La nueva fábrica de la barquillera Gonzalo Ríos en Ambrosero

Ha trasladado su producción desde el polígono de Nueva Montaña a la nueva planta

La empresa barquillera Gonzalo Ríos ha dejado sus antiguas instalaciones de Nueva Montaña por otras más espaciosas en el polígono de Ambrosero. La nueva fábrica ha supuesto una inversión de tres millones de euros y dará lugar a un aumento de la plantilla. Sus gerentes, los hermanos Purificación y Jesús Ríos, confían en que servirá para impulsar su mercado internacional, donde se concentra la mayor parte de su clientela.


El helado es uno de los remedios más populares para combatir el calor veraniego, pero su éxito no sería tan rotundo sin la ayuda de los barquillos, unas galletas en las que Cantabria tiene una larga tradición. La empresa familiar Gonzalo Ríos es uno de los productores tradicionales y acaba de abrir una nueva fábrica en el polígono de Ambrosero (Bárcena de Cicero).

Hace dos años, los propietarios del negocio, los hermanos Purificación y Jesús Ríos, se plantearon dejar el polígono de Nueva Montaña donde se localizaba su antigua nave, unas instalaciones de 2.500 m2, que les originaban numerosos problemas de logística, para trasladarse al de Ambrosero. “Este polígono tiene calles mucho más anchas y está mejor organizado; antes era un desastre”, compara Puri Ríos.

Al apostar por este nuevo emplazamiento, en el que han invertido tres millones de euros, los hermanos Ríos han pensado menos en la ampliación de la capacidad productiva que en la mejora logística y en disponer de más espacio para que los empleados trabajen con mayor comodidad. También han aprovechado para automatizar las únicas tareas que se realizaban de forma artesanal, concretamente el mezclado de las materias primas y el empaquetado, algo que agilizará los procesos, porque hacen 150.000 barquillos al día.

La ampliación no solo ha afectado al tamaño de la fábrica (la nueva tiene 3.500 metros cuadrados), sino también al de la plantilla. Gonzalo Ríos tiene actualmente 13 trabajadores y, a partir de ahora, está previsto hacer entre tres y cuatro incorporaciones más cada año.

La estrategia de muchas empresas familiares para conseguir que las siguientes generaciones se identifiquen con la filosofía de la compañía es incorporarles a las tareas de producción más básicas y hacer que conozcan desde dentro los trabajos de cada sección. Es lo que hicieron con ellos los padres de Puri y Jesús. La gerente empezó en Gonzalo Ríos en 1990 como empaquetadora de los barquillos; luego trabajó como repartidora e incluso se implicó en la comercialización, antes de asumir la dirección junto con su hermano.

Un crecimiento sostenible

Parte de los empleados durante el proceso de fabricación en la anterior planta.

La prisa no es buena consejera. Ese es el lema de Puri Ríos para afrontar la estrategia de su empresa. La facturación en los últimos ejercicios ha crecido paulatinamente, a un ritmo de entre el 2,5% y el 3%, y su previsión  para este año, antes del estado de alarma, era mantener esa tendencia gracias al impulso que estaba experimentando el sector a nivel nacional.

La irrupción de heladeros artesanos procedentes de Italia y Argentina ha sido el revulsivo que necesitaba el gremio, porque hasta ese momento el crecimiento de las cadenas cerraba el espacio a los elaboradores artesanos y a los barquilleros que les abastecen, como es el caso de Gonzalo Ríos.

Otro de los motivos que está ayudando al desarrollo de la empresa es la desestacionalización del consumo.  Cada vez son más los heladeros que deciden mantener sus negocios abiertos en invierno y, aunque la demanda no sea parecida a la que tienen durante la temporada alta, contribuye a incrementar las ventas anuales, y las de los fabricantes de barquillos, que van de la mano. Lo han notado más aquellos que, como la barquillera de Ambrosero venden toda la producción a los heladeros artesanales. “No trabajamos ni para grandes superficies ni para cadenas heladeras”, reconoce Puri Ríos.

El impulso del mercado internacional

Las ferias gastronómicas son uno de los mejores escaparates en los que se puede exhibir una industria alimentaria artesanal y no han dudado en participar en convenciones internacionales, como la International Exhibition of Artisan Gelato (Italia), el Gulfood Dubai (Emiratos Árabes), el Gelatissimo Sttutgart (Alemania) y el HOFEX Hong Kong (China). Por una u otra vía, han llegado a exportar su producto a 35 países y la mayor parte de su clientela se concentra en Europa, aunque no ha sido sencillo. “Tuvimos buena acogida, pero hubo que trabajarlo, porque para ellos era un producto desconocido”, explica. “En Europa estaban acostumbrados a otro tipo de conos y con otras calidades”, añade.

El stock que la compañía barquillera tenía preparado antes del inicio de la pandemia del coronavirus para atender la demanda prevista en Semana Santa.

Contaban con unos aliados muy valiosos, los heladeros cántabros que emigraron a Francia hace varias décadas. Muchos de sus descendientes conservan los negocios y siguen utilizando los barquillos elaborados en Ambrosero.

Puntas de consumo

Aunque la venta de helados comienza a desestacionalizarse, sigue teniendo sus puntas de consumo en las fechas vacacionales. El almacén de la fábrica de Ambrosero registra estas oscilaciones. En las estanterías se acumulaban en febrero unos 700 palés cargados de barquillos preparados para una Semana Santa que finalmente nadie pudo celebrar, por el coronavirus.

Ahora la incertidumbre está en lo que pueda ocurrir este verano, donde todo depende del grado de normalidad que se alcance.

David Pérez

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