Las empresas de inserción: empleo, formación y una segunda oportunidad para quienes más difícil lo tienen

Un obrador de repostería, una empresa de recogida y venta de ropa usada, otra de textil y una de servicios ofrecen más de medio centenar de empleos en Cantabria a personas en situación de vulnerabilidad o exclusión social

Las empresas de inserción se han convertido en una herramienta esencial para combatir la exclusión social a través del empleo. Su misión no es únicamente crear puestos de trabajo, sino acompañar a personas en situación de vulnerabilidad para que puedan recuperar la autonomía económica y personal que les permita desarrollar una vida normalizada. En Cantabria, donde aún son poco conocidas, los responsables de las cuatro que existen reivindican su impacto social.


Pedro Tresgallo, presidente de la Asociación Cántabra de Empresas de Inserción, se esfuerza en dejar claro que estas entidades luchan prácticamente a pecho descubierto en el mercado, porque las subvenciones públicas solo cubren una pequeña parte de sus costes. Pero también matiza que representan una forma radicalmente distinta de entender la actividad empresarial: “Una empresa utiliza el personal para ganar dinero; nosotros tratamos de ganar dinero para tener más personal”.

Las empresas de inserción son sociedades mercantiles promovidas por una fundación, asociación u otra entidad sin ánimo de lucro. Su objetivo es contratar a personas en riesgo de exclusión social, ofrecerles formación y experiencia laboral y facilitar posteriormente su incorporación al mercado ordinario. No pueden confundirse con los Centros Especiales de Empleo, que trabajan específicamente con personas con discapacidades.

Los responsables de las empresas de inserción cántabras con los representantes de GSW, la empresa premiada, la presidenta del Parlamento regional, la consejera de Inclusión Social, el consejero de Industria y la concejala de Empleo de Santander durante el II Día de las Empresas de Inserción. FOTO: RAMIRO SILVESTRE

En Cantabria existen cuatro empresas de inserción agrupadas en la Asociación Cántabra de Empresas de Inserción, constituida en 2023. Una de ellas es Ecolabora, impulsada por Cáritas y dedicada a la recogida y reutilización de ropa. Otra es Luimar, vinculada a Cocina Económica y especializada en textil y merchandising. Las dos restantes están promovidas por la Fundación CUIN: el Obrador El Lambión (panadería, pastelería y catering), y PLIS Servicios, dedicada al lavado ecológico de vehículos, la gestión sostenible del papel, la limpieza de imbornales y servicios auxiliares para empresas.

Entre todas generan más de 60 empleos, aunque el objetivo no es mantener indefinidamente a los trabajadores, sino prepararlos para saltar a una empresa convencional.

Un perfil cada vez más amplio

La imagen tradicional que asociaba la exclusión social únicamente a personas sin hogar o exreclusos ha quedado desfasada. Hoy los perfiles son mucho más variados.

El obrador de productos artesanos El Lambión, la empresa de repostería de la Fundación CUIN en Revilla de Camargo.

Mar Escudero, gerente de PLIS Servicios, advierte de que la vulnerabilidad “puede afectar a cualquier persona que pierda su empleo en España con más de 45 años. Tengan la formación que tengan, se encontrarán un problema para volver a un empleo”.

Las empresas de inserción atienden a desempleados de larga duración, personas que han sufrido enfermedades graves, jóvenes procedentes de entornos familiares desestructurados, migrantes, personas sin red de apoyo o ciudadanos que han quedado atrapados en situaciones de pobreza sobrevenida. Según los datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, uno de cada cinco cántabros se encuentra en riesgo de exclusión social.

Mucho más que un empleo

Pedro Tresgallo, presidente de la Asociación Cántabra de Empresas de Inserción. FOTO: RAMIRO SILVESTRE

La principal singularidad de estas empresas es que no se limitan a contratar trabajadores. Cada persona sigue un itinerario individualizado en el que son acompañados por educadores sociales y técnicos de inserción.

“Nosotros les contratamos, les enseñamos el oficio, les acompañamos y les transitamos después a la empresa ordinaria”, resume Tresgallo.

