La granja que se ordeña sola: ‘Es más rentable y menos esclava’
Agrotec Entrecanales lleva veinte años automatizando ganaderías con los robots Lely
Dos hermanos crearon hace veinte años una franquicia de la multinacional holandesa Lely para instalar robots de ordeño en el norte de España. Empezaron en Cantabria y Asturias y su actividad ha extendido por siete comunidades autónomas. En 2025 facturaron 40 millones con 115 empleados y esperan seguir creciendo. La ayuda de los robots no solo ha mejorado la productividad y la calidad de vida en las granjas, ha conseguido que hijos de ganaderos que no estaban dispuestos a continuar la actividad hayan cambiado de opinión gracias a esta herramienta que aumenta la rentabilidad y les hace la vida más fácil.
A las tres de la madrugada, en una granja del norte de España, una vaca se levanta, camina hasta una máquina y se ordeña sola. El robot detecta el animal, localiza los pezones con sensores, procede al lavado de las ubres, realiza el ordeño y registra en tiempo real si hay alguna anomalía en la leche. Todo ello mientras, el ganadero duerme.
Hace veinticinco años, este relato sonaba a ciencia ficción pero es una realidad cada vez más extendida y en ello han tenido mucho que ver los hermanos Óscar y Telmo Entrecanales. Ambos impulsaron el negocio de automatización de granjas de leche desde dentro, porque conocían el sector de primera mano. “Venimos de familia ganadera”, resalta Óscar, y eso marca la diferencia en este oficio.
El primer contacto con Lely, la multinacional holandesa que inventó el robot de ordeño a finales de la pasada centuria, llegó en 2006. La empresa había impulsado una filial en España para expandir el negocio y buscaba gente introducida en el sector para impulsar su comercialización a pie de granja. Los Entrecanales encajaban en ese perfil. Firmaron el contrato de franquicia para Cantabria y Asturias, y en 2007 instalaron las primeras máquinas. Entonces, eran solo dos socios sin empleados a su cargo. No era fácil convencer a los ganaderos de que realizasen semejante inversión, pero el negocio empezó a crecer poco a poco.

En 2011, Lely les ofreció hacerse cargo también de Galicia, una comunidad muy significativa puesto que concentra el 50% de la producción láctea de todo el país. Aceptaron y la apuesta fue un éxito. Tanto, que en 2020 absorbieron también la red que Lely gestionaba directamente en País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. De golpe, su territorio se multiplicó y hoy Agrotec, su grupo, opera en siete comunidades autónomas, desde la costa atlántica gallega hasta los Pirineos catalanes con dos empresas: Agrotec Entrecanales en el norte y Agrotec Nordeste en el arco mediterráneo.
Las cifras de 2025 hablan por sí solas. El grupo, con sede en Rolisas (Polanco) facturó en torno a 40 millones de euros y cerró el año con 115 empleados. Aquello que comenzaron solos los dos hermanos hace veinte años tiene ahora estructura empresarial potente, con ingenieros de proyectos, técnicos de campo, asesores veterinarios y comerciales en cada zona. Su servicio es, además, permanente, 24 horas al día, siete días a la semana.
Pensar como una vaca
Instalar uno de esos grandes robots de ordeño no es tan sencillo como fijar un electrodoméstico a una pared. Óscar advierte que requiere “entender cómo piensa una vaca”. Y es que las vacas, a su manera, piensan. El sistema funciona si el animal acude a la máquina por su propia voluntad, por eso, una de las labores más delicadas que ha de afrontar Agrotec es la lectura del comportamiento animal para diseñar el espacio de la granja en consecuencia.
“La colocación de la máquina tiene su arte”, asegura Óscar. Un arte que se aprende observando. Si las vacas tienen la costumbre de acercarse al bebedero a determinadas horas, el robot se ubica cerca. Si hace calor en verano y los animales buscan los rincones con corriente de aire, se instala un ventilador al lado de la máquina, para que el ordeño se convierta en un momento de alivio. Además, mientras el robot trabaja, un dispensador ofrece a la vaca una pequeña ración de comida.
El razonamiento es tan simple como eficaz, hay que ponerse en la piel del animal: si cada vez que entro aquí encuentro algo que me gusta, vuelvo. “Hay que ser psicólogo de vacas”, resume Óscar con una mezcla de humor y convicción.
La jerarquía entre animales es otro factor a tener en cuenta, según señala este empresario. En cualquier rebaño hay vacas dominantes que pueden bloquearle el acceso a otras si los espacios no están bien resueltos. En ese caso, la vaca más débil no entra, no se ordeña y su producción cae. Por eso es muy importante cómo se diseñe el flujo de movimiento dentro del establo, la amplitud de espacios que permiten que los animales se crucen sin conflicto, la posición relativa del robot respecto al área de descanso y la zona de alimentación.
Por eso, desde que un ganadero firma la compra hasta que el robot ordeña la primera vaca pasan entre cuatro y cinco meses, en los que los ingenieros de Agrotec visitan la granja, estudian cómo se mueven los animales, dónde duermen, dónde beben y cómo está organizada la manada para decidir el lugar en el que se instalará la máquina.
Más que el ordeño

