Los fondos quieren aprovechar el buen momento del acero europeo para vender Celsa
Celsa, el mayor productor español de acero y uno de los principales grupos siderúrgicos europeos especializados en acero largo reciclado puede volver a cambiar de manos. La propietaria de la cántabra Global Steel Wire y su grupo está de nuevo en el mercado.
Los fondos internacionales que tomaron el control de Celsa hace apenas tres años estudian aprovechar el nuevo escenario creado por el endurecimiento de la política comercial de la Unión Europea frente al acero procedente de terceros países para iniciar su desinversión. Unas perspectivas de negocio muy favorables tras el refuerzo de las salvaguardas comunitarias ha colocado a Celsa en una posición mucho más atractiva que la que presentaba cuando pasó a manos de sus acreedores en 2023.
Aunque la compañía no ha confirmado oficialmente un proceso de venta, informaciones publicadas en medios económicos apuntan a que los actuales propietarios preparan la contratación de un banco de inversión para buscar comprador, con una valoración que podría rondar los 5.000 millones de euros.
De campeón familiar a queda en manos de los acreedores
Los hermanos barceloneses Rubiralta fundaron Celsa en 1967 tras adquirir una pequeña laminadora en Sant Andreu de la Barca. Frente a las grandes siderurgias integrales, apostaron por un modelo entonces innovador en España: producir acero a partir de chatarra reciclada mediante hornos eléctricos. Aquella decisión marcaría el futuro del grupo.
Mientras las acerías tradicionales dependían del mineral de hierro y del carbón de coque, Celsa construyó un modelo mucho más flexible, basado en la economía circular décadas antes de que el concepto se popularizara.

Durante los años ochenta y noventa la empresa inició una intensa expansión internacional mediante adquisiciones. Compró acerías, trenes de laminación, plantas de transformación y empresas de distribución en España, Francia, Reino Unido, Polonia, los países nórdicos y otros mercados europeos, hasta convertirse en el primer productor europeo de acero largo fabricado con material reciclado y uno de los mayores consumidores industriales de chatarra del continente.
Un crecimiento apoyado en la deuda
Mientras el mercado europeo del acero mantuvo elevados niveles de actividad, especialmente durante el auge inmobiliario y el desarrollo de grandes infraestructuras, el modelo funcionó razonablemente bien, pero la crisis financiera de 2008 cambió radicalmente el panorama.
La construcción se desplomó, la demanda cayó con fuerza y el exceso de capacidad siderúrgica mundial comenzó a presionar los precios a la baja. A ello se sumó el crecimiento de la producción china, que inundó los mercados internacionales con acero a precios muy competitivos.
Celsa logró sobrevivir durante años refinanciando sucesivamente su deuda, pero el pasivo siguió creciendo hasta superar ampliamente los 2.800 millones de euros.
El aumento de los costes energéticos tras la pandemia y la guerra de Ucrania terminó por hacer insostenible su situación financiera.
La batalla por el control
En 2023, los principales fondos acreedores —entre ellos Strategic Value Partners (SVP), Attestor, DWS, Cross Ocean y GoldenTree— solicitaron convertir buena parte de la deuda en acciones para garantizar la viabilidad de la compañía.
La familia Rubiralta trató de impedir la operación y defendió alternativas para mantener el control, pero finalmente los tribunales respaldaron el plan de reestructuración.
Al capitalizar unos 2.000 millones de euros de deuda, los fondos oportunistas acreedores pasaron a controlar prácticamente la totalidad del capital. Posteriormente han aportado recursos adicionales para garantizar la continuidad del negocio, estabilizar las finanzas y ejecutar el nuevo plan estratégico pero, si finalmente logran vender Celsa por cerca de 5.000 millones de euros, será uno de los mayores éxitos de estos fondos especializados en adquirir créditos de compañías con problemas para hacerse con su control y revenderla.