Ese acompañamiento va mucho más allá del ámbito laboral. Incluye, por ejemplo, la búsqueda de vivienda, la regularización documental, la obtención del permiso de conducir, la atención sanitaria o el apoyo psicológico.

Mar Escudero subraya que muchas de las personas que llegan a estos programas parten de una situación extremadamente compleja y la exclusión acaba generando graves problemas personales: “Vivir en la calle, no tener dinero para llegar a fin de mes o estar solo provoca que muchas personas puedan desarrollar problemas de salud mental”.

La labor de las empresas de inserción nunca alcanzará una tasa de éxito del 100% pero suele ser muy positiva. Jóvenes que pasan de percibir una ayuda pública de poco más de 500 euros mensuales a disponer de un empleo estable con un salario de convenio superior a los mil euros, cotizando a la Seguridad Social y pagando impuestos. “Pasan de tener que ser auxiliados con una ayuda pública a sostenerse a sí mismos de forma autónoma y a contribuir a sostener el sistema con sus impuestos y cotizaciones”.

Una inversión rentable para la sociedad

Tresgallo y Escudero insisten en que las empresas de inserción no deben contemplarse como una forma de asistencialismo. “No se trata de que nos contraten porque somos unos pobrecitos. Damos un buen servicio”, recalca Mar Escudero.

Global Steel Wire, reconocida por ACEI por su compromiso con la inserción laboral

Además, defienden que la inversión pública destinada a estos programas genera retornos muy superiores al desembolso que suponen, unos 2,4 euros por cada euro invertido, porque las personas que acceden al empleo pasan a contribuir económicamente al sistema.

Pero el ahorro no es únicamente presupuestario. También evita la cronificación de situaciones de exclusión que, con el tiempo, pueden derivar en problemas mucho más costosos para la sociedad. En palabras de Tresgallo: “O los integramos a través del trabajo o los dejamos excluidos, para lo bueno y para lo malo”.

Obstáculos pendientes

A pesar de exhibir sus resultados, las empresas de inserción han de afrontar importantes dificultades. Una de las principales es la falta de coordinación entre los servicios sociales y los servicios de empleo. Ponen como ejemplo el modelo vasco, donde las personas que perciben determinadas prestaciones son derivadas automáticamente hacia itinerarios de inserción laboral, un mecanismo que en Cantabria todavía no existe.

Global Steel Wire, reconocida por ACEI por su compromiso con la inserción laboral

También reclaman una mayor implicación de las administraciones públicas en la contratación de servicios. Recuerdan que tanto la normativa europea como la española contemplan la reserva de determinados contratos para los centros especiales de empleo y las empresas de inserción, pero esa obligación apenas se está aplicando, y de ese “olvido’ participan tanto el sector privado como en el público, aunque para ellos es más dolorosa la actitud de este último: “La Administración podría ser un aliado estratégico solo con cumplir una legislación que ya existe”, lamenta Tresgallo.

Rosa Castrillo y Javier Fernández, de Global Steel Wire, una de las compañías que colaboran con la Asociación, recibiendo el reconocimiento de ACEI, por su compromiso de inserción laboral, en presencia de la consejera de Inclusión Social, Begoña del Río. FOTO: RAMIRO SILVESTRE

A ello se suma la dificultad para competir en grandes licitaciones públicas. Los concursos suelen estar diseñados para grandes compañías, mientras que las empresas de inserción reclaman unos contratos segmentados o cláusulas específicas que les permitan participar.

Una respuesta local a problemas globales

Frente a los profundos cambios que están experimentando el mercado laboral y la economía, “la única alternativa que nos queda es trabajar en lo local”, constata Mar Escudero.

Su objetivo no es convertirse en grandes corporaciones, sino generar oportunidades concretas para personas concretas. Crear empleo, acompañarles en procesos vitales y evitar que quienes han quedado al margen de la sociedad permanezcan atrapados en esa situación.

Tresgallo resume la filosofía de estas empresas de una forma sencilla pero ambiciosa: “Defendemos el trabajo, no la ayuda pública”. Una fórmula que busca transformar la exclusión en integración y convertir la actividad económica en una herramienta eficaz de cohesión social.

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