El robot de ordeño es el producto estrella, el que genera más demanda, pero Agrotec comercializa bastante más que eso, y esa parte del catálogo no deja de crecer. Los robots limpiadores tuvieron un año especialmente bueno en 2025. Esta especie de ‘Roomba’ industrial –aunque su aspecto no se parezca nada– recorre el suelo de la granja, recoge el estiércol y lo descarga en el estercolero.
También destaca el Lely Vector, una “Thermomix de granja”, como lo describe Óscar, que acopia los ingredientes de la ración, los mezcla y los reparte por los pesebres sin intervención humana. Es, en su opinión, el producto que va a tener más recorrido en un futuro próximo.
El cerebro que está detrás de estas automatizaciones, el software Lely Horizon, también recoge datos de cada vaca en tiempo real: su producción de leche, peso, rumia, presencia de sangre o signos de mastitis. El ganadero tiene sobre la mesa una información que antes no existía. Los veterinarios de Agrotec analizan esos datos y trabajan con las granjas en las que han instalado los equipos para mejorar su rendimiento.
La empresa no solo vende maquinaria, sino que ofrece un servicio continuado que ya representa el 30% de la facturación del grupo. El 70% restante lo aportan las nuevas instalaciones.
En las granjas cántabras ya hay 180 robots instalados
Hay una regla interna que define el ritmo de crecimiento: por cada 30 robots nuevos instalados hace falta un técnico más que, como ocurre en otros sectores, cuesta encontrar por la escasez de mano de obra especializada. Y es que la formación de un operario capaz de diagnosticar una avería a las tres de la madrugada, solo, frente a una máquina que no puede parar, lleva casi un año. Para ello buscan perfiles de formación profesional en electromecánica o electricidad, que escasean. “Era más fácil hace diez años”, reconoce Óscar.

En 2025, el grupo abrió delegaciones en A Coruña y en Cataluña, que se suman a las instalaciones de Polanco y Asturias. El objetivo es contar con una estructura física en cada territorio donde opera.
El reto pendiente está en las granjas XL, explotaciones de más de 500 vacas que empiezan a aparecer en Aragón y Cataluña. Son proyectos en los que en lugar de una o dos máquinas hay que instalar diez, quince, veinte o, incluso, cuarenta.
En Cantabria no existen macrogranjas, pero ya hay 180 robots funcionando. La explotación más grande de la región dispone de cinco, cada una capaz de atender a unas 60 vacas.
Un cambio “radical”
Este proceso de automatización no se detiene, porque el cambio que provoca un robot en una granja “es radical”, afirman. Antes, el ganadero estaba atado a ordeñar dos veces al día, mañana y tarde. Ahora, gracias a la máquina, las vacas se ordeñan solas tres o cuatro veces al día, cuando sienten esa necesidad. Eso tiene una consecuencia directa en la producción –más leche– y otra en la vida del ganadero: “Ya no hay que ordeñar de forma esclava”.
El robot, además, cuenta con sensores que registran en tiempo real la producción de cada vaca, detectan si hay sangre o signos de mastitis, monitorizan la rumia y pesan al animal en cada visita. Si algo cambia, el sistema avisa. “De esta forma, el ganadero dispone de muchísima más información para llevar su negocio”, resume Óscar.

Todo eso tiene un impacto directo en el relevo generacional, uno de los problemas más acuciantes del sector. Y es que la ganadería cada vez está más envejecida. “La gente joven que se incorpora probablemente no lo haría si no hay explotación con sistemas automatizados”, reflexiona Óscar. No hablamos solo comodidad, también de viabilidad.
El acceso a estas máquinas, sin embargo, depende en gran medida de algo que Agrotec no controla. La mayoría de estas inversiones van ligadas a los planes de mejora de las consejerías de Agricultura, financiados con fondos europeos. Sin esas ayudas, muchas granjas familiares no podrían asumir el coste.
Pero el futuro parece que va en una dirección clara. Dentro de diez años, la ganadería del norte de España tendrá menos explotaciones y más grandes: “Hay muchos con más de 55 años y se van a producir agrupaciones de granjas, porque el ganadero joven va a alquilar o comprar la del vecino”, pronostican los Entrecanales.
Menos ganaderos, más robots, más datos, más leche por animal… Es el camino que ha marcado Galicia, donde la concentración se ha acelerado desde hace años. Llegados a este punto, la pregunta ya no es si el campo se va a automatizar casi por completo, sino a qué velocidad lo hará.
Rubén Alonso



