IMEM completa la ampliación de su fábrica de Adarzo

La empresa de ascensores también empieza a fabricar en Raos

La empresa cántabra IMEM Ascensores, que exporta sus elevadores a más de 60 países, está a punto de completar la ampliación de sus instalaciones de Adarzo, en la que ha invertido nueve millones de euros. Una nueva fábrica que añade 8.000 m2 a los 4.000 de la original, por lo que, en teoría, le permite triplicar la producción. A corto plazo, no le resultará muy necesario, porque la crisis del coronavirus se ha colado por medio y ha ralentizado los proyectos en todos sus mercados, pero confía en que en 2021 vuelva la normalidad. IMEM también ha remodelado las instalaciones de Global Lift, su filial de componentes del polígono de Raos, para fabricar allí una gama de ascensores de alta demanda.


IMEM ha ido consolidando su prestigio exterior y sus ventas gracias a proyectos singulares, que le han proporcionado un nicho de mercado de alto valor añadido, a la diversificación de sus exportaciones y a una decidida apuesta por la tecnología.

Ahora está concluyendo su nueva fábrica en Adarzo, que dispara su capacidad. El proyecto, en el que ha invertido nueve millones de euros, se ha visto retrasado por la crisis del coronavirus, pero la intención de la empresa es ponerla en marcha cuanto antes para amortiguar los efectos que ha tenido en su actividad la ralentización de la economía mundial, con un descenso temporal de la ventas que su director de marketing, Antonio Pérez Luzuriaga, calcula en aproximadamente un 30%.

No es la primera vez que este proyecto de ampliación se topa con una crisis. Ya estaba preparado antes de la recesión económica del 2008, cuando la paralización de la construcción en España aconsejó dejarlo para tiempos mejores. “No acababa de llegar el momento ideal pero ahora la empresa decidió hacer la apuesta”, explica Pérez Luzuriaga.

Interior de la fábrica original de Adarzo.

Era difícil imaginar que iba a encontrarse con otro sobresalto económico, la paralización mundial provocada por la pandemia, aunque esta vez los efectos solo supondrán unos meses de retraso en la conclusión de las instalaciones.

La ampliación consta de dos fases. La primera, completada a inicios de este año, ha dado lugar a una planta de 8.000 m2 anexa a la principal, que ya contaba con una superficie de 4.000. Con ella podrá ampliar la zona de producción y mejorar la eficiencia de los procesos. La segunda fase, aún por concluir, afecta a la fábrica original, y pretende unificar la imagen corporativa de ambas plantas.

También fabricará ascensores en Raos

En esta ocasión, la empresa no ha renovado la maquinaria, porque ya lo hizo hace unos años al automatizar toda su cadena de producción, lo que supuso un desembolso de seis millones de euros y triplicó la capacidad de fabricación.

Aunque Pérez Luzuriaga recuerda que la empresa venía de ser “austera y conservadora” en las inversiones, desde 2014 acumula 15 millones de euros  en mejoras para aumentar la eficiencia y el valor añadido de sus ascensores.

Simultáneamente a la ampliación de la sede de Adarzo, IMEM ha venido adecuando las instalaciones de una de sus filiales, Global Lift Equipment, ubicada en el polígono de Raos, que fabrica componentes para sus ascensores y donde ya tiene operativa una línea de montajes para fabricar elevadores completos.

De esta forma dispondrá de una línea exclusiva de producción para uno de sus modelos más vendidos, con lo que busca una mayor eficiencia y costes más competitivos.

Hay que tener en cuenta que la empresa se enfrenta a dos mercados muy distintos, el de los ascensores convencionales, donde el precio es un factor decisivo, y el de los elevadores singulares, para lugares muy concretos, como el Centro Botín o el museo británico Victoria and Albert, que necesitan elevadores a la medida.

El poder de la diversificación

La facturación de IMEM procede casi en su totalidad de las exportaciones. La empresa tiene presencia en los cinco continentes y comercializa el 98% de sus ascensores fuera de España. Lo hace así desde que la crisis de 2008 paró en seco las promociones inmobiliarias y, ante el hundimiento del mercado nacional,  tuvo que buscar nuevos horizontes.

Aquella experiencia marcó la estrategia empresarial de la compañía que desde entonces se ha volcado en la diversificación de mercados, lo que también ha dado un gran impulso a su crecimiento.

A día de hoy, el principal mercado de IMEM está en Inglaterra, aunque también fabrica para Francia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, México, Argelia y Australia, que, a pesar de la lejanía se ha convertido en uno de los destinos más habituales de sus elevadores. De forma más esporádica, sus ascensores llegan a otro medio centenar de países más.  “Tenemos una cartera muy diversificada, de tal manera que no dependemos de ningún cliente concreto”, explica Pérez Luzuriaga, director de marketing.

La compañía cántabra está presente en más de 60 países repartidos por los cinco continentes, de los cuales el europeo es su principal mercado. FOTO: DAVID S. BUSTAMANTE

En la década de los 80, muchas de las empresas nacionales de ascensores (en Cantabria había varias) fueron adquiridas por multinacionales, o forzadas a cerrar por no poder competir con estos gigantes. También entonces IMEM supo encajar el golpe saliendo al exterior. En 1992, llevó a cabo su primera exportación a Cuba y solo un año después ya inauguraba una oficina para atender el mercado internacional.

