Cobasa se lanza al movimiento de grandes piezas a través del Puerto
La operadora de cereales, fertilizantes y eólicos sumó 145 barcos en 2025
Conectar las rutas de comercio internacional nunca fue tarea sencilla y menos aún en un contexto de tensión e incertidumbre. Cobasa, uno de los operadores portuarios que conecta el tráfico de mercancías entre el Puerto de Santander y la Meseta, lleva más de 40 años haciendo frente a los cambios en los mercados. Además de automatizar sus procesos logísticos en el campo de los piensos y fertilizantes, ha aceptado el complejo desafío de mover piezas singulares gigantes.
El pasado noviembre desembarcaba en el Puerto de Santander Mayrit, una tuneladora de dimensiones extraordinarias que ampliará la Línea 11 del Metro de Madrid. Las catorce piezas que sumaban casi 1.000 toneladas llegaron de Alemania hasta Cantabria en barco, y recorrieron el último tramo hasta su destino final, Madrid, en una potente flota de camiones. Cobasa fue la encargada de coordinar la compleja logística de esta operación.
Unir mar y tierra es una de las mayores fortalezas de Cantabria, y convierte Santander en un enclave estratégico. No obstante, las rutas que incluyen transporte intermodal marítimo y terrestre requieren de una coordinación complicada, sujeta a infinidad de contratiempos. Algo en lo que Cobasa ha alcanzado una amplia experiencia, tras más de cuarenta años facilitando el tráfico internacional de mercancías con la Meseta.
Integrada en el Grupo GOF, creado por la familia Gómez Bueno hace tres generaciones, esta empresa logística comenzó su andadura con el tráfico de graneles de cereales para piensos animales. Más tarde sumó los fertilizantes y, recientemente, la logística de piezas eólicas y de cargas sobredimensionadas, cuyo tamaño no permite su manejo en contenedores, como la tuneladora Mayrit o los grandes transformadores eléctricos.
Esta diversificación amplía el negocio y reduce los riesgos, dado que principales clientes agroalimentarios afrontan desafíos de primer orden como adecuarse a los criterios de sostenibilidad o el progresivo descenso de la actividad agraria y ganadera.
Comercio internacional en tiempos de conflicto

Norberto Garrido, director de Operaciones y Desarrollo de Negocio de Cobasa, insiste en que explorar otros caminos no significa un giro abrupto de timón. Por el contrario, trabajan para hacer más eficientes las áreas tradicionales y para solucionar los problemas que surgen en el día a día con los tráficos que ya gestionan en tiempos tan convulsos.
La logística es un encaje de bolillos y, por poco que se mueva una pieza, puede desestabilizar a las demás. El enlace de mercancías entre distintos territorios implica estar expuesto a conflictos políticos, fenómenos meteorológicos o, incluso, catástrofes inesperadas.
Los principales tráficos de Cobasa son la importación de cereales para piensos y harinas, la de azúcar para consumo humano, la importación de fertilizantes y la exportación de componentes eólicos.
La mayoría de las empresas con las que trabajan están en los países nórdicos, por lo general socios fiables y poco dados a sobresaltos, lo que ha favorecido que el grueso de su flujo de mercancías haya permanecido al margen de los conflictos, pero también canalizan flujos con procedencias muy diversas.
“El cereal suele venir del norte de Europa o de Ucrania, de donde se trae trigo, maíz y algo de cebada. De Canadá y Estados Unidos llega trigo y maíz; y de Sudamérica –fundamentalmente de Brasil y Argentina– suele venir harina de soja y maíz. El fertilizante suele proceder también del norte de Europa, y está entrando algo de China, que no era habitual”, explica Garrido.
En los tráficos de exportación cada vez son más importantes los componentes de aerogeneradores. “Recibimos piezas de la fábrica Tecnoaranda, de Aranda de Duero, que salen hacia el norte de Europa”. También participa en la importación de transformadores eléctricos “que suelen venir de Turquía y China”.
Con un plantel tan diverso de socios comerciales, enfrentarse a contratiempos ha acabado por formar parte del ADN de Cobasa. En 2022, se vio afectada por la guerra entre Rusia y Ucrania, uno de los grandes productores mundiales de cereal, pero no de la forma que cabría esperar: “La UE facilitó el movimiento del cereal ucraniano reduciendo aranceles para favorecer al país. Era un cereal atractivo para el mercado nacional, porque era barato. Se sacó a través de Polonia, y nosotros tuvimos mucha entrada de cereal ucraniano en los años 23 y 24, aunque no viniera directamente de Ucrania”, recuerda Garrido. “Eso parece haberse estabilizado”, continúa. “Los mercados ya se han regulado y se ha vuelto a unos niveles de entrada menores, porque el producto ucraniano ha recuperado su ruta natural por tierra y se suele quedar en el Levante”.
