo, y por eso la economía circular se ha ido tiñendo de un “circular washing”. El antídoto, en su opinión, es la formación, aunque reconoce la dificultad de transmitir matices complejos en una sociedad movida por “el clic y el vídeo de cinco segundos”.
Cuatro sesiones

El núcleo de la aceleradora de pymes que ha impulsado la Cámara de Comercio es el método Circular Sprint EcoCanvas, una herramienta que Cerantola creó en 2012 y que ha ido perfeccionando en proyectos internacionales. “Son cuatro sesiones. Suena a poco, pero la experiencia dice que es tiempo suficiente para generar un cambio importante”, sostiene.
Cada sesión está separada por una o dos semanas, y la aparente sencillez de su puesta en escena –equipos trabajando con post-it, lienzos y plantillas– engaña, puesto que detrás hay una lógica muy trabajada, basada en alternar preguntas que abren la discusión y preguntas que la cierran y obligan a priorizar. Ese abrir y cerrar conduce a las empresas por un camino que las lleva a descubrir lo que tenían delante y no llegaban a percibir.
En este sentido, lo verdaderamente valioso, resalta Cerantola, es un bien escaso en cualquier empresa: el tiempo para pensar. “Es un espacio de intercambio y de reflexión muy profunda que las empresas no hacen porque nunca tienen tiempo”, constata. El resultado de ese proceso no es una declaración de intenciones, sino un proyecto de solución o modelo de negocio circular detallado como para empezar a implementarlo, acompañado de un plan de acción y validación.
Ejemplos y encaje en Cantabria
Otros ejemplos del programa repiten el mismo patrón que el caso citado de las cocinas: una empresa que tiraba al vertedero mil paneles de contrachapado al año —pagando, además, por hacerlo— descubrió que el descarte podía convertirse en producto. “Cada día bajaban a la fábrica y se tropezaban con esos paneles”, bromea, “y durante años nunca pensaron en hacer algo con ellos, hasta que llegaron a esta actividad”.
Una fabricante argentina de fusibles, que jamás se había planteado qué hacer con las piezas quemadas, empezó a recuperarlas y ya ha rescatado 800 kilos de materia prima cargada de componentes valiosos. Y una empresa de calzado que partía de una suela de material virgen al 100% terminó incorporando en torno a un 40% de residuos de su propio proceso. “No es darles una varita mágica”, insiste. “Es hacerles ver cosas que están ahí”.
Cerantola destaca que el método se ha aplicado a todo tipo de organizaciones, desde fabricantes de tanques industriales para usos nucleares, aeroespaciales o militares hasta cerveceras artesanas o una pequeña cooperativa de mujeres en la selva de Perú. Pero tiene sus favoritas: “Aquellas empresas que requieren grandes volúmenes de materia prima, recursos, agua y energía. Las que son muy poco eficientes”. Se refiere a industrias de procesado —transformación de pescado, textil, agroindustria— o actividades del sector primario y minero. Reconoce que el encaje de su sistema es más complicado en servicios muy desmaterializados, como en consultoras, bancos o empresas de marketing.
Cerantola considera fundamental el respaldo público, ya que abre canales y conexiones para que los prototipos que salgan del programa accedan a subvenciones de innovación, de descarbonización y de economía circular que las autonomías publican cada año. “Con 15.000, 20.000 o 30.000 euros se pueden hacer muchas cosas”, apunta. “¿Y quién está más interesado en que el programa sea un caso de éxito que las autoridades?”, concluye este experto.
El plazo de inscripción en el programa está abierto y las empresas interesadas pueden contactar con la Cámara para inscribirse o solicitar más información en sostenibilidad@camaracantabria o en el 942 318 000.
Rubén Alonso