Desde entonces, no ha dejado de ampliar su perímetro comercial. Eso no le evita tener que encontrarse en cada país con las multinacionales, que operan en todo el planeta, por lo que ha buscado un hueco donde estas empresas no llegan con sus catálogos o lo hacen en peores condiciones: los ascensores a medida, de gran capacidad o suntuarios. Esa especialización en equipos a la medida le ha permitido a IMEM ganar adjudicaciones en los metros de París y Bruselas o participar en importantes proyectos en los países árabes.

No se ha librado, a pesar de eso, de los efectos económicos de la pandemia del coronavirus, tan globales como la propia economía. La crisis sanitaria ha provocado una ralentización o paralización de la actividad en muchos países y ha trastocado las previsiones de ventas de la empresa cántabra, tanto para este año como para el próximo, porque muchos de los proyectos que estaban en marcha o a punto de iniciarse se han retrasado o paralizado.

No obstante, Pérez Luzuriaga se muestra tranquilo, porque la compañía no ha perdido clientes.

Tanto en el mercado africano como en el latinoamericano se ha producido un “parón muy grande”, que atribuye a una posible menor capacidad sanitaria para hacer frente al coronavirus, mientras que los efectos han sido menos notorios en el mercado australiano. “La demanda se va estimulando tímidamente”, dice, “y esperamos que a partir del 2021 se produzca una cierta normalización”.

En el mercado español, en cambio, no prevé una mejoría importante, porque la construcción seguía sin despegar antes de la crisis del coronavirus: “Lo que no estaba muy boyante no ha podido caer mucho más”, constata.

Dos operarios preensamblan una cabina de grandes dimensiones que se instaló en Bettersea Power Statio, un edificio londinense de fama internacional. FOTO: DAVID S. BUSTAMANTE

Hay una pata del negocio de IMEM poco afectada por la crisis, los servicios de mantenimiento y reparación, y lo explica con un ejemplo: “Esto es como el sector de la automoción. Tú puedes dejar de vender coches, pero la gente no va a dejar de traerte los coches a reparar”.

Otro de los motivos para mantener la calma es el músculo financiero que IMEM ha ido formando desde sus comienzos en 1968 en un modesto taller de la calle Magallanes, de Santander. “Tenemos unos ratios financieros excelentes y un endeudamiento cero. Podemos afrontar esta situación con tranquilidad”, explica.

En cualquier caso, las circunstancias que han tenido que afrontar las fábricas desde el comienzo del estado de alarma no han sido fáciles. Pérez Luzuriaga hace hincapié en la incertidumbre vivida, hasta el punto que la compañía tuvo que plantear muchas consultas en las primeras semanas para saber si su actividad era esencial o no. “Tuvimos que hacer las cosas deprisa y corriendo y nos hubiera gustado tener más información y contar con más tiempo”.

Proyectos emblemáticos

La filosofía que la empresa santanderina aplica en sus aparatos es ‘más software y menos hardware’, o lo que es lo mismo, más electrónica y menos mecánica. Gracias a esa apuesta fue elegida para diseñar, fabricar, instalar y mantener los ascensores del Centro Botín. Un trabajo que resultó finalista en los premios anuales que la prestigiosa revista Elevator World concede a los mejores proyectos del planeta.

El ascensor principal del Centro Botín, que también se utiliza para obras de arte de gran tamaño, carece de cuarto de máquinas y tiene una capacidad de carga de 86 personas o 6.500 kilogramos.

Este aparato, que recorre 20,3 metros a una velocidad de un metro por segundo, cuenta con una cabina acristalada de cinco metros de altura y unas puertas de acero inoxidable que tuvieron que hacerse a medida, debido a sus dimensiones. Además, está equipado con un sistema contra incendios, con ventilación exterior, aire acondicionado y vidrio térmico.

El enorme ascensor principal del Centro Botín, con una cabina de cinco metros de altura.

Otra peculiaridad es que el foso está por debajo del nivel del mar y el equipo de ingeniería de IMEM incorporó un dispositivo de detección de agua que activa unas bombas de achique para retirar el agua que pudiera filtrarse mientras la cabina está entre plantas.

En el Centro Botín instaló también un ascensor secundario sin cuarto de máquinas con capacidad para 2.000 kilos; otro especial para personas con movilidad reducida y dos mini-montacargas que dan servicio al restaurante, dirigido por el cocinero Jesús Sánchez, del Cenador de Amós.

El director de marketing de IMEM sostiene que la compañía es capaz de aportar soluciones como esta, de alto valor gracias a su fuerte componente tecnológico. Su I+D le ha permitido diseñar y fabricar ascensores adaptados a huecos irregulares o complicados en edificios en rehabilitación, como ha ocurrido en el histórico West End de Londres, donde instaló tres ascensores sin cuarto de máquinas con capacidad para elevar una tonelada cada uno.

En el mismo país colocó un ascensor hidráulico de gran tamaño para transportar a 142 personas simultáneamente, cuyo chasis de cabina fue fabricado en acero especial de alta resistencia.

El Metro de París es otro de sus grandes clientes. Del medio millar de ascensores que dan servicio a sus estaciones, 152 han sido fabricados en Santander.

Una de las características que diferencian estos elevadores, diseñados para un ciclo de 30 años, es estar monitorizados a distancia gracias a un potente software y a sofisticados sistemas de comunicaciones.             

David Pérez

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