Reconoce, no obstante, que la contienda sí repercutió en la calidad del producto, que fue “un poco más baja” al estar más manipulado.
El conflicto comercial con EE UU “no nos ha afectado tanto”, añade. “Son ellos los que nos exportan cereal a nosotros, y nuestra materia prima no se ha visto muy perjudicada por los contraranceles”, subraya el director de Operaciones de Cobasa. Tampoco están suponiendo mermas en los tráficos las últimas plagas animales, como la gripe aviar y la porcina, aunque el volumen de graneles y fertilizantes que han movido en 2025 ha sido algo menor que el anotado en 2024.
Un flujo de más de medio millón de toneladas
Cobasa opera en las terminales de graneles y fertilizantes del Puerto de Santander, pero también dispone de espacios logísticos en la Zona Franca y en el polígono de Raos. En las distintas instalaciones movió el pasado año 400.000 toneladas de productos para el sector agroalimentario, especialmente piensos, unas 250.000 toneladas de fertilizantes y casi mil componentes eólicos. En total, movió 145 grandes barcos.
El centro de operaciones de Cobasa se ha trasladado desde Raos, donde ha estado tradicionalmente, a la Terminal de Graneles Agroalimentarios de Santander, que considera “la punta de lanza” en la transformación del Puerto: “Se parece muy poco a lo que era. Antes era más rudimentario, con muelles en los que se extendían todas las mercancías. Como está muy limitado de espacio para poder expandirse, se apostó por crecer mediante terminales especializadas para cada tipo de tráfico, como la de carbón, la de contenedores, la de graneles o la de fertilizantes, y hoy es un puerto muy terminalizado. Al estar todo mucho más automatizado y protocolizado, a cada metro cuadrado de suelo se le saca un mayor rendimiento por tonelada”, explica satisfecho.
Operaciones más rápidas y menos contaminantes

Ellos mismos han sido promotores muy activos del sistema de terminales. Cobasa es uno de los clientes de la nueva TEFCA, la Terminal de Fertilizantes de Cantabria, promovida por el Grupo Gof, en la que ya se han operado cinco barcos desde diciembre y que pronto será inaugurada de forma oficial. Con ella calculan reducir un 70% las emisiones de CO₂ gracias a la agilización de los tiempos de carga y descarga. Lo mismo ocurre con otra terminal vinculada al Grupo, la de Graneles Agroalimentarios TASA, que es una de las más automatizadas del mundo.
Cobasa también dispone de un sistema único que automatiza y digitaliza al máximo los procesos de carga y descarga de graneles. “Con una aplicación móvil, un chófer autorizado puede, con un teléfono y un código QR que registra la tara del camión en la entrada, saber en qué silo tiene que cargar, recibir el material, pesar el bruto y salir con su documentación digital. Todo en menos de 20 minutos. Así se reducen las emisiones de los camiones en el proceso, y se mejora la eficiencia”, enfatiza Garrido.
También se ha avanzado en agilizar los tiempos de carga y descarga de los barcos, lo que reduce los costes de estancia del buque y las emisiones que provocan los motores auxiliares encendidos mientras están en los muelles.
En el caso de los fertilizantes, Europa ha endurecido los estándares medioambientales, lo que ha supuesto otro desafío para Cobasa. “Uno de los factores clave de su producción va a ser el tipo de energía empleada. El 1 de enero entró en vigor un impuesto sobre emisiones, el llamado CBAM —Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono—, que grava los productos que utilizan energías grises o sucias en su proceso de elaboración. Mejorar la sostenibilidad de los fertilizantes va a tener más beneficios fiscales por parte de la UE”, comparte el director de Desarrollo de Negocio, que destaca los esfuerzos de su empresa en este campo: “Esto va en línea con nuestra política. Intentamos favorecer el control de las emisiones en toda la cadena logística, desde que se saca la mercancía de fábrica hasta que se entrega.
El directivo de Cobasa asume que esa presión por los cambios ya es inherente a la actividad logística. Sus clientes cada vez les piden “más servicios a la carta”, en los que tienen que diseñar las operaciones de manera única, en especial cuando se trata de manipular fertilizantes o cargas de grandes dimensiones, uno de los últimos retos que ha asumido esta veterana empresa para garantizar su futuro.
Begoña Cueli



